<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254</id><updated>2012-02-16T04:04:52.994-06:00</updated><title type='text'>Dzyan el Hechicero</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>15</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-173168045080560335</id><published>2012-01-12T21:44:00.002-06:00</published><updated>2012-01-12T21:47:17.062-06:00</updated><title type='text'>El sueño del dragón</title><content type='html'>Aquí está completo y sin interrupciones el cuento que subí en mi muro de Facebook. Espero que les guste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dragón llena el encerrado calabozo con la pestilencia de su venenoso aliento. Ocultándome tras una pared, levanto del piso mi escudo, y desenvaino mi espada. La monstruosa criatura levanta su nariz: mi aroma le indica que no estoy lejos, pero no me tomará por sorpresa ésta vez&lt;br /&gt;Pronto siento en el piso el tremor de sus pesados pasos: se ACERCA. Las manos me sudan, pero las aprieto aún más alrededor de mis armas, mientras levanto uno de mis pies para dar un silencioso paso. El dragón se acerca cada vez más a la precaria protección de la pared de adobe, resoplando en su frustración de no haberme atrapado la vez anterior. De pronto, se detiene, al darse cuenta de que hace mucho ruido al caminar. Comienza a moverse despacio, con suavidad calculada, casi con ternura. De pronto, dando un giro repentino, LE DA LA VUELTA A LA PARED DE ADOBE... Pero YA NO ESTOY ALLÍ, obviamente. Es difícil moverse en completo silencio llevando una armadura, pero me las arreglo para burlar el fino oído de la bestia. No puedo verla, pero imagino su gesto de sorpresa, y sonrío. Se me ocurre una idea tan loca como genial... bueno, aceptémoslo, más de lo primero que de lo segundo, salgo como una flecha de mi escondite aprovechando que el dragón sigue en su desconcierto. Pero sí puede oírme, y, en su prisa por salir a encontrarme, golpea la enorme cabeza contra el muro de adobe desmoronando un buen pedazo. Demasiado tarde: en éste juego del gato y el ratón soy más veloz que él, y encontré otro sitio donde ocultarme. Y eso lo vuelve loco. Y nos volvemos mutuamente inaudibles, pero sí podemos olernos: él percibe mi olor, y yo su aliento azufroso. Si él percibe mi olor, quizá mi idea funcione, pero, por lo pronto, ya estoy moviéndome de nuevo&lt;br /&gt;Nunca en mi vida, pues, me he movido más veloz y silenciosamente que en ése momento, con la garganta tan seca que me cuesta trabajo contener la tos. Si tan sólo tuviera un poco de agua... Pero no hay, el calor corporal del dragón debido a su fuego interno ha terminado por evaporar casi cualquier humedad del calabozo. El dragón nunca ha salido de aquí, por lo tanto el calor acumulado resulta insoportable. Sudo a mares, y todo se vuelve pegajoso. Está lejos aún, pero no tardará en cubrir la distancia, puede hacerlo en un par de zancadas. Mis manos sudan mientras maniobro de la manera más silenciosa que he podido nunca. Me cambio el escudo de una mano a otra mientras trabajo...De pronto, en un movimiento brusco, el escudo se desliza de mi mano sudorosa. Intento atraparlo, pero escapa... golpea contra el piso... estrépito... Casi puedo adivinar su gesto: Endereza repentinamente las orejas y la punta del hocico intenta alcanzar mi aroma... y carga en mi dirección a toda velocidad... no puedo verlo, pero sé que todo terminará en segundos... Y ahí está, entrando en la estancia. Lo primero que ve es una figura inmóvil caída en el piso al lado de un escudo, y sin pensarlo la envuelve en su llameante aliento, preguntándose quizás a qué sabrá alguien de mi especie horneado dentro de su propia armadura Pronto, todo el equipo de protección es pasto de las llamas. La enorme bestia lo contempla unos segundos... mientras su poderoso instinto le sugiere que ALGO NO ANDA BIEN... De un zarpazo, arroja lejos la armadura, confirmando sus peores temores: ESTÁ VACÍA. Bendito pozo, tenía un poco de agua en el fondo. Eso elimina mi olor en buena parte. Con enorme sigilo me acerco por detrás del monstruo y recobro mi escudo. Justo a tiempo, pues apenas me da tiempo de guarecerme tras él de la lluvia de fuego que se me viene encima. Volvemos al mismo juego de antes, yo me escondo tras las paredes, y él me persigue e intenta freírme. Un cuarto oscuro y apartado me brinda la oportunidad de un refugio algo más duradero, lo cual significa un breve respiro muy necesario, pues el aire caldeado de los calabozos dificulta mi respiración.&lt;br /&gt;Me tomo unos segundos para reflexionar en mi situación de nuevo. Quizá debería maldecir mi poca suerte, y al dragón junto con ella… pero la verdad es que no puedo odiarlo. Él considera éste sitio su hogar, y no duda en protegerlo de extraños (es decir, de mí). En realidad, me entristece su suerte: ha vivido confinado aquí desde siempre, y no conoce más hogar que ésta pestilente madriguera, ni más alimento que los enemigos de sus propietarios, y sin conocer la luz del sol mas que por los jirones que se cuelan a través de los ventanucos de las celdas. Aprieto de nuevo la espada… y, por el momento la guardo en su funda, pero sin apartar de mi mente éste pensamiento: El sufrimiento de ésta pobre criatura debe terminar hoy.&lt;br /&gt;¿Pero cómo? No hay más forma de salir que la puerta por donde entré, y los guardianes del dragón no van a dejar salir a la cena de su querida mascota… que, por cierto, viene en dirección mía de nuevo. Me  pongo de pie, y salgo con el mayor sigilo posible antes de que él entre por la otra puerta. Afuera, intento ubicarme rápidamente, tratando de recordar dónde está el cuarto del pozo.&lt;br /&gt;Para mi desgracia, alcanza a verme salir por la otra puerta, que es bañada por otra lluvia de fuego de la que consigo escapar por muy poco. A mi espalda, oigo algo que cruje con mucha fuerza. Al principio creo que es el dragón mismo, y sigo corriendo. Doy una vuelta abrupta, y él casi se atora al intentar seguirme a través de una puerta estrecha. Pero conoce el sitio mucho mejor que yo, y sabe por dónde cortarme el paso para salir. De nuevo estoy ante la pared flamígera. Doy media vuelta para salir por donde entré, y escucho sus pasos que se acercan a la puerta estrecha… así que cambio de dirección y salgo por donde él entró, dejándolo esperando a que yo salga.&lt;br /&gt;Pero no por mucho tiempo. Ya me oyó ir hacia la habitación del pozo, y viene tras de mí, rugiendo espeluznantemente. La poca luz reinante me permite notar algo en la pared a mi derecha: está agrietada, producto tal vez del abrupto ascenso de temperatura. Probablemente la habitación es muy fría, y el dragón requiere producir su propio calor para seguir vivo y no congelarse. Mi idea era esconderme en el pozo e intentar hacerlo beber para apagar temporalmente su fuego interno, pero se me ocurre algo distinto. Lleno dos baldes rápidamente, y los dejo cerca de la puerta, saliendo del cuarto lo más rápido que puedo. Debo confesar que no se nada sobre construcciones, yo me dedico a pelear. Pero en ése momento, decidí extraer de mi cerebro lo poco que sé de ingeniería, y buscar los pilares del calabozo, los que efectivamente encuentro a la mitad del lugar. Son dos, bastante gruesos, lo que dificultará mi trabajo y el del dragón, pues necesito que me ayude con esto&lt;br /&gt;Volteo, y para mi sorpresa, resulta que he perdido al dragón. ¡Diablos…! Hay que desandar el camino y atraer su atención. Sin embargo, para lo que planeo hacer hay que estar un poco demente: debo dejar aquí espada, escudo, y las partes más pesadas de la armadura (es decir, todas las que no me quité antes), y regresar al cuarto del pozo por el agua. Me muevo ahora con mayor ligereza, pero eso terminará en cuanto tenga que levantar los baldes y salir corriendo después de llamar la atención del dragón. En ésta parte del calabozo alejada de él y sin mi armadura, tiemblo de frío. Llego corriendo al cuarto del pozo, tomo los baldes y los saco.&lt;br /&gt;El dragón me ahorra el trabajo de tener que llamar su atención, pues llega de pronto intentando asarme con su aliento de fuego. Es increíblemente difícil correr llevando agua, así que dejé un balde lo más cerca que pude de los pilares, y el otro lo llevé hasta ellos. &lt;br /&gt;Entonces, descubro la razón por la que él no me sigue: No puede llegar hasta los pilares, la entrada es bastante estrecha. Me salvo, pero no consigo que llegue a los pilares. Enfurecido, ruge e intenta pasar por la entrada, cansándose en vano. Está muy lejos de los pilares como para que su fuego los alcance. Se conforma con rugirme de lejos.&lt;br /&gt;Entonces, por primera vez, podemos vernos más claramente. No me parece tan horrible como me lo habían asegurado, y tampoco es tan grande. Me mira con impotencia primero, y algo de curiosidad después: la comida no suele correr tanto por lo general. Basta un par de bocanadas de humo para dejarlos término medio y listos para cenarse. Yo corrí en vez de intentar usar la espada, y eso lo tiene intrigadísimo. Yo sabía perfectamente que mi espada me sería inútil pues por su fuego no puedo acercármele lo suficiente para poder utilizarla. Además, por alguna razón, ahora que lo veo con mayor claridad gracias a los ventanucos de la mazmorra, no puedo matarlo. Me parece un acto de cobardía de pronto. Pero de él a mí, prefiero salvarme yo, así que intento provocarlo para que lance la lengua de fuego más grande que pueda: le arrojo todo lo que se me ocurre, le gruño mostrándole los dientes, le grito aunque sé que no me entiende: todo con tal de que se enoje como nunca antes lo ha hecho. Azuzarlo funciona, después de todo, y apenas logro cubrirme de sus furiosas flamas que me pasan rozando. Está agotado y sin aliento para intentar otra andanada, así que aprovecho para lanzar el agua fría sobre los pilares calientes…&lt;br /&gt;Las columnas se agrietan de golpe… y colapsan… primero una… después la otra… con gran esfuerzo salto hacia un hueco en la pared para evitar que el techo me caiga encima como le sucede al dragón…&lt;br /&gt;El polvo levantado se disipa ligeramente, permitiéndome ver algo de luz. No lo pienso dos veces y salgo. Al fin, puedo ver el sol. No así el dragón, del que sólo es visible una garra bajo los escombros.&lt;br /&gt;No puedo creer lo que estoy haciendo: antes de darme cuenta, estoy arrojando piedras a un lado para poder sacar a la bestia. Logro sacar la garra, y comienzo a tirar de ella con las pocas fuerzas que me quedan. De pronto, la otra garra asoma también, buscando desesperadamente un asidero para poder salir. Sigo tirando de la primera garra, mientras la otra da zarpazos ciegos al aire. Al fin, la cabeza de la criatura surge de entre los escombros. Aparto más rocas de las que aún tiene encima, para ayudarlo a salir. Se incorpora trabajosamente: está lastimado, pero vivirá. Volvemos a mirarnos en silencio, y luego contempla azorado el panorama a su alrededor. Se pone en cuatro patas y camina lentamente hacia arriba trepando por los escombros que lo habían sepultado, y yo voy tras él, asiéndome de una de sus alas para salir a la vez. Resbalamos un par de veces, pero conseguimos alcanzar la parte superior. El calabozo no está dentro del castillo, sino oculto bajo una extensión de terreno contigua. Estamos en un claro rodeado de árboles. Por primera vez en su vida, y sin importarle apagar temporalmente su llama, el dragón va a la fuente del jardín y bebe, bebe, hasta saciarse. Comparada con el agua salitrosa de la mazmorra, ésta agua cristalina es un néctar de los dioses, y bebo yo también, llenándome el cuenco de las manos y vaciándolo de golpe una y otra vez. Luego, nos miramos de nuevo, lo felicito por su libertad… y me alejo de allí. Él me mira sin intentar detenerme, y vuelve a contemplar la fuente. Con un poco de imaginación, cualquiera podría asegurar que está sonriendo antes de beber de nuevo.&lt;br /&gt;Me encamino al bosque para alejarme de allí, pero pronto me doy cuenta de que no estamos solos. Frente a mí está mi némesis, mi temido archienemigo, el Mago Blanco, y sus secuaces, los Caballeros Verdes. El dragón le pertenece al Mago Blanco, y creo que no le hizo mucha gracia que yo lo liberara destruyendo sus valiosos y útiles calabozos en el proceso. Furioso, ordena a los Caballeros Verdes que me atrapen. Sin escudo, espada ni armadura, no puedo defenderme, y terminan por inmovilizarme entre varios. Entonces el Mago Blanco, furioso, se frota la cara, saca los anteojos del bolsillo de la bata, y pronuncia la temida palabra mágica del conjuro que me mantendrá hechizado de nuevo por largo tiempo:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;–Thorazina…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;De pronto, siento de nuevo la mordedura de la serpiente invisible, mientras el Mago Blanco golpea nervioso su pierna con el estetoscopio, y los Caballeros Verdes disfrazados de enfermeros van aflojando poco a poco la presión sobre mí. Entre un nebuloso jardín que se desvanece poco a poco, el dragón me mira con tristeza, dándose cuenta de que ya no podré salir a jugar, y que tendré que permanecer sedado de nuevo entre las grises paredes de éste hospital psiquiátrico…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-173168045080560335?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/173168045080560335/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2012/01/el-sueno-del-dragon.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/173168045080560335'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/173168045080560335'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2012/01/el-sueno-del-dragon.html' title='El sueño del dragón'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-2235648488258979735</id><published>2010-11-25T21:58:00.004-06:00</published><updated>2010-11-25T22:04:45.117-06:00</updated><title type='text'>Los Simuladores: Sueño en azul, por Noemí B. Pérez.</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Los Simuladores: Sueño en azul, por Noemí B. Pérez.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hola, Pandilla. Soy muy fan de la serie argentinochilanga Los Simuladores, y escribí éste fanfic hace un rato. Espero les agrade&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonó el timbre de la entrada. La secretaria, de unos cuarenta años, un traje sastre poco escotado y anteojos de media luna, avanzó hacia la entrada y abrió la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de ésta había un hombre moreno de traje blanco, con turbante, barba y unos largos bigotes que se curvaban ligeramente hacia arriba. El hombre tenía un catálogo de poderosas sonrisas que elegía según la situación, así que se decidió por la sonrisa número doce: la de un hombre que derrocha paz espiritual y está vuelto loco por compartir sus secretos con el resto del mundo. Juntó las manos como si orara, y se inclinó suavemente para saludarla con una reverencia. Ella, desconcertada, sólo atinó a imitarlo vagamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muy buenas tardes, hermosa dama —dijo, con una voz profunda, pero que era al mismo tiempo dulce y suave, matizada por un notorio acento hindú —, busco al licenciado José Gálvez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pase por favor —le pidió ella, tras unos segundos de indecisión —. Tome asiento… perdón, ¿quién lo busca?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre mostró de nuevo la sonrisa número doce y respondió: &lt;em&gt;Máximo Santana&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gálvez frunció el ceño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Un señor hindú? No tengo citas para hoy. De hecho, estaba por irme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Abrió cuidadosamente la puerta del despacho. Santana seguía allí, comedidamente sentado, y observaba las pinturas de la recepción con cierto aspecto de niño feliz que desconcertó aún más a Gálvez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo te dijo que se llamaba?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Máximo Santana. Que raro, como que no me suena a hindú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gálvez la miró como si ella fuera la mujer más estúpida sobre la faz de la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No seas tarada. Muchos extranjeros cambian sus nombres cuando se van a vivir a otros países, porque son muy difíciles de pronunciar o extraños. Lo hacen para asimilarse más fácilmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aah  —repuso ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué tontería! —dijo Medina, que observaba la escena a través de la cámara oculta que López había colocado previamente en el despacho de Gálvez —. Cualquiera que pueda pronunciar &lt;em&gt;Tlahuiztcalpantecuhtli&lt;/em&gt; puede pronunciar &lt;em&gt;Yashvantprasad&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López, estupefacto, se le quedó viendo fijamente sin decir una sola palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Qué? —preguntó desconcertado Medina al ver su expresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El radioteléfono hizo blip blip, y se escuchó la voz de Santos que dijo simplemente: &lt;em&gt;López, iniciamos fase tres&lt;/em&gt;. López tomó el aparato, oprimió el botón y respondió: &lt;em&gt;entendido&lt;/em&gt;. Subió el cierre de su traje de faena, que decía &lt;em&gt;TipKlean Servicios Institucionales de Limpieza&lt;/em&gt; en la espalda, tomó un trapeador o mop y salió de la camioneta, poniéndose en la cabeza una gorra de &lt;em&gt;baseball&lt;/em&gt; con la misma leyenda y acomodándose un gafete falso en la orilla del bolsillo. Medina oprimió el botón del micrófono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vargas, López va en camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El &lt;em&gt;chícharo&lt;/em&gt; o audífono, oculto convenientemente bajo el turbante, susurró las palabras de Medina en el oído de Vargas justo en el momento en que se abría de nuevo la puerta del despacho y la secretaria salía, indicándole que podía pasar. Vargas se levantó y agradeció con una reverencia, caminando suavemente como si lo hiciera sobre nubes en dirección a la oficina de Gálvez, que cerró la puerta tras el extraño visitante una vez éste hubo entrado. La secretaria miró en dirección de la puerta cerrada unos segundos, y luego volvió a concentrarse en su ejemplar del &lt;em&gt;TVyNovelas&lt;/em&gt;, tanto, que apenas prestó atención cuando entró López, trapeador en mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por favor tome asiento, señor Santana —indicó Gálvez, señalando una silla frente a su escritorio y sentándose —usted dirá en qué podemos servirle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Oh, en mucho, en mucho, mi querido amigo Gálvez, de hecho su cooperación es importantísima! ¡Yo diría que resulta incluso trascendental! Represento a la &lt;em&gt;Sociedad para la Conciencia Elevada, A.C., &lt;/em&gt;y necesitamos URGENTEMENTE de su ayuda para un evento de proporciones, digamos, cósmicas. De su respuesta depende que la humanidad entera conozca una era de felicidad eterna y ríos de leche y miel, o que siga empantanada en un materialismo despreciable hasta el fin de los tiempos. Verá, existe una profecía de cuyo cumplimiento se me ha encomendado, ¡y de una palabra suya, licenciado Gálvez, dependerá que éste mundo se convierta en el paraíso en la tierra!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Metió la mano en su morral de manta y sacó varios libros, todos traducciones al español de textos sagrados de la India como el &lt;em&gt;Bhagavad-Gita&lt;/em&gt;, el &lt;em&gt;Ramayana&lt;/em&gt;, el &lt;em&gt;Mahabharata&lt;/em&gt; y otros algo menos conocidos en occidente. Eran alrededor de ocho o diez libros de buen tamaño y espesor intimidante. Al menos Gálvez se sintió intimidado al pensar que su extraño visitante podría obligarlo a leerlos todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Aquí, amigo Gálvez, aquí está la profecía! ¡La profecía que señala nuestro grandioso destino!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—N-no le comprendo, señor Santana —respondió Gálvez, titubeante y considerándose, ahora sí, oficialmente asustado. Santana pareció disminuir su exaltación y tomó asiento de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Sabe usted lo que es un &lt;em&gt;chandra&lt;/em&gt;, amigo Gálvez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Llega tarde, don Panchito —dijo la secretaria sin alzar la mirada, pero luego lo hizo y se dibujó la sorpresa en su rostro al ver a López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Don Panchito no pudo venir —explicó éste rápidamente —, le pegó la influenza y me mandaron a mí en su lugar. ¿Por dónde comienzo, disculpe?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Le confieso que no tengo la más pálida idea de lo que me está usted hablando… —respondió Gálvez, pero su interlocutor lo interrumpió abruptamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un &lt;em&gt;chandra&lt;/em&gt; es una puerta entre dos dimensiones. A través de un chandra usted puede viajar a miles de kilómetros de distancia en segundos, e incluso, puede ir de una dimensión a otra, de un &lt;em&gt;loka&lt;/em&gt; o planeta a otro en el lapso de un parpadeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un destello de incredulidad se reflejó en el rostro de Gálvez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No me cree, ¿verdad? —dijo el hombre del turbante, y se levantó de su asiento, haciéndole una seña a Gálvez para que lo acompañara —, venga, vamos a su estacionamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—López —susurró Medina en los falsos audífonos del &lt;em&gt;IPod&lt;/em&gt; de López —, Vargas está sacando a Gálvez y van rumbo al estacionamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La secretaria se levantó rumbo al baño, cosa que siempre hacía a ésa misma hora al sentir el efecto diurético del primer café de la mañana. &lt;em&gt;“Es increíble lo confiada que es la gente a veces”, &lt;/em&gt;pensó López, y abrió la puerta del despacho de Gálvez sin hacer apenas un sonido. Acercó el carrito de la basura a la puerta y entró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en el despacho, tomó la papelera que se encontraba bajo el escritorio y la dejó previsoramente cerca de la puerta. Ya más seguro de tener algunos segundos de ventaja, se dedicó a buscar exhaustivamente detrás de los cuadros de la habitación, los cajones del escritorio y en los escasos libros del librero, la mayoría textos de leyes, y el resto eran las Obras Completas de Octavio Paz, edición de lujo del Fondo de Cultura Económica, que Gálvez en su vida habría leído, pero que servían muy bien para impresionar a los visitantes. Todo fue en vano. Cinco días de vigilancia con la cámara oculta no habían revelado el sitio donde Gálvez ocultaba las fotografías comprometedoras de Kristy Aguilar, Nuestra Belleza Yucatán 2004 y cliente actual del equipo. Y ahora las pesquisas hechas a la antigüita no habían obtenido mejores resultados. Desconcertado, López metió las manos en los bolsillos y se recargó en la pared, intentando aclarar su mente mirando hacia el techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Éste! —exclamó el hombre del turbante, señalando el cajón de estacionamiento reservado para el auto de Gálvez, un BMW negro —¡Éste es el lugar preciso! ¿Podría mover su auto, por favor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Molesto pero también endemoniadamente intrigado, Gálvez metió la mano al bolsillo del pantalón y sacó las llaves del auto. Rato después regresaría a pie y exhausto, pues no había otro espacio disponible cerca. Santana lo había esperado pacientemente, sin moverse un milímetro de su posición ni borrar la sonrisa número doce de su rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ausencia de Gálvez, sin embargo, se había desarrollado una actividad febril sobre el cajón de estacionamiento vacío. Tamazaki y Zapata, con una velocidad extraordinaria, tendieron unos cables de 1.5cm de grueso sobre las líneas amarillas del cajón. Los cables eran prácticamente del mismo tono de amarillo de las líneas, y resultaba casi imposible encontrarlos a simple vista. A lo largo de aquellos cables había cientos de diminutos pero potentes LEDs que despedirían una luz cegadora en segundos, alternándose con pequeños agujeros de los que saldrían chorros de vapor. Del interior de aquellos cables brotaban otros de color gris, más delgados, que simplemente se fundían con el concreto del suelo, sobre el cual corrían hasta desembocar en un aparato que Tamazaki, acuclillado tras una camioneta a dos autos de distancia, sostenía sobre sus rodillas. A su lado, Zapata esperaba agazapado, tensando su exigua musculatura como un gato esperando el momento preciso para saltar. De su velocidad dependía que todo el asunto resultara creíble y no pareciera un truco de circo, especialmente porque los sistemas de ventilación del estacionamiento eran bastante potentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tamazaki —dijo Medina por el radioteléfono —, espera hasta que Vargas lo tenga en posición. Actívalo cuando pronuncie las “palabras mágicas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Youkai ¬—respondió Tamazaki, y guardó el radioteléfono. Oprimió el botón de encendido del aparato, y se encendió una diminuta luz color naranja. Gálvez llegó corriendo, exhalando trabajosamente debido a la falta de ejercicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vargas, convenientemente alejado de los cables, le hizo una seña a Gálvez para que diera la vuelta y se le acercara por la banqueta del estacionamiento y no por el lugar vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es importantísimo que comprenda esto, amigo Gálvez —dijo —, importantísimo. Hemos recibido una señal. Indra, el Celeste Indra, el Todopoderoso Dios del Cielo Indra, vendrá a éste mundo a destruir el mal y a traer una era dorada de felicidad y gozo. Cruzará las dimensiones en su Vimana, su veloz carro de combate tirado por briosos corceles inmortales cuyos cascos levantan chispas contra el suelo, tal como tan certeramente se lo describe en el Ramayana, y llegará hasta nosotros… por ése chandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extendió el brazo y señaló el cajón de estacionamiento vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo no veo nada —repuso Gálvez, escéptico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No ve nada? ¿Ni la cohorte de hermosísimas y jóvenes apsaras bailando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ni el resplandor color rosa morado brillante alrededor de la abertura dimensional?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es una lástima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gálvez lo miró con enojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo que sí veo claramente es que usted está tratando de tomarme el pelo. Ignoro qué trata de obtener con esto, pero no le daré ni un centavo si eso es lo que busca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santana, escandalizado, abrió mucho los ojos con espanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hombre sin fe, materialista! ¿Quieres una prueba, incrédulo? Te daré una prueba. Veamos… pide algo, algo de un lugar lejano, China, Japón…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Japón —repuso Gálvez. Medina había acertado de nuevo: Gálvez había ido a Japón en su luna de miel, y años después regresó para la copa mundial de fútbol —, quiero algo de Japón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y algo de Japón tendrás —dijo el hombre del turbante —, en cuanto pronuncie las palabras mágicas —alzó los brazos y la voz —¡Srinivasa Ramanujan Alyangar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tamazaki oprimió el botón del aparato, y de los cables brotaron luces cegadoras y ráfagas de vapor que pronto envolvieron el lugar en una niebla tan densa que nadie vio a Zapata acercarse, dejar algo en el lugar vacío, alejarse a toda velocidad… y maldecir en silencio mordiéndose los labios para no gritar, porque en su carrera se había golpeado la rodilla derecha con la defensa del auto contiguo. Rengueando llegó hasta donde Tamazaki lo esperaba y se sentó de golpe, recargándose en una llanta y frotándose la pierna con rabia, mientras los sistemas de ventilación disipaban la neblina prácticamente de inmediato. Tamazaki lo miró fijamente, tomó su mochila, sacó de ella un pequeño frasco octagonal con tapa dorada y lo tendió a Zapata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quieres Pomada de Tigre? —le preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López, suspirando, separó la espalda de la pared y dio un paso en dirección al escritorio disponiéndose a buscar allí por segunda y última vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, de pronto, sintió que el piso se hundía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un momento creyó estar mareado o que sentía un sismo, pero no era así: el piso realmente se movía bajo el peso de su enorme cuerpo. Apoyó el peso de su cuerpo alternadamente en uno y otro pie, sintiendo el oscilar de la duela floja como si estuviera sobre una tabla de surf, y el piso siguió cada uno de sus movimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No necesitó mayores pruebas. Sus enormes manos asieron en segundos la orilla de la alfombra y la levantaron de un tirón. Tres listones de madera parecían ser de lo más común… excepto por el hecho de que estaban ligeramente separados del resto de la duela. Intentó levantarlos con las uñas pero no pudo, así que metió la mano al bolsillo y sacó sus llaves, de las cuales colgaba un llavero con la foto de Karenina, su perra pastor alemán. Introdujo la llave más larga en la ranura que separaba los listones, y pudo levantarlos fácilmente debido a que estaban pegados en una sola pieza. Retiró aquél bloque de madera, y pudo ver en el interior varios sobres Manila envueltos en bolsas de plástico. Tomó el primero y lo abrió para revisar su contenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Efectivamente, se trataba de fotos muy comprometedoras de Kristy Aguilar. Una de ellas, por ejemplo, la mostraba a sus diecinueve años caminando por el Paseo Montejo… con sus ciento cinco kilos setecientos gramos de peso. ¿Cómo diablos había hecho para tener el cuerpo de supermodelo del que tanto presumía ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López no quiso detenerse a pensar en ello, tenía otras cosas que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso, se escuchó el correr del agua del sanitario, y el chirriar de la puerta del baño de damas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el vapor se hubo disipado, Gálvez pudo ver un objeto de un rojo brillante y forma vagamente semejante a la de una enorme pera gorda. Gálvez, muy despacio, avanzó hasta el objeto y lo levantó. Del otro lado, tenía un rostro blanco con una barba negra. Uno de sus ojos era blanco y el otro negro. Gálvez lo miró, estupefacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, de pronto, recordó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esto… —lo sacudió suavemente para enfatizar sus palabras —, ¿cómo se llama? No me acuerdo, pero…había uno idéntico en un restaurante de Osaka donde nos detuvimos a comer, sólo que aquél era negro y tenía los dos ojos blancos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo hasta aquél momento pareció formarse una vaga idea de la enorme trascendencia de lo que se le pedía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuándo vendrá… su dios? —preguntó, y reapareció la sonrisa doce en los labios de Santana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah, eso no lo conocemos con exactitud, pero sabemos que es en una fecha muy próxima. No hoy, ni mañana, pero será pronto. Ahora —tomó el objeto rojo de las manos de Gálvez y lo dejó justo en el lugar donde había aparecido —, devolvamos esto al sitio de donde provino antes de que su propietario… mejor dicho, su propietaria, lo eche de menos. Y recuerde, éste cajón de estacionamiento siempre debe estar libre, nada, ni vehículo, ni persona, deben ocuparlo nunca, o resultarían abrasados por el divino resplandor del Vimana de Indra… en el mejor de los casos. En el peor, bloquearían el chandra, y el dios no podría pasar hacia acá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronunció de nuevo las “palabras mágicas”, y hubo otra descarga de vapor espeso y luces, entre los cuales desapareció el objeto rojo…y apareció un chichón en la frente de Zapata tras golpearse contra uno de los espejos de la camioneta al traer el objeto rojo de regreso. Tamazaki meneó la cabeza y oprimió el interruptor apagando la luz naranja del aparato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La secretaria se acercaba rápidamente. López colocó los listones en su lugar, desenrolló la alfombra y libró el escritorio de un formidable salto. En un rápido movimiento agarró la papelera y metió los sobres en ella sin detener su veloz carrera en dirección a la puerta del despacho… abriéndola una fracción de segundo antes de que la secretaria lo hiciera. Aparentando naturalidad, vació el contenido de la papelera en una bolsa negra para basura antes de que la secretaria pudiera ver los sobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya terminé el despacho —dijo calmadamente, con el gesto de quien no rompe un plato, poniendo la bolsa en el carrito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Primero debo revisar que no falte nada —, repuso ella, entrando en el despacho e inspeccionando las posesiones de Gálvez para asegurarse que no faltara alguna y que las cerraduras de los cajones del escritorio no hubieran sido forzadas (lo habían sido, efectivamente, pero López había tenido la precaución de cerrarlas de nuevo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Falta de confianza —dijo él, con desagrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— No es mi culpa —respondió ella a la defensiva —, son órdenes del licenciado. Todo parece estar en orden. Puede irse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es increíble lo desconfiada que puede llegar a ser la gente a veces, pensó López, empujando el carrito de camino a la salida de servicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rato después se reunían en la camioneta. Tamazaki bebía un capuchino pausadamente, mientras Zapata aprovechaba el frío de su frappé para disminuir el tamaño de su hematoma colocándoselo en la frente entre sorbo y sorbo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vargas se quitó la barba y el bigote postizos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— No manches, pareces Kalimán —le dijo López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Serenidad y paciencia, mi pequeño Solín —repuso Vargas, sin arredrarse en absoluto por el comentario de López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Van a ir a la clínica? — preguntó Medina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Quedamos a las cuatro —respondió López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Entonces allá nos vemos. Yo… debo hacer unas cosas antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se despidió del resto del equipo y salió de la camioneta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Me pregunto si Medina al fin habrá conseguido novia —dijo López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Pues ojalá que si haya conseguido —repuso Vargas, pensativo —porque yo ya estaba tentado a rifarlo al condenado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grovas y Minjares, el cirujano plástico, observaron detenidamente al paciente. El sol de mediodía entraba a raudales por la ventana, iluminando una IPad, varios libros y una botella de agua Perrier sobre el buró junto a la cama de hospital donde el paciente esperaba, valga la redundancia, pacientemente sentado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Bueno —, dijo Minjares al cabo de un rato —, creo que es el momento de la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una enfermera comenzó a retirar los vendajes del rostro del paciente hasta que sólo le quedó un pequeño conjunto de gasas. Grovas tomó unas pinzas de sujeción y comenzó a retirarlas cuidadosamente, depositándolas en un riñón sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Tiene buena cicatrización —observó Minjares —, no hay supuración ni indicios evidentes de sepsis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Ya nada que provenga de éste caballero me sorprende —repuso Grovas con una sonrisa. Retiró la última gasa, y le tendió al paciente dos objetos: un espejo, y el estuche de unos anteojos. Usualmente no se les solía mostrar su rostro tan pronto a quienes hubieran recibido este tipo de intervenciones, pero el paciente había insistido, así que tomó el estuche, sacó los anteojos, los limpió y se los colocó sobre la nariz. Luego, tomó el espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en él pudo ver, algo hinchado debido a la cirugía pero perfectamente reconocible, un rostro familiar. Un rostro de un anonimato poco común, al que apenas un puñado de personas asociaba sin titubear a un nombre: Mario Santos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minjares se acercó a su vez y, posando las manos sobre la cabeza de Santos, la giró suavemente para poder verla mejor contra la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Como dije, cicatrización perfecta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tomaste la decisión correcta al operarte para borrar las cicatrices del… accidente —dijo Grovas —. Incluso sicológicamente habría un cambio notorio. Sin embargo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomó con suma delicadeza el brazo de Santos y levantó la manga del pijama. Cerca del codo, la piel era de un color chocolate con manchas rosa pálido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No todas las secuelas de lo sucedido serán imperceptibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos, en un ademán preciso, tomó la manga y la bajó de un firme, rápido tirón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No se preocupe, doctor Grovas. Usualmente prefiero la ropa de manga larga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espera, colega, creo que olvidamos algo —observó Minjares. Volvió la cabeza de Santos de manera que su oreja fuera iluminada por el sol entrante. Bajo la oreja, había una delgada cicatriz vertical de unos dos y medio o tres centímetros de largo, casi paralela a la línea del maxilar. Estaba cerrada, pero era notoria, aunque se necesitase de una observación muy detallada del rostro de Santos para descubrirla —. Oh, vaya, no es tan grande. No te preocupes, puedes venir el día que quieras para que te la quitemos. De hecho, podríamos hacerlo ahora mismo en mi consultorio si quieres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos alzó el espejo de nuevo y contempló la cicatriz. Supo que no debía hacerlo. Sería olvidar, confiarse, bajar la guardia de nuevo. Aquello casi le costó la vida. La cicatriz sería un recordatorio permanente de que lo sucedido no debía repetirse nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias, doctor —volvió a contemplarse, pensativo, en el espejo, (y cualquiera que no lo conociese podría decir que sonrió levemente durante una fracción de segundo) —, pero creo que la conservaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rato después, arrastrando el árbol del que colgaba la bolsa de solución salina que le era administrada vía intravenosa, Santos salió a caminar. Órdenes del doctor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Avanzó por el pasillo en completo silencio, evadiendo carritos de servicio y sillas de ruedas. Sus ojos no perdían detalle de todos y cada uno de los pacientes que veía a través de las puertas abiertas. La mayoría tenían problemas cuya solución, al menos en éste caso, estaba fuera de su alcance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer se separó de los brazos del hombre, intentando caminar. Llevaba un abrigo negro y su bolso en una mano, y se veía pálida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dio dos pasos en dirección a Santos…y se derrumbó, sin sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos intentó levantarla, pero aún se sentía débil por el efecto de la anestesia, y además se lo impedía la intravenosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Un doctor! —exclamó el hombre, corriendo a ayudarla. Un joven médico se acercó a auscultarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está hipoglucémica. ¡Glucosa intravenosa, AHORA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre el hombre, el médico y un enfermero la colocaron en una camilla y se la llevaron de allí. Una enfermera colocó la intravenosa tras revisar que estuviera libre de burbujas, mientras el hombre le acariciaba el cabello con ternura todo el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo por curiosidad, única y exclusivamente por curiosidad, Santos decidió ir tras ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque no podía seguirlos a su misma velocidad, sabía que se dirigían al área de triage y de allí pasarían a una cama en Urgencias. No valía la pena gastar energías en perseguirlos si sabía su paradero final, así que, a paso tranquilo, caminó hasta uno de los sillones de la sala de espera y se sentó, calculando que estarían allí en menos de quince minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los catorce minutos con cuarenta y tres segundos aparecieron por el extremo del pasillo. Santos no se movió ni dijo una palabra. Toda la información le llegaría pronto, y ni siquiera tendría que pedirla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acompañada del médico, dos enfermeros y el hombre, la mujer desapareció a través de la puerta de Urgencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco minutos después y muy a su pesar, el hombre tuvo que salir. Le habían pedido que esperara afuera. Durante el primer minuto se paseó por todo el corredor como un tigre enjaulado sin notar a Santos. Al minuto dos tomó su teléfono y marcó un número almacenado en la memoria, mordiéndose los labios mientras sonaba el tono de llamada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin le contestaron. Y, efectivamente, Santos fue debida y concienzudamente informado sin esforzarse en absoluto por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hola, Carlita, soy yo. Hugo. ¿Está tu mami? Pásamela por favor… hola, Mariana, soy Hugo. Sólo… llamaba para avisarte que… Laurita se nos puso muy mal… no, no, estamos en el hospital. Aquí con el doctor Grovas. Lo que sucede es que veníamos a ver a mi tía Adelina, y a Laura se le bajó la presión porque tenía el azúcar muy baja. No, no es diabetes, es porque no ha comido bien, yo creo. Además, tiene la preocupación de mi tía, y el problemón de la galería…yo creo que todo se le juntó. Ya ves, la pasión de mi pobre hermana por el arte no le ha traído mas que problemas. No, lo que pasa es que el propietario del edificio le dejó ése espacio, pero por un error a la hora de la redacción del testamento, el administrador quedó como heredero y no como albacea, y ya se siente con poder para hacer y deshacer. El administrador, no sé si lo conozcas. Un tipo medio raro, chaparrito, gordito, que tiene una colección de figuritas y pinturas de sirenas en su despacho. Todos sus anaqueles los tiene llenos de puras sirenas, ni libros tiene. Ya le dijo a mi hermana que desocupara, a pesar de que el propietario ya había quedado con ella de que podría ocupar ése espacio definitivamente. Lo malo es que fue un convenio sólo de palabra y sin testigos, imagínate. Y ya muerto el propietario, es su palabra contra la del administrador. Mi hermana ha invertido en ésa galería de arte no sólo dinero, también muchas ganas y los mejores años de su vida desde que salió de trabajar en la Galería Pecanins. Para ella es como un mazazo a la cabeza. Ya entró a Urgencias y ya la están atendiendo. No, ahorita está controlada, el doctor dice que necesitará unas inyecciones. Complejo B, es pura vitamina. No, Grovas no, otro doctor que la atendió. Le pusieron glucosa en suero, dicen que es pura azúcar; le están poniendo un suero de azúcar, imagínate. No, yo me voy a quedar con ella. El plan era que yo la trajera porque ella se iba a quedar con mi tía, pero ya ves lo que pasó. ¿Te puedo pedir un favor? ¿Le puedes decir a Paco que cierre el negocio porque yo ya no voy a regresar? Muchas gracias. Sí, muchas gracias, se los agradezco mucho. No, ya comí, gracias. Al menos yo sí, de Laura no sé, supongo que no. Gracias, Marianita. Un saludo a tu esposo y besos a la niña. Adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cortó la comunicación y se dejó caer en uno de los gruesos sillones amarillos de la sala de espera, recargando la cabeza en la pared y mirando hacia el techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lamento no haber podido ayudar a su hermana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre volvió la cabeza hacia su derecha. Sólo hasta entonces notó que Santos estaba allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias, pero creo que el esfuerzo le habría hecho daño. Usted es un paciente también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos asintió en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sin embargo, creo que, aún en mi condición, puedo serles, a usted y a su hermana, de mucha mayor utilidad que simplemente como enfermero —le tendió la mano al hombre —. Mario Santos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hugo Hidalgo — repuso el hombre, estrechándosela a su vez con la suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pacientemente recargado en la reja de entrada a la clínica, Medina esperaba que dieran las cuatro, llevando en las manos un ENORME ramo de flores, y un globo dorado con un arco iris que decía Get well soon. A sus pies estaba una bolsa de plástico blanco. De hecho, el ramo era tan llamativo que fue lo primero que notó Vargas al salir del auto, acompañado de López y Tamazaki. Zapata había tenido que irse antes por un problema en algunas computadoras de su cibercafé, pero había prometido visitar a Santos en cuanto estuviera algo menos protuberante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ah, pillín! ¡Te atrapé con las manos en la masa! —exclamó Vargas señalando el ramo. Medina, desconcertado, miraba alternadamente a Vargas y a sus flores sin atinar a comprender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y, ¿la conocemos, o es una enfermera? —preguntó López, con expresión maliciosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No entiendo nada de lo que me están diciendo —protestó Medina, y los otros dos intercambiaron una sonrisita de complicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te hagas —insistió Vargas —, tú, bribonzuelo, conseguiste una chica, y no quieres que sepamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Yo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Claro que sí! ¿Para quién son las flores, si no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Completamente desconcertado, Medina los miró a ambos en completo silencio durante una fracción de segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Para Santos, por supuesto. ¿No se supone que a las personas enfermas se les llevan flores?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vargas y López, estupefactos, se miraron entre sí, y luego a Medina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué? —preguntó éste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vargas sonrió al ver el rostro aún levemente hinchado de Santos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te dio un ataque de paperas o qué? —dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La hinchazón se debe a que la intervención fue muy reciente y tuve el rostro vendado durante varios días. Comenzará a desaparecer en un par de horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nos alegra que estés bien —, repuso López —, te extrañamos allá con Gálvez. Ya sé que te conectaste con tu computadora y supervisaste toda la operación en tiempo real… pero no es lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La enfermera puso el ramo en el jarrón más grande que pudo encontrar en la clínica, mientras Medina terminaba de atar el globo al barandal de la cama. Tamazaki le obsequió a Santos unos caramelos sabor capuchino y le dijo que esperaría afuera. Todos comenzaron a conversar sobre antiguos operativos. Vargas era bastante fan de rememorar los gestos y expresiones de las víctimas cuando se tragaban el cuento. Resultaba para él una experiencia bastante divertida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López le dio a Santos los sobres manila. Santos abrió el primero y, efectivamente, halló las fotos de Kristy. Pero los otros tres contenían al menos tres mil dólares y alrededor de cuatrocientos euros. López resultó el más sorprendido, mientras Vargas dejaba escapar un silbido de admiración al ver el dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Creí que todos los sobres contenían fotos. No fue mi intención robarle a Gálvez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ladrón que roba a ladrón tiene mil varos de perdón —dijo Vargas —, y además, Uka, uka, el que se lo encuentra se lo emboruca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Devolveremos este dinero, excepto por los gastos del operativo extra que tendremos que realizar —repuso Santos —. No somos ladrones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Medina tomó la bolsa blanca, y sacó de ella un par de litros de leche en tetra brik y un envase de yogurt de un kilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Feller te envía esto, dos litros de La Lechera Premium, y un yogurt La Lechera natural, bajos en grasas tal como lo pediste. Debes tomar mucha leche, porque el esqueleto se descalcifica cuando una persona permanece recostada mucho tiempo. Hay otras dos cajas de leche esperándote en casa. Te envía saludos y desea que te alivies pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos agradeció con un leve asentimiento de cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Agradécele a Feller de mi parte. Bien, señores, comencemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿“Comencemos” ? —preguntó López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué no estás convaleciente? —se quejó Vargas —¡Acaban de operarte! ¡Se supone que debes descansar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Usualmente lo haría, pero, como saben, nuestros ahorros desaparecieron y estamos literalmente en la calle y sin recursos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Si ese es el problema, podríamos quedarnos con el dinero de Gálvez! —exclamó López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A mí tampoco me agrada la idea, pero, si queremos descansar al menos durante un tiempo, deberíamos tener fondos para hacerlo. Prometo no hacer mucho esfuerzo. ¿Medina?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Medina sacó de la bolsa blanca el proyector de diapositivas, lo conectó y lo colocó sobre la cama. La enfermera, a una señal suya, corrió las cortinas y salió de la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la pared apareció proyectada la fotografía de un hombre bajo, algo calvo y ligeramente obeso. Llevaba una chaqueta de piel, una camisa blanca salpicada de perennes manchas de birria, un pantalón beige y un desgastado portafolio color ocre. Sus labios eran algo prominentes y su bigote mas bien escaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Francisco Padilla —recitó suavemente Medina, contrario a lo que siempre hacía, quizá debido al lugar donde se encontraban—, oriundo de Ciudad Neza, Estado de México. Cuarenta y tres años, soltero, un metro cuarenta de estatura y setenta y nueve kilos de peso. Se ostenta como Licenciado en Economía y Finanzas por la Universidad Tecnológica de Netzahuatlcóyotl. En realidad los exigentes estándares de ésa universidad resultaron demasiado para él, y abandonó antes de terminar el primer semestre de Derecho. Ha tenido varias parejas, pero ninguna definitiva, y todas se quejan de que jamás consiguen complacerlo de ningún modo. Es como si esperase demasiado de ellas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo rayos conseguiste información tan íntima en cuatro horas? —preguntó López. Medina suspiró por la interrupción y continuó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hasta hace poco fungía como administrador del edificio en cuya parte baja nuestra clienta, Laura Hidalgo, tiene su galería. Diré de paso que ella trabajó durante años en la famosa Galería Pecanins, y que la Galería Hidalgo ha sido la única de toda Latinoamérica que se ha arriesgado a exponer los óleos de Kristopher Gentian, un pintor neoyorkino de los años ochenta prácticamente desconocido, con gran éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Una exposición muy comentada en el circuito del arte —comentó Santos —, debido a que una pequeña galería independiente y con problemas financieros rara vez hace ése tipo de retrospectivas. Pero valió la pena, por lo que entiendo. La Galería Hidalgo resolvió sus necesidades financieras y obtuvo un prestigio bien ganado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero esto no impresiona a nuestro hombre en absoluto —continuó Medina —. Padilla está convencido de que el arte no vale nada. El problema se remonta a antes de la muerte del propietario original del inmueble. Por error nombró heredero a Padilla, y no mencionó el arreglo de palabra con la señora Hidalgo en su testamento. Padilla, nada tonto, ahora pretende que la señora Hidalgo abandone su galería, aprovechando que el antiguo dueño no tenía familia. Hubo un detalle que me llamó la atención: Padilla parece estar obsesionado con un mito griego…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sirenas —dijo Santos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Sirenas? —preguntó Vargas, y Medina oprimió un botón en el control remoto del proyector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pared se llenó de sirenas: las sirenas que atestaban los anaqueles y las paredes de Padilla. Las había en todos tamaños, formas y colores, de plástico, de porcelana, artesanales de barro con todo y guitarra, y de felpa, locales e importadas, chicas y grandes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sólo cinco o seis de esas piezas han sido obsequios de otras personas. La mayoría las compró él mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, pues eso sí es una obsesión —concedió Vargas, convencido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Caballeros —, dijo Santos —las sirenas existen. Al menos, existirán para Padilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López sacó su libreta de notas, listo para apuntar. De los otros tres, sólo Santos se percató de que López había cambiado su austero y diminuto block de notas por una flamante Moleskine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—López —comenzó a dictar Santos —, necesitaremos una sirena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿De mar o de agua dulce? —respondió López con ironía mientras garabateaba en su libreta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De mar, de preferencia. Necesitamos una mujer joven, de unos veinte años, que practique el buceo de profundidad. También necesitaremos un yate de mediana… no, de pequeña eslora, y mucho, mucho látex. ¿No saben si Galilea está disponible?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López consultó su reloj.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está en una junta de su programa Hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues llámale mañana —ironizó Vargas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Qué destello de ingenio —reviró López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Necesitaremos que nos grabe una cápsula —continuó Santos —. Y también necesito que consigas videos musicales antiguos de la cantante Tatiana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿La Reina de los Niños? —preguntó López, y Santos asintió sonriendo levemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, pero mas bien videos de cuando era una Princesa del Pop. Señores, nos vamos de pesca. Atraparemos un pez gordo. Ah, López, una cosa más… necesito que consigas algunos clásicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Clasicos como Led Zeppelin y Deep Purple? —preguntó López, y Santos sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo decía mas bien clásicos como Haendel y Telemann.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿En que fase del operativo vamos a utilizar ésa música? —preguntó Medina, intrigado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En ninguna —fue la respuesta de Santos —. La colección de música se perdió, y hay que comenzar a reponerla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tamazaki, sentado en la sala de espera, jugueteaba con el objeto rojo que había servido para engatusar a Gálvez. De pronto, lo puso cabeza abajo y observó fijamente la base. Había un enorme arañazo en el fino laqueado rojo. Tamazaki frunció el ceño. Gálvez había raspado el objeto contra el pavimento al estirarse para levantarlo, y el piso de concreto o alguna piedra diminuta habían dejado testimonio de su existencia sobre la laca. “Mi hermana va a matarme”, pensó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se abrió una puerta, y salieron López, Vargas y Medina, que llevaba la bolsa blanca con el proyector. Tamazaki se puso el objeto bajo el brazo, tomó del piso la delgada lata de jugo de lichi que estaba bebiendo, y se puso de pie. Habían quedado con él en llevarlo a su casa al salir del hospital. López le dedicó algo parecido a una sonrisa y le dio una palmada en el hombro, Medina medio lo saludó con una media reverencia debido a que se habían visto en la mañana, y Vargas también le dio unas palmadas en la espalda de camino a la salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Olvidé preguntarte algo allá con Gálvez —le dijo, señalando el objeto rojo —¿Qué es esto, eh?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es un Daruma. Pides un deseo, y cuando se concede, pintas uno de sus ojos de negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Órale —en el rostro de Vargas se dibujó el asombro —, qué padre. Oye, Tamazaki —de pronto posó su brazo sobre los hombros del colaborador como si fueran amigos de toda la vida —, ¿me lo podrías prestar? Es que… hay una chava que se acaba de mudar cerca de mi casa, y, por alguna razón inexplicable, cada vez que la invito a salir me dice que no…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se abrió la puerta de la clínica, dando paso al escultural cuerpo de Kristy Aguilar. Vargas le dedicó cierta mirada, pero luego volvió al asunto que le interesaba más con Tamazaki. Medina la saludó vagamente al pasar, y López le entregó el sobre manila con las fotos. Ella le agradeció de forma algo cohibida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Usted… —dijo, con un hilillo de voz — usted ¿abrió el sobre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López lanzó un suspiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Necesitaba verlas para saber si eran las correctas, señorita Aguilar —, le molestó que ella le preguntara. De por si no le agradaba, debido a lo que consideraba una vida llena de frivolidades y de preocuparse por el qué dirán, concediendo demasiada importancia a una vana apariencia. Ella asintió en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pensará usted que soy una hipócrita…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo que yo piense sobre su apariencia anterior o actual no es importante—repuso López desviando deliberadamente la mirada —. Usted necesitaba ésas fotografías, nosotros las conseguimos. Así de simple.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella asintió de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias a ustedes podremos abrir nuestra clínica de control de peso muy pronto. Gálvez quería chantajearme con estas fotos, pero ahora puedo usarlas para la publicidad de la clínica, y él no verá ni un centavo de ello —pareció pensativa unos segundos —. Oiga, como una muestra de mi agradecimiento… ¿aceptaría usted un tratamiento gratis? Le ayudaría mucho dada su condición actual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López la miró fijamente, molesto. Luego, echó a andar hacia la salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias, señorita Aguilar —repuso —, pero, a diferencia de sus futuros clientes, yo si me acepto a mí mismo tal como soy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ser del todo honestos, Padilla no hacía absolutamente nada en todo el día. Es decir, nada significativo. Su rutina era levantarse a las diez, ver un rato la televisión mientras desayunaba, darse una ducha (opcional, dependiendo de la hora, del clima y del deseo de hacerlo) y salir para el edificio que, por un tremendo golpe de suerte, había pasado a ser su flamante propiedad y, para el que, por supuesto, tenía planes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, ahora se quedaría con la totalidad de las rentas cobradas, y no sólo con una mísera comisión. De las reparaciones, que desde antes de la muerte del antiguo propietario habían quedado pendientes, mejor ni hablar: Tú lo rompes, tú lo pagas. Por supuesto, para aquella galería de dizque arte en la que no se paraban ni las moscas, también tenía una idea excelente. A nadie le importan ésas plastas de pintura moderna mas que a los hippies. Padilla tenía sentido práctico. Un billar, por ejemplo. Podrían caber fácilmente cuatro o cinco mesas en aquél espacio. Y Padilla siempre había soñado con tener un billar, claro, era su segundo mayor anhelo después de aquello con lo que soñaba siempre. Digamos que éste era el sueño práctico, y el otro era el sueño romántico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y siempre pensaba en ambos al salir de la cama. Buscó el control remoto en el buró, y, al no hallarlo, levantó las sábanas, y el aparato cayó solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Medina se preparó para sincronizar las señales. Padilla no tenía la menor idea de que su vieja tele no estaba conectada a la antena de conejo, sino a un moderno dispositivo de edición y reproducción de video.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Padilla enciende su televisor en cinco, cuatro, tres…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perezosamente, Padilla alzó el brazo en dirección al televisor, y oprimió el botón Power.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—…dos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tele era vieja, y tardó en calentar. Después de segundos que parecieron una eternidad, el agujero negro de la pantalla se convirtió poco a poco en una imagen de colores apagados pero reconocibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué creen que me encontré el otro día, chicos? —preguntó Galilea Montijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué? —preguntó convenientemente alguien fuera de cámara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, pues revisando algunos videos para hacer una cápsula sobre la carrera de Tatiana, la Reina de los Niños, me encontré algo de cuando era muy jovencita. A ella desde siempre le han encantado las sirenas, es fanática de las sirenas… incluso tenía antes una habitación repleta de cualquier objeto que te puedas imaginar en forma de sirena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al escuchar la palabra mágica, Padilla enderezó las orejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y, para hacer éste video musical que les vamos a presentar a continuación, se mandó hacer un disfraz de sirenita en Estados Unidos, con la misma persona que hizo el traje de sirena para la película Splash!. Chequen que linda se ve en éste video, y que jovencita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla apenas le prestó atención a la música. De hecho, bajó el volumen porque le distraía. Sus ojos se encadenaron a la pantalla para no moverse más hasta que terminó la canción y Medina medio se apiadó de él metiendo unos falsos comerciales. En calidad de zombie, Padilla apagó el televisor y se encaminó rumbo a la ducha con pasos pesados, mientras sus ojos, desconectados ya de su cerebro, miraban hacia delante sin ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla metió la mano al bolsillo para sacar las llaves de su despacho. Pero no las había introducido aún cuando reparó en aquél sujeto. Y el sujeto, a su vez, reparó en él. No estaban demasiado cerca, pero pudo ver claramente el fistol en su saco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una sirena de oro. Pronto Padilla no le despegaba los ojos de encima, como un perro frente a un kilo de arrachera. ¿Dónde habría conseguido aquél bellísimo accesorio? Si no estuviera un poco corto de tiempo, sin duda le preguntaría. El sujeto lo miró unos segundos más, y luego consultó su reloj. Parecía que Padilla no era el único al que se le hubiera hecho tarde. A continuación sacó un paño antiestático de su bolsillo y limpió cuidadosamente sus anteojos antes de colocárselos de nuevo. Hasta entonces pareció decidirse a acercarse a Padilla, que estaba por cerrar la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Disculpe, ¿por casualidad conoce al Licenciado Francisco Padilla? Llevo esperándolo alrededor de veinte minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla lo miró con desconfianza. Si era un vendedor de tiempos compartidos o algo así, tendría que darle con la puerta en las narices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién lo busca?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre le tendió la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Giuseppe Tomasi, Príncipe de Lampedusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla frunció el ceño. Aquél sujeto parecía demasiado normal para ser un príncipe como los de cuentos de hadas. ¿Y de cuándo acá la nobleza lo visitaba a él?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué se le ofrece? —preguntó secamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Una invitación. ¿Es usted el Licenciado Padilla? Un placer conocerlo. Su galería de arte es reconocida en el mundo entero gracias a las extraordinarias exposiciones que ha instalado últimamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Mi galería? —pareció dudar unos segundos —¡Ah, sí, mi galería, claro! Si el dueño soy yo… —abrió apresuradamente la puerta franqueándole el paso a Santos —pase, pase, tome asiento… perdón, no sé cómo dirigirme a usted… ¿le puedo decir excelencia, príncipe o cómo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mis amigos me llaman Tomasi. O Lampedusa, como prefiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Perdón, no soy muy bueno con éstas cosas, la formalidad no se me da mucho —Lampedusa sonrió levemente, era obvio —. ¿De dónde me dijo que venía?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De Italia, y no se lo dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, a lo que me refiero es a la invitación que mencionó hace un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lampedusa pareció tomarse su tiempo antes de responder. Observaba cuidadosamente la colección de cuadros de sirenas de Padilla, algunos definitivamente bastante guarros. También observó las que decoraban los anaqueles con una profunda atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Una invitación muy poco común. Veo que no nos equivocamos con usted. No es un privilegio que reciba todo el mundo, sólo personas muy especiales. Perdóneme que sea tan directo, pero, ¿siente al menos algo de satisfacción entre éstos juguetes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No le comprendo — Padilla lo miró con desconfianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sólo juguetes e imágenes, vacíos y huecos. Durante milenios se nos ha hecho creer en la falacia de la inexistencia de ciertos seres mal llamados mitológicos. Usted no lo sabía. No lo culpo por reunir una colección tan amplia de remedos, de copias, de malas falsificaciones. Algo que inconscientemente, sostuviera la ilusión. Pero estoy aquí con la finalidad de liberarlo de la ilusión —como Padilla no acertara a responder, Lampedusa continuó —. Si está harto de vivir entre sirenas de mentira, le ofrecemos la posibilidad de algo real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cabellos en la nuca de Padilla se erizaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quiere… quiere decir que…las sirenas…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lampedusa asintió en silencio, haciéndole una seña para que no alzara demasiado la voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Le ruego discreción, Licenciado Padilla, esto no es algo que deba saber todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, claro, claro. —Fue hacia el mueble de los licores y sirvió dos vasos de whisky barato. Pero, cuando le tendió el vaso a Lampedusa, éste rehusó cortésmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias, no puedo beber alcohol por razones médicas, aún estoy convaleciente —Padilla no supo que hacer con los vasos, y al final los dejó donde pudo, no sin antes darle un gran sorbo al suyo. Santos agradeció tener un pretexto estupendo para no estar obligado a, al menos oler, aquél licor malísimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Perdón, señor Lampedusa, príncipe. ¿Me decía…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Le decía que la invitación es a una subasta. La subasta de un valioso, valioso ejemplar obtenido en el Mediterráneo a principios de éste año. Un ejemplar vivo, por supuesto —por la frente de Padilla escurrió una gota de sudor —. Si acepta, un auto vendrá a recogerlo el día de la subasta. No puedo decirle fecha ni hora por razones de seguridad, lo siento. Supongo que usted tendrá la solvencia mínima para participar en la subasta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Claro, claro —Padilla estaba calculando mentalmente cuánto le podrían dar por el edificio, su casa y su auto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por supuesto, no está obligado a participar, puede simplemente ser un espectador. Pero yo en su lugar no desperdiciaría la oportunidad de tener en mis manos algo vivo, real, que se pueda tocar y conservar en un estanque apropiado. No estamos hablando de peces de ornato, sino de algo mucho mayor. Un tesoro disfrutable única y exclusivamente por usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla quedó pensativo durante algunos segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quisiera saber su respuesta, Licenciado Padilla. Podría pasar mucho tiempo, años incluso, para que una oportunidad como ésta se repita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos de Padilla se clavaron en su interlocutor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Acepto su invitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La limousine blanca se detuvo frente al edificio algunos días después. Feller se acomodó la gorra de chofer, y se dispuso a esperar dentro del vehículo. Padilla no se haría esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonó el teléfono. Padilla levantó el auricular y una voz femenina preguntó su nombre. Al recibir respuesta le pidió que esperara unos minutos. En el teléfono se escuchó una suave música instrumental para aligerar la espera: No Ordinary Love, interpretada originalmente por la cantante Sade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Padilla? —preguntó la voz de Lampedusa en el auricular. Padilla asintió sin pensar que su cabeceo no podría escucharse en el teléfono —. Mire por la ventana. Si ve una limousine blanca, baje de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla apenas tuvo tiempo de tomar el maletín que contenía la totalidad de sus ahorros. Al final, no había tenido tiempo de anunciar el edificio en los avisos de ocasión del periódico. Ya lo vendería más tarde. Cerró apresuradamente con llave y bajó corriendo. De pronto, se detuvo. Regresó, abrió el despacho y sacó las escrituras del edificio. Tal vez se las aceptasen en vez del efectivo, si lo que traía no le alcanzaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó hasta el vehículo, junto al cual, de pie, lo esperaba Feller.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Francisco Padilla? —preguntó, y el administrador asintió con cierta impaciencia infantil— soy Jaime, y vine a recogerlo —. Feller le abrió la puerta de la limousine. Padilla se disponía a entrar, cuando Feller lo detuvo de pronto, pidiéndole que esperara un momento. Tomó un antifaz negro semejante a los que ciertas personas usan para ayudarse a conciliar el sueño, y cubrió con él los ojos de Padilla, impidiéndole ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Una pequeña precaución de seguridad —, dijo, asegurándoselo firmemente —, espero que no le cause molestia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, claro —repuso Padilla, que para ése momento ya estaba dispuesto a que le vaciaran encima una cubeta de glucosa y lo cubrieran de plumas de guajolote, con tal de ver su más caro deseo hecho realidad. Feller lo ayudó a subir al auto, pero Padilla erró el cálculo y se golpeó la cabeza contra la entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin pudo acomodarse en el asiento de piel. Feller cerró la puerta y entró al lado del conductor. Pronto la limousine avanzaba por las calles de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Disculpe, Jaime —dijo Padilla al cabo de unos minutos —, ¿puedo hacerle una pregunta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, lo siento —, repuso Feller.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ambos guardaron silencio durante todo el trayecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin llegaron a la sede de la subasta, una antigua casona en Tepotzotlán, Estado de México. El trayecto era lo suficientemente largo como para alejarse de la mancha urbana, y lo suficientemente corto como para no impacientar demasiado al pasajero. Feller estacionó la limousine y ayudó a salir a Padilla, conduciéndolo al interior. Tras varios pasos inseguros, Padilla fue autorizado a descubrirse los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en lo primero en que éstos fijaron la mirada fue en el fistol de sirena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bienvenido, Licenciado Padilla —dijo suavemente Santos. Volteó hacia un costado y le hizo una seña a López para que se acercara. López, vestido con su elegante traje italiano blanco, anteojos oscuros y camisa negra, intimidó a Padilla al acercarse. Padilla fingió aplomo lo mejor que pudo para no hacer el ridículo ante Lampedusa, preguntándose si aquél sujeto no habría salido de algún episodio de Los Soprano— Franti, te presento al licenciado Francisco Padilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Piacere —respondió López con una reverencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Licenciado Padilla, por favor acompañe a Franti. Él lo llevará hasta el salón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “Franti” le estrechó la mano a Padilla, y le franqueó el paso hacia un salón donde había varios asientos disponibles, no más de veinte, y todos reservados con letreros que ostentaban nombres de lo más extraño: Mr. Thomas Hanks, Miss Rumiko Takahashi, Mr. H. C. Andersen, etc. Entre todos, López le señaló el que decía Lic. Fco. Padilla, y el administrador tomó asiento. Estaba en un sitio privilegiado en la segunda fila, pero era la única persona en la enorme habitación. Al fondo, hacia la derecha, unos cortinajes negros cubrían apenas una puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Disfrazado de camarero, uno de los colaboradores le ofreció una bebida. Padilla se había curado de una incipiente infección renal hacía poco, así que Santos sólo tuvo que añadir una muy leve dosis de diurético a su bebida: un whiskey, ésta vez de calidad medianamente decente. Una dosis mayor quizá le hubiera causado molestias en vez de un simple deseo de levantarse en busca del sanitario más cercano. De pronto, vio entrar a Feller con cara de apuro y una enorme prisa. El colaborador siguió de largo a paso más que vivo, y desapareció tras los cortinajes. Minutos después reaparecía, con gesto de alivio y una leve sonrisa en su boca, mientras se fajaba apresuradamente la camisa y se reacomodaba la chaqueta, regresando por donde había venido sin aparentemente notar a Padilla en lo absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla no necesitó ser un Sherlock Holmes para deducir que los sanitarios se encontraban detrás de aquellas cortinas, así que, tras algunos segundos de indecisión, se levantó de la silla. Dudaba si dejar el portafolio o llevárselo, pero al fin optó por esto último, sin detenerse a pensar ni por un momento si acaso su desconfianza ofendería a su anfitrión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudó un poco ante la entrada, pero su vejiga lo aguijoneó para que se decidiera, y apartó una de las cortinas de un tirón, entrando antes de que se cerrara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El interior estaba oscuro. Casi completamente oscuro, excepto por una suave luz azul que se filtraba desde el fondo. Padilla avanzó prácticamente a tientas. La habitación no era tan grande, o eso había creído, pero la verdad es que sintió que se había equivocado, y deseó regresar. Pero ya había recorrido bastante camino, y pensó que resultaría mejor que llegara al fondo del aposento, y si encontraba a alguien allí, por supuesto le preguntaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz azul era producida por las lámparas que iluminaban un enorme acuario de piso a techo. Al dar la vuelta en un recodo del camino, Padilla pudo verlo en su totalidad. Aquel paisaje marino lo maravilló, no únicamente por su belleza, sino por el hecho (e incluso alguien tan obtuso como Padilla podía comprenderlo) de que era un fragmento de las profundidades marinas mágicamente transportado a tierra firme. Aquí, en algún lugar del Valle de México, había un diminuto océano lleno de vida: hermosos peces exóticos, algunos verdaderamente grandes, llenaban el espacio azul con sus inverosímiles colores y la belleza única de sus formas. Padilla quedó embobado ante el ondular de una bailarina española, aunque no lo suficiente, quizá, como para preguntarse cómo diablos habían conseguido aclimatar a aquél ejemplar a una altura de miles de metros sobre el nivel del mar. En todo caso, lo importante es que estaba allí. Clavó la mirada en otros ejemplares a su izquierda, sin notar que, en el otro extremo del acuario, algo se movía. Algo grande. Mucho más grande que la morena o el pez sapo que veía intentar ocultarse entre las sombras de las rocas artificiales del hábitat marino. Una enorme sombra cruzó de arriba abajo a gran velocidad, desapareciendo por un extremo del acuario. Padilla se sobresaltó. Había visto algo con el rabillo del ojo. El acuario bien podría contener algún tiburón de tamaño mediano. Quizá era el que utilizaba Franti para deshacerse de quienes no le simpatizaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla intentó tranquilizarse. Necesitaba el sanitario, pero la curiosidad resultó mucho más fuerte. Paseó la mirada por el océano miniatura en busca del escualo, cuando, emergiendo desde el fondo del acuario, apareció algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mejor dicho, apareció alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Posó su mano, con dedos unidos por membranas delgadas y transparentes, ligeramente azuladas, en el vidrio. Sus ojos cafés se clavaron en Padilla, y ladeó la cabeza como un cachorrito en la tienda de mascotas ante el niño indeciso que no sabe si adoptarlo o no, intentando comprender a aquella extraña y obesa criatura del otro lado del cristal. Una larga cabellera castaña que le caía sobre los hombros le cubría los senos y prácticamente toda la espalda… y justo donde deberían estar la cadera y las piernas la piel se convertía en un suave tapiz de escamas ovales e iridiscentes, de un color azul claro, terminando en una cola de pez del mismo color de las membranas de los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era real. Padilla se estremeció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo miró de nuevo, analizándolo, y al fin le sonrió con simpatía. Padilla le sonrió a su vez, y ambos se miraron durante lo que pareció un largo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, la sonrisa se borró del rostro de ella, y fue sustituida por una expresión de miedo. Dio media vuelta y aleteó lo más rápido que pudo alejándose del cristal. La enorme mano de López se posó sobre el hombro de Padilla, que dio la vuelta, sobresaltado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué hace usted aquí? ¡No se permite a los clientes la entrada a éste lugar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla tuvo que hacer gala de su recién recobrado control de esfínteres al ver a Franti increparlo con aquella expresión feroz. Aquél sujeto lo sacó del lugar llevándolo de nuevo al salón de la subasta, donde providencialmente se encontraron con Lampedusa, al que Padilla pidió ayuda con una mirada suplicante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué sucede, Franti? —preguntó Santos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Encontré a éste tipo en el acuario —respondió López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Yo sólo buscaba el baño! —se defendió Padilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En ésa área están los sanitarios para empleados — le explicó Santos —. El servicio para clientes se encuentra por aquí —hizo seña de guiarlo a otro lugar —. Gracias, Franti. Todo ha sido un malentendido. Yo le mostraré el camino al Licenciado Padilla. Lo siento, Licenciado, todo ha sido culpa mía. Verá, ningún cliente debe tener acceso a la mercancía antes de su venta, porque eso lo pondría en ventaja ante los demás clientes. Y no queremos eso. Tratamos de que las subastas sean lo más justas posible, porque la condición de nuestros clientes no demanda sino lo mejor, ¿me comprende?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla había entendido sólo a medias, pero igual asintió. Santos le mostró el sanitario para los clientes, y el administrador entró más que deprisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López volvió a entrar detrás de las cortinas. A paso vivo fue hacia el acuario y dio dos pequeños golpes en el vidrio. La sirena se acercó a las escaleras de herrería colocadas apresuradamente tras la pared falsa por la que López entró para subirlas de ágiles zancadas. De las profundidades del estanque surgió la figura ahora familiar de Mariana Chan Gómez, campeona sinaloense de inmersión, con un récord de casi treinta y seis metros de profundidad con una sola inhalación logrado en Cabo San Lucas, Baja California, el año pasado, y su compañero de equipo David Álvarez, buzo profesional encargado de darle oxígeno a Mariana bajo el agua, en un rincón oculto, lejos de las miradas de los curiosos, para que las burbujas liberadas por los tanques de oxígeno no fueran vistas, especialmente por Padilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué tal lo hice? —preguntó ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De diez —fue la respuesta de López —, de hecho, cuando quieras retirarte del buceo, la actuación te está esperando con los brazos abiertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, gracias. Mi vida está en el mar, pero gracias por la sugerencia. Y por la oportunidad de cumplir un anhelo de mi niñez. Por cierto, cuando terminemos, ¿puedo quedarme con el disfraz?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cuando Padilla salió, Santos había desaparecido. Sin embargo, logró dar con el camino de regreso al salón de subastas. Para su sorpresa, había ya bastante gente sentada, y seguían llegando personas. Varios de los asientos cuyos letreros había leído antes estaban ya ocupados (entre ellos el de la hermana de Tamazaki, que ocupaba el lugar reservado para Rumiko Takahashi). Padilla decidió que había mejores cosas en que centrar su atención en aquél momento, pero no pudo evitar observar de reojo al resto de los clientes potenciales, entre los cuales había incluso una especie de príncipe árabe de algún país de Medio Oriente donde el petróleo probablemente se daba en los árboles. Y no dejó de sentirse intimidado ante aquél club de millonarios, con todo el trabajo que le había costado conseguir la suma de dinero que yacía plácidamente dentro del portafolio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la había visto. La había visto antes que todos aquellos ricachones. Y ahora que la había visto, estaba dispuesto a pelear por ella con uñas y dientes. Si en la subasta lo dejaban atrás, no sería sin haberlos puesto previamente en un apuro. Para ellos, sólo era un capricho de ricos, y podrían contentarse con el próximo juguete caro que apareciese ante su vista. Para él, representaba el más caro sueño (literalmente) de su infancia. Lampedusa tenía razón: ahora que la había visto, que había visto una real, no podría conformarse con muñequitas de plástico o figuritas de barro. El canto de la sirena es hechicero, por él, los hombres se arrojan de cabeza a los abismos profundos. Padilla había caído en el embrujo. Supo que ella tendría que ser suya, sin importar cuánto tuviese que desembolsar, qué tuviese que hacer o qué tan lejos tuviese que llegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos subió a la tribuna y empuñó el pequeño mazo. Ahora era su turno de experimentar un dejà vù. Distraídamente se rascó la cicatriz bajo la oreja. Pero podría considerarse lección aprendida: al pasear su mirada por el salón no vio, entre socios y colaboradores, a nadie que no hubiese sido previa y concienzudamente probado y aprobado. Su seguro era la inexistencia de rostros desconocidos entre aquella pequeña multitud. Y a su mente acudió una idea que había estado rozándolo desde hacía mucho, mucho tiempo: éste grupo bien podría ser equiparable a una pequeña compañía de teatro, a una singular y extraordinaria trouppe. ¿Qué podrían pensar los más vanguardistas directores de teatro experimental, qué podrían decir de ésta representación, de ésta comedia donde los actores son numerosos y el público, reducido a un sólo espectador, ni siquiera sabe que está inmerso en una enorme farsa? Y, cuando ésta solemne burla haya concluido…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos pensamientos cruzaron por su mente como relámpagos entre nubes de tormenta. Su ágil cerebro pronto estaba concentrado en otra cosa. No había desechado aquellas reflexiones, no: todo permanecía en su prodigiosa memoria, que habría envidiado Borges, archivado entre secretos que jamás verían la luz. Secretos que incluso López, Vargas y Medina desconocían, y cuyo código de acceso era el nombre de un hombre inexistente: Fernando de Aguirre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas las conversaciones cesaron instantáneamente apenas Santos tomó su lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Damas y caballeros, en este instante daremos inicio a la subasta de un magnífico ejemplar que, como saben, fue obtenido en enero de éste año en las costas del Mar Mediterráneo. La mayor parte de ustedes conoce perfectamente la mecánica de ésta subasta. Para quienes no —fijó la vista en Padilla durante una fracción de segundo —, el mecanismo es muy simple: daré una cifra inicial, y los postores irán aumentando la oferta según crean conveniente. Quien ofrezca la mayor cantidad gana. Comenzamos con doscientos cincuenta mil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla exhaló un suspiro de alivio: después de todo, tal vez si podría quedarse con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Doscientos cincuenta mil pesos es una cifra más baja de lo que creí —le dijo a uno de sus vecinos de asiento, el cual sonrió ante la candidez del novato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En realidad se refería a doscientos cincuenta mil DÓLARES— le aclaró amablemente, y Padilla palideció —, y tiene usted razón, la cifra es un tanto baja. La crisis del petróleo, supongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla agradeció con un tartamudeo y se hundió en su asiento. A menos que el edificio cuyas escrituras poseyese fuera en realidad la Torre Dubai, nunca podría, ni en sus más locos delirios de grandeza, alcanzar a aquellos ricos. Santos hizo una seña a López, que esperaba junto a las cortinas. López asintió desapareciendo tras éstas. Segundos después reapareció, conduciendo un pequeño montacargas, en cuya parte delantera había un enorme objeto en forma de prisma rectangular cubierto con una tela opaca de color negro. Lo único visible de aquél objeto era la tarima de madera sobre la que estaba colocado. El montacargas avanzó muy despacio hasta llegar muy cerca de Santos. López lo detuvo allí, y bajó aquella carga sobre una base cercana. El montacargas dio media vuelta y desapareció tras las cortinas. Dos ayudantes, a una señal de Santos, se acercaron. Uno de ellos dio dos leves golpecitos en la cara del prisma oculta al público, esperó unos segundos, y luego hizo una seña con la cabeza a su compañero para que retiraran el paño negro que cubría al objeto rectangular, lo que hicieron de un rápido y espectacular tirón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una oleada de murmullos de admiración recorrió la sala. Los ayudantes habían descubierto una pecera gigantesca que descansaba sobre la tarima. Y, sin embargo, aún con sus grandes dimensiones, la pecera resultaba demasiado pequeña para su ocupante. Padilla tragó saliva: ella estaba allí, y entre todos los presentes, sólo lo miraba a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No será una persona disfrazada? —preguntó alguien sentado detrás de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No seas idiota —respondió otra persona. Padilla no se atrevió a voltear para identificar al dueño de la voz para no perder detalle de sus palabras —. No es la primera vez que vengo, y te puedo decir que esta clase de gente nunca daría gato por liebre. Fíjate cómo no está echando burbujas ni intenta salir a respirar. Es buena. Además, parece bastante sana. Le calculo unos… unos dos mil años, mínimo. Aunque, como no envejecen, no sabe uno bien a bien nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla se decidió al fin a volver la cabeza en busca del postor que había dado tan docta explicación, pero éste calló una fracción de segundo antes de entrar en el campo visual del administrador… momento que aprovechó Mariana para asomarse a la superficie e inhalar profundamente antes de sumergirse de nuevo justo un par de segundos antes de que la cabeza de Padilla volviera a su posición original.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ejemplar de sexo femenino, aleta angulada, nativa de las cálidas aguas del Mediterráneo—recitó Santos —, excelente salud, alrededor de dos mil trescientos años de edad —detrás de Padilla, la misma voz anterior susurró: Te lo dije. Si yo tengo buen ojo —, capturada frente a las costas de Augusta, en la isla italiana de Sicilia. Habla una especie de dialecto griego ya desaparecido, pero creemos que su nombre es Lighea, y es hija de Calíope, la musa de la poesía épica. Aparentemente no está emparentada con otros ejemplares que hemos ofrecido en subastas anteriores, por lo que este ejemplar resulta particularmente valioso para quienes estén interesados en intentar la crianza en cautiverio. Damos inicio con doscientos cincuenta mil…— alguien hizo una discreta seña, y Padilla lo notó —doscientos ochenta mil… ¿quién da trescientos…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los postores parecían inusualmente perezosos, como si les doliera cada centavo ofrecido, aunque varios minutos después, con mucho trabajo, alcanzaron cifras que realmente podrían calificarse como obscenas. Para Padilla, al menos. Abrazando su portafolio, se conformaba con ver cómo los demás proseguían el estira-y-afloja de cantidades estratosféricas, quedando cada vez menos de ellos en el camino. El jeque, por ejemplo, que parecía tan pudiente, tuvo que abandonar la puja después de un par de intentos. Padilla, de algún modo, terminó por no sentirse tan pobre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Santos estaba a punto de adjudicar el ejemplar a uno de los colaboradores, se oyó un estrépito en la entrada al salón. Un grupo de personas, vestidas mucho menos elegantemente que los invitados a la subasta, irrumpieron en el salón llevando pancartas y gritando toda clase de consignas. Padilla, sorprendido, miraba hacia uno y otro lado, preguntándose de dónde habrían salido aquellas personas que, obviamente, no habían sido invitadas, y que a duras penas eran contenidas por los elementos de seguridad privada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de ellas, un hombre de cabellera larga y cierto aspecto a medio camino entre hippie y grunge, se adelantó al resto de los invasores. Llevaba un chaleco que a Padilla le recordó los que suelen llevar los fotógrafos o, mas preciso aún, los que ciertos ecologistas usualmente portan. Efectivamente, al acercarse aquél sujeto, Padilla pudo ver sobre el chaleco el nombre de una organización ecologista: GreenHope, Derechos Humanos y Medio Ambiente, A.C. Al volver la vista, pudo ver que la mayor parte de los postores, mucho más rápidos y quizá más habituados a aquella clase de interrupciones, se habían movido mucho más rápido que él y habían ganado ya los cortinajes, detrás de los cuales tal vez hubiese una salida de emergencia. Padilla, en cambio, cuando pudo percatarse de ello, ya tenía a los manifestantes bloqueándole el paso, así que se convirtió (involuntariamente) en el único testigo del drama que se desarrolló a continuación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo hippie grunge contempló a Santos de arriba abajo. Mordisqueaba una espiga de trigo medianamente verde, pero se la sacó de la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El Príncipe de Lampedusa —dijo, y Padilla notó que hablaba con un cierto acento, quizá argentino —. Es de no creerse, es cosa de locos: el último descendiente de la familia de mayor alcurnia de la nobleza italiana se rebaja a la trata de personas —de pronto, volteó a ver a Padilla, que palideció al percatarse — ¿Y vos, ya compraste a un ser humano? ¿O sólo permitiste ésta atrocidad y te quedaste sin decir nada, así, tan piola? Parecés un buen tipo. Mirá, estos sujetos comercian con seres humanos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No son seres humanos, Santana —dijo una voz desde el fondo del salón. Padilla vio venir a Franti y a varios sujetos de aspecto intimidante vestidos de negro, que se interpusieron entre Lampedusa y el argentino, que sonrió sin arredrarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me lo figuraba —dijo —. Ni más ni menos que el muy temido Torquato Franti —López le dedicó a Vargas una mirada de furia asesina. Padilla comprendió que Franti guardaba recuerdos no muy gratos de aquél sujeto (aunque la prosaica realidad era que a López no le cayó nada en gracia el bautizo infame que Vargas le había recetado)—  ¿Cuántos tritones habés mutilado ahora para capturarla? —miró de nuevo a Padilla — ¿sabés que, para capturar a una sola sirena, se necesita destruir hasta a diez varones que intentan defenderla?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla, por supuesto, no acertó a contestar sino con un balbuceo ininteligible. El argentino le tendió la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Máximo Santana, delegado en Latinoamérica de GreenHope International. Mucho gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla, azorado, no le estrechó la mano. Aún no comprendía del todo por qué Lampedusa y Franti parecían verlo como alguna clase de amenaza. Vargas bajó la mano y encaró a López y Santos de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es increíble que después del incidente del centauro sin manos de San José de Costa Rica, no hayan escarmentado. Cuando supe que habían capturado una sirena en Italia y que pensaban que en éste país la subastarían impunemente, decidí verlo con mis propios ojos. Las autoridades sabrán esto pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla se estremeció al escuchar la risotada burlona de Franti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué les dirás? ¿Que tenemos secuestrada a una sirena? ¿Piensas que van a creerte? Las sirenas no existen para ellos. Te enviarán al manicomio… como de costumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vargas se mordió el labio inferior. López le había devuelto el golpe, y no tuvo más remedio que sobarse el chichón y seguir con la farsa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La lucha por los derechos de las criaturas semihumanas está a punto de conseguir que se aprueben leyes para proteger a los seres mitológicos en varios países. Ella es un ser humano… al menos en un cuarenta por ciento, y como tal tiene derechos. Puedo acusarlos de tráfico de personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya quisiera verte intentar presentar evidencias de eso ante un juez… si es que las consigues.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos hizo una seña repentina, chasqueando los dedos, y entró a toda velocidad el montacargas, conducido por uno de los ayudantes. Tomó la pecera gigante con cierta brusquedad y la levantó. Esto pareció enardecer a los ecologistas, que comenzaron a empujar a los guardias. El ayudante intentó meter reversa para dar vuelta, pero el dique humano de los guardias se rompió y los ecologistas, ya indetenibles, ganaron el área alrededor del montacargas y obligaron a bajar al ayudante. Uno de ellos trepó al asiento del conductor, mientras otros aseguraban la pecera atándola con cuerdas, y el que conducía intentaba sacarla por donde habían entrado con poca fortuna. Lampedusa y Franti, al intentar impedirlo, fueron rápidamente inmovilizados por los atacantes. Franti extrajo un arma de su saco, pero no llegó a dispararla porque le fue arrebatada por los ecologistas que lo rodeaban. Al ver que ella era repentinamente arrebatada de su lado, algo pareció surgir en Padilla. Repentinamente le hirvió la sangre como nunca lo había hecho en su sedentaria vida. Se precipitó hacia el montacargas empujando con inusitada energía sillas y colaboradores por igual. Vargas, imprudentemente, intentó detenerlo sujetándolo por el antebrazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Acaso sos loco? ¡Dejála ir! ¡Ella debe ser libre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla hizo, por única ocasión, algo para lo que nunca antes había tenido valor: retrocedió un paso… y le dio a Vargas un potente puñetazo en la cara. Vargas, semiinconsciente, cayó sentado, mientras Padilla corría hacia la salida buscando rescatar a su tesoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tamazaki, que estaba entre los ecologistas, se percató de lo sucedido y corrió a auxiliar a Vargas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Daiyoobu? —preguntó, y Vargas, aturdido y bastante molesto, no acertó sino a asentir con la cabeza, mientras intentaba limpiarse con las puntas de los dedos la sangre que salía de su nariz. No era la primera vez que resultaba golpeado por la víctima de un operativo, pero con toda seguridad tampoco era muy partidario de la idea de acostumbrarse a ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cuando Padilla salió, la caravana de vehículos de los ecologistas ya había desaparecido, dejando como único rastro una nube de polvo amarillento. Al administrador se le fue el alma al suelo… pudo haber sido el dueño, el propietario… y, de pronto, todo acabó de una forma repentina y absurda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y qué podría hacer él? ¡No sabía hacia dónde se habían ido, ni siquiera tenía la más remota idea de donde se encontraba él mismo ahora! Buscó con la mirada la limusina blanca, y efectivamente la encontró… con dos llantas bajas y Jaime descalabrado sentado al volante, intentando detener con un pañuelo la hemorragia de su cabeza. Sintió un nudo en la garganta, y las lágrimas parecieron asomar a sus ojos por un instante al sentir perdido para siempre su valioso sueño. Impotente, lanzó un suspiro y volvió al interior de la casa, cruzándose en el camino con Franti, que salió al parecer molesto y con mucha prisa. Pero para Padilla, envalentonado aún por lo que acababa de hacer, no le pareció tan amenazador como hacía algunos minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro, todo parecía abandonado. Padilla caminó entre los escombros intentando no resbalar. Sobre una mesa había una bandeja de plata, y al centro de ella un solitario canapé de salmón que había quedado intacto por un auténtico milagro. Padilla lo contempló unos segundos, y luego lo tomó con dos dedos y se lo echó a un bolsillo sin siquiera molestarse en envolverlo. Después de todo, nadie lo echaría de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresó trabajosamente hasta la sala de subastas. El montacargas había literalmente arado un camino entre las sillas aplastadas, así que aquel último tramo estaba prácticamente despejado. Padilla vio a Lampedusa sentado sobre la base de la pecera, junto a un enorme charco de agua producto de la impericia de los conductores del montacargas. El hombre del fistol lucía desesperado, desolado. Se limpió los anteojos con un enorme suspiro, y entonces pareció notar al administrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah, licenciado Padilla, creí que también se habría ido… lo siento mucho. Son unos agitadores que suelen darnos muchos dolores de cabeza si no somos lo suficientemente discretos. Las personas para las que trabajo se enfadarán mucho conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lanzó otro suspiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En fin, debo resignarme a mi destino. Tendré que pagar con mi vida la mercancía que permití que se llevaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla quedó estupefacto al escuchar a Lampedusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Oiga, no fue su culpa! ¡Esos tipos entraron como animales! ¿Qué no le pueden dar una prórroga o algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Una prórroga? ¡Usted no los conoce! No son de la gente que acepta pagarés. Uno debe darles efectivo o atenerse a las consecuencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Intente escapar entonces! ¡Finja que lo asaltaron, écheles cualquier cuento en lo que consigue el dinero!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No hay manera de engañar a éstas personas. Franti les reporta todos y cada uno de mis movimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Creí que Franti trabajaba para usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No. Ellos lo pusieron aquí para vigilarme. ¡Dios, no sé que hacer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla se percató de que no había estado tan errado al asociar mentalmente a Franti con Los Soprano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y necesito al menos cierta cantidad para cubrir una cuota mínima gracias a la cual me permitirán seguir viviendo —continuó Santos, mostrándole un pedazo de papel donde estaba escrita una cifra con muchos, muchos ceros —, pero ni siquiera con mi fondo de emergencia consigo completar mas que dos terceras partes del dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos quedaron en silencio. De pronto, el semblante de Lampedusa pareció iluminarse gracias al brillo esperanzador de una repentina idea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Licenciado Padilla, que pena ofrecérselo tan de golpe, pero… ¿aceptaría usted comprar un yate?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Un yate?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un barco. Es pequeño, y está prácticamente nuevo. Completamente equipado y con tripulación, al menos mientras se les pague el sueldo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y para que rayos quiero yo un barco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Piénselo, licenciado. Esos agitadores intentan devolverla al lugar donde fue pescada. Usted podría alcanzarlos allí y recobrarla, o mejor aún, capturar otra que fuera, esta vez, completamente suya. Si usted adquiere el yate, en agradecimiento, yo podría conseguir que mis… superiores le autoricen a pescar su propio ejemplar en aquellas aguas. Y nadie podría quitársela, porque esto sólo quedaría entre nosotros y usted, ni siquiera Franti lo sabría. Sólo imagínelo, licenciado. Un ejemplar, capturado por usted mismo en su hábitat natural, y por lo tanto en inmejorables condiciones, que fuera única y exclusivamente suyo. También podríamos ayudarlo a introducirlo al país en completo secreto, asesorarlo en cuanto a condiciones de cautiverio y, quien sabe, quizá de crianza en tierra firme. Todo depende de usted, licenciado Padilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El administrador quedó trémulo. Su imaginación lo dibujó como una especie de campeón de la pesca deportiva, que se reía de quienes atrapaban marlines mientras llenaba el barco de hermosas sirenas, cada una perdidamente enamorada de su pescador. Soñando despierto, lanzó un profundo suspiro abrazando su portafolio. Luego lo abrió y contó el dinero. No era suficiente, y su sueño reventó como una burbuja de jabón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es una lástima — repuso Santos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espere, espere —Padilla sacó las escrituras del edificio de debajo de los fajos de billetes —, tengo aquí unas escrituras… si me las pudieran aceptar en vez del dinero faltante… —abrió el folder y señaló un documento —¿Lo ve? Incluso vendido simplemente como terreno, el valor catastral alcanza a cubrir el resto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Licenciado Padilla, me ha salvado usted la vida! ¿Cómo puedo agradecerle? ¡Espere un minuto, por favor, iré a traerle las llaves del yate!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos salió a escape, y regresó con unas llaves y algunos documentos, mismos que entregó a Padilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El yate se llama Carobene, y está anclado en una marina en el puerto de Veracruz. La tripulación y un empleado nuestro estarán esperándolo allá. Mil gracias de nuevo, licenciado Padilla, espero que tenga usted buena pesca. Ah, una última cosa, licenciado — Santos sonrió, sacando un Cohiba del bolsillo de su camisa —, ¿tendrá fuego? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconcertado por aquella última petición, Padilla se esculcó los bolsillos, y dio con el encendedor que usaba para el boiler. Acercó la flama al extremo del habano de Santos, que aspiró el humo azulado, señalando al pecho de Padilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bonita corbata —dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padilla se miró la corbata un par de segundos, luego farfulló un vago Gracias, y salió corriendo. Afuera comenzaba a oscurecer. El administrador tomó un camión que lo llevó al metro Cuatro Caminos. De vuelta en casa empacó todo cuanto pudo, y salió rumbo a la central camionera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vargas tenía la cabeza ligeramente echada atrás para detener la hemorragia. López llegó por detrás y le recetó un zape. Vargas lo miró, confundido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo que Torquato? —lo increpó López, y Vargas, con expresión socarrona, echó mano de la sonrisa número dieciséis, es decir, de la más inocente de su catálogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Perdón, es que se me cruzaron los cables. Santos y yo íbamos por la calle de Torcuato Tasso el otro día, y me contó su historia. El pobre tipo acabó mal, era un incomprendido. Fue el único nombre italiano que se me ocurrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vargas se encaminó a la salida porque no tenía muchas ganas de recibir otro zape. Habían sido ya suficientes golpes para él por ése día, además de que había apostado con Santos y perdido. Vargas afirmaba que Padilla jamás tendría el valor de golpear a nadie. Santos afirmaba lo contrario. Vargas apresuró el paso para tener algún tiempo para despedirse de sus doscientos pesos perdidos, y López no tuvo más remedio que aguantarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos se acercó a él, dándole una fumada al Cohiba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Torquato Tasso acabó mal porque hizo demasiado caso de las opiniones y comentarios de otras personas —sus ojos se clavaron en los de López. Luego, siguió tranquilamente su camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá al yate le convenía un rebautizo, después de todo. Su nombre original era Tuxpan. Y para evitar que tal nombre invocase malos augurios de tiempos antiguos, el maestro Fidencio, mientras silbaba el Son de la Bruja, lo cubrió con un par de manos de pintura blanca. Cuando la pintura se secó, escribió la palabra Carobene en rojo, y debajo y también en rojo Italy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Que tal va, maestro? — preguntó Medina, acercándose a contemplar el trabajo y entrecerrando los ojos porque lo deslumbraba el brillante sol costero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bien lindo, puej. Nomáj que jeque la pintura…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien, maestro. Nomás apúrele, porque el cliente ya no tarda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El maestro Fidencio tapó los botes de pintura, y recogió pinceles y periódicos viejos. Justo a tiempo, porque minutos después apareció Padilla corriendo como loco por el muelle arrastrando una maleta. La maleta se abrió de improviso, y buena parte de su contenido quedó desparramado sobre los tablones del muelle. Padilla apenas le prestó atención a la ropa caída. Medina y los dos integrantes de la tripulación lo esperaban junto al pequeño yate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Licenciado Padilla? —le preguntó Medina —, tengo órdenes de hacerle entrega del yate Carobene. Le presento a la tripulación —los dos hombres de mar saludaron a Padilla —, ellos se encargarán de llevarlo hasta la región de Sicilia, en Italia. Desafortunadamente no podrán quedarse con usted debido a que lo que usted pagó por el yate incluye sólo su sueldo en el viaje de ida, pero durante el trayecto se encargarán de darle nociones básicas de marinería para que usted pueda navegar solo. Que tenga usted un feliz viaje, licenciado Padilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tripulantes ayudaron a Padilla a abordar el yate. Segundos después, con la proa apuntando hacia Europa, el Carobene abandonaba para siempre el bello puerto jarocho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos le entregó a Hidalgo el folder con las escrituras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora son ustedes los propietarios del edificio —dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias —respondió Hidalgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nomás no se vayan a manchar con las rentas, ¿eh? —bromeó Vargas, rascándose la vendoleta que tenía sobre la nariz, y el cliente sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por supuesto que no. Nosotros si sabemos lo que se siente. Gracias, muchachos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Medina, López y Vargas se adelantaron a la salida, y Santos y el cliente quedaron solos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sé cómo lo hicieron, pero… por favor, ni una palabra a mi hermana de esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La discreción es vital para nuestro trabajo, señor Hidalgo. Sabemos guardar secretos. A cambio, como ya le dije, sólo pedimos su colaboración de vez en cuando para alguno de nuestros operativos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Claro, lo que quieran. Estoy a sus órdenes. Le aviso que a partir de la próxima semana le voy a comenzar a depositar en la cuenta que me indicó… quizá tarde un poco en liquidarle porque el negocio ha andado mal… pero en cambio la galería de mi hermana parece ir viento en popa —sonrió —. Acaba de obtener baratísimo un lote de pinturas y está bien entusiasmada, pobrecilla. Dice que son obras poco conocidas de un pintor llamado… ¿cómo me dijo? —sacó un pequeño papel del bolsillo y lo leyó —Ah, si, Jackson Pollock. Unos cuadros bien raros. Puras manchas de pintura, imagínese —esta vez fue Santos quien sonrió — . Pero ella está feliz, y mientras esté feliz, lo único que me preocupa es que coma a sus horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estaba pensando… —dijo Medina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te va a hacer daño —repuso Vargas, travieso. Medina pareció molestarse por la interrupción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo que quiero decir es que Padilla me recuerda mucho a Milán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por supuesto —repuso López a su vez —, si parecen hermanitos de tan igualitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Padilla y Milán son más similares de lo que parecen —repuso Santos —. Ambos, a su manera, son una especie de soñadores: Milán sueña con hacer lo que ningún hombre ha hecho antes. Padilla sueña con poseer lo que ningún ser humano ha visto nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Exacto —dijo Medina —. Lo único que nosotros hicimos fue sacar al aventurero romántico que ambos llevaban dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santos dio otra fumada a su puro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Al ver el entusiasmo de Padilla, cualquiera sentiría tristeza de tener que revelarle la verdad. Es una lástima que las sirenas no existan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luna llena delineaba de plata la ondulante silueta del volcán Etna. La vista del un tanto lejano coloso desde la ensenada de Augusta, lo hacía parecer no sólo distante, sino también como el silencioso guardián de secretos poco comunes. A sus faldas caminaron hombres y dioses, y se obraron en tierra y mar prodigios nunca vistos por ojos mortales. El volcán callaba estos secretos como si hubiera recibido la orden de no revelarlos directamente de Zeus mismo. Y ahora, seguro de que nadie se atrevería a robarle esos secretos ya olvidados por los hombres, parecía dormir pacíficamente, como si tan sólo unos pocos años atrás no hubiera cubierto la isla de Sicilia con su hirviente furia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al contrario del Etna, el mar, bajo sus sábanas plateadas, parecía tener un sueño intranquilo, revolviéndose sobre el lecho marino como presa de atroces pesadillas. Sus olas, aún suaves pero agitadas por el siroco, hacían bascular un diminuto barco blanco que relucía a la luz de la luna como un fragmento suyo, arrancado por la mano de algún dios y colocado cuidadosamente sobre el mar sin romper la tensión superficial del agua. El barco ostentaba en la blancura lunar de su popa el nombre Carobene, y permanecía anclado algo lejos de la costa, oscilando sobre el mar insomne. Su único tripulante, en cambio, parecía haber perdido la batalla contra el dios Morfeo. El hombre al que ya todo el mundo en Augusta conocía como Padigia il messicano, roncaba estruendosamente, con la cabeza recargada en la mesa, peligrosamente cerca de un plato medio lleno de sopa fría de lata. Llevaba allí cerca de tres meses, tres meses sin la menor pista, sin el menor avistamiento. Y, sin embargo, aún no se daba por vencido, oteando el horizonte una y otra vez, gastándose los ojos en recorrer la costa entera con los binoculares, aguzar las orejas al menor chapoteo del agua… estaba convencido de que ella continuaba aquí, y no se detendría hasta encontrarla a ella o a otra de su especie. Y soñaba sobre la mesa que la encontraba, que ella caía en su red, que sería su tesoro, su mascota personal, única y exclusivamente suya, mientras el cabeceo del barco de plata lunar lo mecía como una cuna gigantesca, riéndose entre sueños de quienes le dijeron alguna vez que las sirenas no existen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las tres de la mañana, emergió de las profundidades una visión inaudita. Su sereno rostro de angelical belleza brotó de entre las aguas heladas, surcado por una expresión de curiosidad infantil. Sus ojos de un verde nunca visto en tierra firme se clavaron en el Carobene y siguieron su oscilar durante algunos minutos. Ajeno a ésta visión de fantasía, el navegante solitario sonreía en sueños. Aquella criatura imposible ladeó con curiosidad su hermosa cabeza de escultura griega, y el oleaje onduló su verde cabellera jamás contemplada por seres humanos, cubriéndole los hombros como un coral viviente. Contempló el barco lunar durante algunos minutos y, una vez medianamente satisfecha su curiosidad de criatura inmortal, se sumergió de nuevo con vigorosos movimientos de su aleta caudal cubierta de verdes escamas, llevándose consigo a las profundidades el secreto de su existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;© Televisa, S.A./Sony International Television. Los Simuladores creados por Damián Szifrón. Este es un Fanfic escrito sin fines de lucro.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-2235648488258979735?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/2235648488258979735/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2010/11/los-simuladores-sueno-en-azul-por-noemi.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/2235648488258979735'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/2235648488258979735'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2010/11/los-simuladores-sueno-en-azul-por-noemi.html' title='Los Simuladores: Sueño en azul, por Noemí B. Pérez.'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-2744238057612848762</id><published>2010-06-07T18:32:00.000-05:00</published><updated>2010-06-07T18:33:42.038-05:00</updated><title type='text'>El Chilango Inmortal.</title><content type='html'>Para toda la gente que se la pasa friegue y friegue diciéndome que por qué escribo puro relato fantástico y nada de historias más realistas, ahí les va su realismo y dejen de estar moliendo. Un agradecimiento a la Sra Sonia Pérez, del internet Jef-Ziva por prestarme un USB y salvar mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una de esas ideas fijas que suelen metérsele a la gente de vez en cuando. Tenía entre ceja y ceja la obsesión de la momificación. No momificación al estilo egipcio (parecería Bela Lugosi). Su clavadez era por las momias, digamos, naturales, es decir, la que determinado tipo de suelo y/o clima solían crear. La preservación y posible salvación del alma le tenían sin el menor cuidado, pero las del cuerpo derivaron en una extraña obsesión durante el resto de su vida. Pasaba horas en internet viendo cadáveres perfectamente preservados de monjes italianos o niños precolombinos, y tomando apresuradas notas que llenaron su diario en pocas semanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras su jubilación, y por cuestiones de presupuesto que le impedían ir a Italia o Bolivia, vendió todo lo que tenía (para enorme disgusto de sus familiares) y se fue a vivir a Guanajuato. El ocaso de su vida lo pasó en una casa cercana al cementerio donde se encuentra el famoso museo, viviendo como vivían los habitantes de la región, comiendo lo mismo que ellos comían y respirando exactamente el mismo aire, con la plena confianza de que semejante régimen lograría preservar su cuerpo para ser admirado por generaciones enteras por toda la eternidad. Dio órdenes expresas en su testamento para que no se pagase la perpetuidad de su tumba después de cierto tiempo calculado con toda precisión para que, tras ser exhumado su cuerpo, fuera puesto en exhibición junto con todas las demás momias, y con semejante confianza descendió a la tierra con una sonrisa en los labios cuando terminaron sus días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas, cuando los trabajadores del panteón abrieron su ataúd, treinta años después, ¡Oh, decepción!, encontraron sólo polvo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-2744238057612848762?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/2744238057612848762/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2010/06/el-chilango-inmortal.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/2744238057612848762'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/2744238057612848762'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2010/06/el-chilango-inmortal.html' title='El Chilango Inmortal.'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-5837202142224394850</id><published>2010-05-28T19:25:00.002-05:00</published><updated>2010-05-28T19:31:18.792-05:00</updated><title type='text'>Aviso Importuno del Javo</title><content type='html'>Aviso Importuno del Javo: Javier Rivero VENDO AUTO STRATUS SE CHRYSLER 2002 NEGRO, INTERIORES GRIS, 90,000 KM, SEGUNDO DUEÑO, FACTURA DE AGENCIA, VERIFICADO, TENENCIAS AL CORRIENTE, AUTOMÁTICO, RINES RT, LLANTAS NUEVAS, STEREO CASSETTE Y CD, $60,000 PESOS. MAS INFORMES A MI CORREO javojr@hotmail.com&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-5837202142224394850?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/5837202142224394850/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2010/05/aviso-importuno-del-javo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/5837202142224394850'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/5837202142224394850'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2010/05/aviso-importuno-del-javo.html' title='Aviso Importuno del Javo'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-8833784236231222373</id><published>2009-11-06T19:20:00.002-06:00</published><updated>2009-11-06T19:23:37.146-06:00</updated><title type='text'>La Sangre es más delgada que el Agua, Parte 3, Nov 20, 2009</title><content type='html'>Hola. pandilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les aviso que la parte 3 estará lista el dia 20. Prometo guardar una lana para que no pase lo de la otra vez. Podrán encontrarla donde siempre. Saludines.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-8833784236231222373?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/8833784236231222373/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/11/la-sangre-es-mas-delgada-que-el-agua.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/8833784236231222373'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/8833784236231222373'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/11/la-sangre-es-mas-delgada-que-el-agua.html' title='La Sangre es más delgada que el Agua, Parte 3, Nov 20, 2009'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-5247896404534855210</id><published>2009-07-30T20:13:00.003-05:00</published><updated>2009-08-04T18:36:38.809-05:00</updated><title type='text'>Ghost in the Shell, por canal 22, Agosto 8, 10 pm!!!!!!!!!!!!</title><content type='html'>&lt;div&gt;Hola, banda, ¡Acabo de enterarme de una noticia BOMBA!&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Como ya leyeron, Ghost in the Shell se va a transmitir el segundo sábado de agosto en el canal 22, pronto podremos disfrutar en casita (y sin pagar cable!!!!) la inmortal obra de Mamoru Oshii basada en el escasajefa manga de Masamune Shirow.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-5247896404534855210?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/5247896404534855210/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/07/ghost-in-shell-por-canal-22-agosto-8-10.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/5247896404534855210'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/5247896404534855210'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/07/ghost-in-shell-por-canal-22-agosto-8-10.html' title='Ghost in the Shell, por canal 22, Agosto 8, 10 pm!!!!!!!!!!!!'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-3743078340740138808</id><published>2009-07-23T22:55:00.002-05:00</published><updated>2009-07-23T23:02:09.455-05:00</updated><title type='text'>¡Esos son actores, con un caramba!</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Por medio de ésta especie de masomenos bitácora quiero enviar una calurosa felicitación a Salvador Delgado, por el extraordinario trabajo que hizo en el doblaje del último capítulo de la cuarta temporada de DR. HOUSE. Su desempeño fue poco menos que increíble, lo que demuestra la enorme calidad de los actores mexicanos de doblaje. ¡Muérete de envidia, Frank Carreño!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Mil felicidades.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-3743078340740138808?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/3743078340740138808/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/07/esos-son-actores-con-un-caramba.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/3743078340740138808'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/3743078340740138808'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/07/esos-son-actores-con-un-caramba.html' title='¡Esos son actores, con un caramba!'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-6159845495352289932</id><published>2009-07-13T19:30:00.005-05:00</published><updated>2009-08-25T21:04:14.711-05:00</updated><title type='text'>La Sangre es màs delgada que el Agua, Parte 2, 20 Jul 09</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hola de nuevo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya sé que dije el día 20, pero como no creo tener lana para el cibercafé mañana, decidí postear ésto de una vez. Pueden encontrarla en el mismo lugar donde está la primera parte. Enjoy!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y recuerden: LOS VAMPIROS SON COMIDA.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-6159845495352289932?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/6159845495352289932/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/07/la-sangre-es-mas-delgada-que-el-agua.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/6159845495352289932'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/6159845495352289932'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/07/la-sangre-es-mas-delgada-que-el-agua.html' title='La Sangre es màs delgada que el Agua, Parte 2, 20 Jul 09'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-3984177007962948930</id><published>2009-04-30T23:26:00.004-05:00</published><updated>2009-04-30T23:33:35.231-05:00</updated><title type='text'>¡Damos la bienvenida a Brigada Estelar!!!!</title><content type='html'>Hola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es para mí un enorme placer dar la bienvenida entre nuestros (algún día) numerosos seguidores a Brigada Estelar. Busquen el recuadrito que dice Seguidores y échenle un ojo a ése blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, también recomiendo el blog de mi maestro. Es interesante lo que dice sobre la epidemia: &lt;a href="http://emelkin.blogspot.com/2009/04/influenza.html"&gt;http://emelkin.blogspot.com/2009/04/influenza.html&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-3984177007962948930?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/3984177007962948930/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/04/damos-la-bienvenida-brigada-estelar.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/3984177007962948930'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/3984177007962948930'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/04/damos-la-bienvenida-brigada-estelar.html' title='¡Damos la bienvenida a Brigada Estelar!!!!'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-4419589152311275622</id><published>2009-04-24T20:12:00.010-05:00</published><updated>2010-06-07T18:30:39.753-05:00</updated><title type='text'>La sangre es más delgada que el agua. (Sueño 1 may 08) Parte 1</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Está demostrado que, debido a todas ésas monsergas de la selección natural, etc., la mayoría de los animales (excepto los grandes depredadores y aquellos que posean cierta corpulencia o armas defensivas), todos ellos poseen al menos un depredador natural que se alimenta de ellos, y en muchos casos, componen su única dieta.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Nuestra bella ciudad, llamada en la antigüedad la Venecia de Europa del Este, está infestada de una plaga. Son muchos, de muchos lugares, atraídos por la promesa de la sangre fácil. Muertos blancos, se desplazan sobre los tejados, los estacionamientos, los canales. Saltan de los edificios y, sin importarles sus huesos rotos, siguen caminando como si tal cosa. Nadie está seguro ni aún en el propio hogar: no se intimidan por supersticiones ancestrales y desdeñan el poder de los artículos religiosos. Las cápsulas de ajo deodorizado se han vuelto un artículo infaltable en cada familia y aún el niño más melindroso las toma sin dudarlo: es lo único que los mantiene medianamente alejados (sin mencionar el hecho de que también repele a varios vivos de olfato bastante fino). Además, contagian su mal a diestra y siniestra. Calculamos que al menos una sexta parte de la población ya vive de noche una existencia a la que es difícil llamarle vida. Sin embargo, debo decir que confío plenamente en que esto terminará. Comencé a tener ésta convicción precisamente justo después de que una chica de cabello color zanahoria que tenía diecisiete años desde hace veinte me contagió de la sed de sangre, abandonándome a continuación a mi suerte sin siquiera enseñarme la diferencia entre una vena y una arteria. Durante días, es decir, durante noches enteras erré por la ciudad. La sed me atormentaba terriblemente, pero la simple idea de alimentarme de alguien más me repugnaba y no lograba convencerme de drenar al menos algunas unidades de sangre a los vagabundos de la estación de autobuses. Es terrible el vampirismo: es como si el orden cósmico se alterara por tu culpa. Dios te creó para nacer, hacer de tu vida lo que debes hacer y a continuación azotar como chango y llegar a su presencia gloriosa y el paraíso o el infierno, según. Pero tú lo pones todo de cabeza: te niegas a morir, aunque de hecho ya has muerto, y ni pa tras ni pa delante. Y para mantener ése statu quo robas la vida de otros aunque no quieras hacerlo. Y yo no quería hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Y en ése dilema moral estaba cuando un grupo de ellos me rescató. Me ocultaron del sol y me dieron a beber de una rata cuando estaba a punto del desmayo. Al recobrar la conciencia, me percaté de lo sucedido e intenté vomitar, pero fue inútil. Sin embargo, ellos me trataron con amabilidad y trataron de enseñarme lo que era ser un vampiro. Intentaron convencerme de que bebiera sangre, ofreciendo incluso la suya, a lo cual me negué. Me aterraba la sola idea de mi situación actual, y me obsesionó la idea de salir en cuanto amaneciera, y que todo terminara aún antes de haber empezado, pero ni siquiera para ello tenía fuerzas. Así que, para mi propia sorpresa, acabé aceptando al menos la dieta de ratas, lo que me dio energías para acompañar a mi nueva familia en sus correrías aunque no fuera partícipe de ellas. Mis amigos solían ordeñar sólo algunas personas por las noches, casi nunca a los mismos, y sólo lo suficiente para calmar la sed, y así se aseguraban el alimento indefinidamente, al contrario de otros vampiros que no parecían sentirse satisfechos hasta drenar a las personas completamente. El asalto rara vez era violento: entraban a la casa de las víctimas mientras éstas dormían, ordeñaban a uno o dos de los miembros adultos, nunca a los niños, y salían tan sigilosamente como habían entrado. Y los ordeñados despertarían en la mañana con tan sólo cierta debilidad general y dos casi imperceptibles marcas en el cuello. Con ésta simple acción ganaron mi respeto y mi admiración eternos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Hace un rato hablé de los depredadores naturales de cada especie. Es normal que casi cada criatura sobre la tierra tenga uno o varios de ellos. Es la única manera en que el orden natural se equilibra.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Hay algo que muchos vampiros ignoran, y que los jefes de los clanes más antiguos no quieren que se sepa.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Los vampiros también poseen su propio depredador natural.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Hubo un tiempo en que la población de vampiros estaba estrictamente controlada: ellos se comían a la gente, y alguien más se los comía a ellos, y se conservaba una especie de equilibrio ecológico retorcido y extraño pero bastante lógico.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Desaparecido el depredador natural de los vampiros, la población de éstos se disparó.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Antes, los antiguos jefes de los clanes prohibían a sus hijos de sangre que se acercaran a los canales de agua salada. Muchos, deseosos de alimentarse, desoían las órdenes. Rara vez se les volvía a ver. Pero al ser cada vez más escasos los ataques, las prohibiciones de acercarse a los canales se fueron relajando hasta el grado de que ni siquiera los vampiros más ancianos se acordaban de la criatura ancestral a la que servían de alimento. Era aterrador para ellos ver cualquier sombra en el agua en aquel entonces. La simple vista de la silueta de su aleta caudal bastaba para ponerlos en fuga. Pero a aquella mítica criatura inmortal rara vez se le escapaba uno: se hablaba de voluminosos monstruos marinos que saltaban con la agilidad de delfines entrenados para pescar al vuelo a algún vampiro que se creyó demasiado listo para saltar de una azotea a otra intentando evitar el puente. Para aquellos seres, inmortales por derecho propio y no por arrebatarle la vida a alguien más, los vampiros eran fáciles de atrapar, y les aseguraban un alimento constante. No importaba dónde se escondieran, se decía que las criaturas del agua podían, aunque con ciertas dificultades, tomar forma humana. Caminaban por las noches en la ciudad y devoraban allí mismo a los incautos vampiros que se apresuraban a atacarlas, volviéndose los cazadores en presas. Y, cosa curiosa, seguían el mismo sistema de mis amigos: no devoraban de una sentada a todos los vampiros de la región, sólo los suficientes para que la población se repusiera, y tener siempre de ese modo una fuente de alimento segura.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Pero, como dije, aparentemente habían desaparecido. Y con ellas, la prohibición de acercarse al agua, así que podíamos cazar en donde quisiéramos. Bueno, sólo mis amigos, pues yo me había decidido a seguir mi dieta de rata, por toda la eternidad si fuera preciso porque, lo quisiera o no, ya me había hecho a la idea de lo que era yo ahora. Obviamente, carecía de la fuerza y velocidad sobrehumana de los vampiros que se alimentan de personas, así que la rata que intentaba atrapar aquella noche se me escapó en dirección al muelle. Me gruñía el estómago, así que me lancé en su búsqueda mientras mis compañeros suspiraban intentando armarse de paciencia. Querían sorprender a los vigilantes de los yates para ordeñarles un par de centímetros cúbicos, y era evidente que yo estaba haciendo mucho ruido. Me pidieron que me callara: si asustaban a los vigilantes antes de ordeñarlos, la sangre no tendría buen sabor y estaría, además, cargada de desagradables sustancias endocrinas. Intenté obedecer, pero seguía sintiéndome débil. Lo que sucedió después no me queda lo suficientemente claro: ¿tropecé, y accidentalmente metí la pierna izquierda al agua, o algo tiró de mi tobillo? Lo ignoro, pero el caso era que terminé sin mi rata, con el pantalón empapado... y con una extraña marca en la pantorrilla izquierda, justo sobre el tobillo. Mis amigos dieron la cena por perdida y acudieron en mi ayuda. Cuando levanté el pantalón para descubrir la marca, pensaron que me había arañado algún madero astillado, y me dijeron que no me preocupara: las heridas de los vampiros suelen sanar en cuestión de horas y desaparecer, como si nunca hubieran existido, en menos de un día.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Pero aquella marca no sanó. De hecho me causó fiebre y un dolor punzante el resto de la noche, cosa que sorprendió a mis compañeros, que podían sacarse las entrañas y seguir caminando llevándolas de corbata sin apenas percatarse de ello. Perdí el apetito, y no pude pegar los ojos en todo el día.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Abrí la tapa de mi ataúd, que tan generosamente me habían conseguido mis amigos, y eché un ojo al despertador. Eran las dos de la tarde. Es falso que los vampiros duerman tiesos como muertos en sus ataúdes: podía escuchar cómo mis amigos y maestros se movían dentro de ellos buscando posturas más cómodas, entre sonoros ronquidos. Me froté la cara con exasperación. Antes de que me contagiaran el vampirismo, me era imposible dormir de día a menos que estuviera en un estado de agotamiento total. Dormíamos en un sótano lejos del sol, así que decidí estirar un rato las piernas. Salí de mi sarcófago y di un par de vueltas, pero no lograba adormilarme. Fui hacia el ruinoso refrigerador, pensando en lo que dirían mis amigos al verme en busca de un bocadillo de mediodía... y quizá asombrándose de que éste bocadillo consistiera en una bolsa de plasma sustraída al banco de sangre del hospital universitario, cuando yo siempre me negué a alimentarme de sangre humana. Pero cuando abrí el refrigerador, descubrí que aquella sensación no era de hambre: al ver las bolsas de sangre, no sentí sino una profunda indiferencia, como la que sentiría Mahatma Gandhi ante una hamburguesa recién hecha. “La maldita dieta de ratas me está haciendo daño”, pensé instantáneamente. Si alguna de ellas me había transmitido alguna enfermedad o parásito de los muchos de que eran portadoras, ya me había fregado para toda la eternidad. Mis conocimientos de medicina vampírica se reducían a cero, mientras que mis compañeros, perfectamente inmunes, eran capaces de drenar a enfermos de Ebola y seguir tan campantes, por lo que probablemente no sabrían cómo ayudarme con mi falta de sueño y apetito, y con el maldito dolor de la pierna que, afortunadamente, comenzaba a ceder. Volví a recostarme en mi ataúd sin cerrarlo. Como no podía dormir, intenté al menos cerrar los ojos y relajarme.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Y entonces oí, como un susurro, aquella voz por primera vez, murmurando palabras difusas, como desenfocadas, como si se oyeran a través de una tapia las voces lejanas de la calle. Pensé que mis amigos hablaban dormidos, y por curiosidad quise averiguar de cuál de ellos era la voz. Pero no se parecía a la de ninguno. Y entonces me asaltó la desazón: si los sentidos de un vampiro que se alimenta de sangre humana son increíblemente agudos, ¿porqué ninguno de ellos despertó al oír la voz desconocida? A pesar de los ronquidos, yo sabía que saltarían de sus ataúdes ante el menor ruido que indicara una amenaza. Levanté la tapa del ataúd del jefe de nuestro grupo. A despecho de su aspecto feroz, dormía como un bendito, como el bendito que no precisamente era.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Y, en ése momento, me gruñó el estómago.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Cerré la tapa lo más rápida y silenciosamente que pude, y abrí de nuevo el refrigerador.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Sentía la tripa vacía, pero la sangre seguía sin antojárseme. Mas bien me daba asquito. ¿Qué rayos me estaba pasando?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;De pronto, caí en la cuenta de algo. ¿Y si...?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Subí como una ráfaga las escaleras, abrí de un tirón la puerta del edificio abandonado... y salí al sol.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;" align="center"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:130%;"  &gt;&lt;strong&gt;Parte 2&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Maldito calentamiento global, estaba haciendo un calor de todos los demonios. Busqué dinero en mis bolsillos y me compré un helado en la farmacia de la esquina. Con calma me senté a saborearlo a la sombra de nuestro edificio, tratando de descifrar lo que me había sucedido. ¿Me había curado de vampirismo? No lo sabía. Y si así era, ¿cómo lo había hecho? Si descubriera la receta, podría venderla por internet y ganarme una lana. Dieta de sangre de rata... clavarse un pedazo de madera astillada y húmeda sobre el tobillo izquierdo... quién sabe, quizá le había dado justo al punto de acupuntura que cura el vampirismo. Posiblemente la madera del muelle era de algún árbol con propiedades medicinales... me devané los sesos en vano, porque ninguna de mis hipótesis parecía coherente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Devoré el helado, desde la cobertura de chocolate hasta la punta del barquillo de galleta. Ni siquiera perdoné el chocolate derretido que se me quedó en los dedos, y luego me recosté a reflexionar largamente. El helado me gustó, de hecho me encantó, pero no me satisfizo. Seguía sintiendo hambre, e intuía que no podría quitármela con las existencias mundiales de Domino’s Pizza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cayó la tarde, y yo no podía dilucidar el misterio. Mis amigos despertarían en un par de horas. ¿Y qué les iba a decir? ¿”Miren, me curé de pronto y ni siquiera supe cómo”?. Lancé un suspiro. Como fuera, todo había cambiado. Yo estaba del otro lado ahora, había vuelto a la vida, había vuelto al sol y a los helados con cobertura de chocolate. Definitivamente no podría vivir con ellos de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y especialmente porque, cuanto más pensaba en mis amigos, más hambre me daba, cosa que simplemente no podía explicarme. Bajé de nuevo al sótano. Mis amigos seguían durmiendo. En aquél preciso momento, por alguna razón, me parecieron tan vulnerables, tan fáciles de ser destruidos en el sueño mortal de sus ataúdes, que me inspiraron compasión. Pero mi estómago se retorcía al verlos con violencia cada vez mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Busqué un lápiz, y en la envoltura del helado garrapateé un apresurado mensaje de agradecimiento y despedida. Era inútil decirles que me había curado, quizá únicamente lograría suscitar odio y envidia en aquellos vampiros de tan poco usual espíritu compasivo, así que sólo les escribí que me iba, y que les agradecía por haber cuidado de mí todo éste tiempo. Dejé la nota sobre mi ataúd, teniendo el presentimiento de que jamás (¡JAMÁS, BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA!) iba a volver a utilizarlo, y salí apresuradamente de allí rumbo a mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cruzar un puente, sentí una sensación distinta del hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré mi reflejo en el agua. Algo me llamaba allá abajo, y me pareció escuchar de nuevo aquella voz difusa que oí a media tarde. Sin embargo, me dominó el pensamiento de que tenía yo un aspecto atroz y que debía llegar a casa para asearme, y que si me entretenía en el camino volvería a encontrarme con un vampiro y entonces todo volvería a comenzar, así que bajé del puente corriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con desesperación abrí la puerta y lancé, como siempre hacía, las llaves sobre la cómoda. Me quité la chaqueta y la camiseta y abrí el bote de la ropa sucia para arrojarlas dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y retiré la mano de inmediato, porque una garra diminuta, pero armada de filosas uñas, casi me atrapa los dedos. Un resoplido amenazador brotó del interior del bote. Con la punta del mango de la escoba levanté cuidadosamente la tapa de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces el temor fue sustituido por un sentimiento de ternura. Una gata había elegido mi casa, y más específicamente el bote de la ropa sucia, como el lugar idóneo para dar a luz cuatro hermosos cachorritos, a los que no había dudado en defender con fiereza en cuanto levanté la tapa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca había tenido una mascota, pero decidí adoptar a la gata y a sus pequeños de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque es bien sabido que, en las casas donde viven gatos, las ratas no suelen entrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comí abundantemente y a mis horas al día siguiente. Hice la limpieza del refrigerador, y todo lo que hubiera caducado, estuviera verde sin ser vegetal o tuviera apariencia sospechosa, fue descartado de inmediato. El resto fue engullido con la misma rapidez. Y, sin embargo, aún tenía hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gata aprendió a tolerarme cuando le di croquetas, leche y atún de lata. Después del malentendido de ayer, comprendió que, aunque me moría de hambre, devorar a sus gatitos no estaba entre mis planes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dormí intermitentemente durante el día, por lapsos de quince minutos a dos horas. El resto del tiempo me mantenía en actividad constante tratando de limpiar la casa. Pero al atardecer, se me fue el sueño por completo. A la una de la mañana, oí ruidos en la calle. Antes de percatarme de ello, ya había salido sin siquiera ponerme un abrigo. No podía explicármelo, pero había escuchado lo que sucedía a varias calles de distancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un vampiro atacaba a una joven. La había sujetado con fuerza y trataba de alcanzarle el cuello. Ella, ¡pobre esfuerzo inútil!, intentaba oponer una desesperada resistencia. Pude ver claramente su gesto de terror y las lágrimas asomar en sus ojos. En ése momento, sentí rabia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vampiro sonrió al verme llegar, pensando que aquella noche era al 2 x 1 como en la pizzería. En cuanto terminara con la chica, probablemente seguiría yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero antes de que pudiera hacer nada, aparté a la chica de en medio y le di a él un golpe en el pecho. Mas bien fue una especie de empujón... pero lo mandó diez metros adelante, cruzó el canal volando por los aires y se estrelló contra el muro de la iglesia de San Nicolás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un estado de frenesí, atravesé el canal de un salto y levanté al vampiro sujetándolo por los hombros. De reojo noté que la chica salía huyendo como alma que lleva el diablo, pero nada me importaba ya en ése momento. Excepto la cena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vampiro me mordió la mano, e instintivamente lo solté. Y él gritó. Pude ver cómo brotaba humo de las comisuras de sus labios, mientras mis heridas cicatrizaron instantáneamente. Pero el vampiro sentía un dolor terrible y gritaba demasiado. Si sus compañeros lo escuchaban tendría encima al clan local entero en menos de un minuto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único que se me ocurrió para callarlo fue echarle atrás la cabeza y arrancarle la tráquea de una dentellada. Y, en ése momento, supe cómo saciar el hambre que me torturaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Parte 3&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incapaz de gritar, comenzó a agitarse frenéticamente en el piso, llevándose las manos a la garganta y boqueando como un pez. Ignoraba que no necesitaba en absoluto respirar debido a que, simplemente, estaba muerto. Engullí de un golpe el pedazo de tráquea. De algún modo estimuló las papilas de mi lengua como jamás lo hizo antes alimento alguno. Y sin detenerme a reflexionar si aquello era correcto o incorrecto, comencé a comerme al tipo allí mismo. Es extraño ahora que lo cuento, pues mis sensaciones estaban embotadas por el hambre y al mismo tiempo yo no parecía ser quien (o lo que) era, es como si me viera a la distancia describiendo lo inconcebible para un ser humano: el vampiro era &lt;i&gt;mi cena&lt;/i&gt;, y me había decidido a engullirlo por completo, cosa que descrita ahora suena horrenda, pero que en ése momento me pareció lo más lógico y natural del mundo. Era fácil hacerlo: separé del tronco por completo la cabeza, que se dedicó a mirarme con expresión atónita mientras me zampaba el resto de su cuerpo (excepto los pies, aparentemente se cambiaba los calcetines cada siglo). Sin embargo, sin saber del todo porqué, aparté los pedazos con la carne más suave y tierna, los brazos y los muslos, y los intestinos junto con el estómago, que había pensado desechar al mismo tiempo que la ropa. Pronto no quedó sino los huesos de cadera y torso junto a la estupefacta cabeza, cuyos ojos aún parpadeaban con asombro. Tardé algo en comprender el porqué de ésa mirada: él solía ser el cazador. Y para un cazador convertirse en presa es algo inconcebible. Simplemente no podía aceptar que él, que probablemente se alimentó de otros seres durante miles de noches, ahora se hubiera convertido en la cena de alguien más.&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Revisé el reloj de mi teléfono. Amanecería en unas tres horas. Coloqué el esqueleto, los intestinos, la ropa y la cabeza, que aún parpadeaba desconcertada, en una bolsa de plástico, y los dejé en un parque cercano cerca del cual no hay edificios altos, con la bolsa abierta. Les daría el sol antes de que alguien los descubriera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;En ése momento escuché voces que reconocí de inmediato. ¡Mi antigua familia de vampiros se acercaba! ¿Qué iban a pensar si me encontraban después de haberme comido a uno de los suyos?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;¿Y si volvía a sentir hambre enfrente de ellos? Eran vampiros, pero yo no quería dañarlos. Rápidamente volví a donde había dejado la bolsa de plástico y hurgué en los intestinos de mi víctima hasta sacar el estómago. La sangre me repugnaba, pero hube de vaciar el estómago y untármela en toda la boca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;En ése momento justo fue que me encontraron. Rápidamente deslicé el estómago tras unos arbustos. Me reconocieron de inmediato, los saludé, y me felicitaron al verme la cara llena de sangre, señal inequívoca de que ya me alimentaba de seres humanos sin ayuda. Afortunadamente no notaron que mi tono de bronceado había cambiado de &lt;i&gt;muerto fresco&lt;/i&gt; a &lt;i&gt;citadino pálido&lt;/i&gt; (aunque, pensándolo mejor, después de dos años sin salir de vacaciones, no es mucha la diferencia). Me sorprendió no sentir hambre al verlos, y eso me facilitó las cosas. Quizá mi estómago ya estaba satisfecho, o el aroma de la sangre me había quitado el apetito. Como fuera, ellos estaban a salvo de mí por el momento. Habían quedado de verse con un vampiro nuevo para enseñarle la forma de ordeñar correctamente, pero al parecer no podían encontrarlo por ninguna parte, y el jefe del grupo parecía preocupado de que la sed lo impulsara a atacar. Se despidieron, por tanto, y continuaron su búsqueda. Les estreché la mano efusivamente y les di las gracias por lo que habían hecho por mí, y ellos desaparecieron por las calles. Apenas se hubieron perdido de vista, corrí a lavarme a la fuente del parque antes de que el olor de la sangre me hiciera vomitar. Ellos me ayudaron, y yo jamás los dañaría, pero ahora intuía que eran el plato fuerte del resto de mi vida, ¿qué podía hacer?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Decidí no pensar en ello por el momento. Debía recuperar los &lt;i&gt;perniles&lt;/i&gt; de vampiro de su escondite junto al canal donde me lo comí. Recordé que había saltado sobre el canal y la mitad de la pequeña explanada junto al puente, mas otros tres metros del terreno de la iglesia. Y sin mayor esfuerzo de mi parte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;No quería aceptarlo. No había vuelto a la normalidad, no me había curado de vampirismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Simplemente me había convertido en una cosa diferente. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Llevé sin dificultad alguna los brazos y piernas (¡sin pies!) del vampiro hasta la orilla del canal, y allí los arrojé. Me senté unos minutos a esperar en silencio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;El agua en el canal se agitó al paso de una sombra submarina gigantesca Pude ver un dorso escamoso y una aleta caudal enorme. Y entonces lo supe.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Los perniles eran para mi nuevo maestro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Esperé reverentemente a que hubiera terminado de comer, y entonces me sumergí en el canal para recibir mis primeras lecciones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Mi apariencia cambió, y, aunque no fue una transformación total, ahora me parecía más a mi maestro, que me guió por los canales enseñándome los mejores lugares para cazar. Los perniles, como dije, eran para él. Era viejo, y ya no podía cazar como antes. Presa de la desesperación, veía cómo sus congéneres desaparecían mientras el número de vampiros se multiplicaba. Así que, si no puedes vencerlos, usa sus mismos trucos contra ellos. Él fue quien me mordió aquella noche en el muelle, secretando en la herida una toxina que me convirtió en lo que era ahora. De haberme alimentado de sangre humana entonces, me habría desintegrado enseguida. Él tenía buen ojo, así que me escogió, dándome una mordida lo más suave que pudo y aguantando las ganas de devorarme por completo, algo complicado, además, pues sus últimos dientes estaban ya flojos. Me había contagiado de ser lo que era ahora, así como la chica del cabello anaranjado me había contagiado de vampirismo. Ahora sería mi responsabilidad controlar a la población de vampiros y reclutar a otros, ya fuera entre vampiros o humanos, pero por el momento, había cosas mucho más importantes por aprender.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Nunca había viajado por los canales bajo el agua. Era como viajar bajo un cielo de plata y mercurio. Teníamos una vista privilegiada de las estrellas y de todo lo que estuviera junto al canal. Contemplé a mi maestro con detenimiento. Su aleta caudal era al menos diez veces mayor que la mía, y la forma humana que yo aún poseía él hacía mucho que había abandonado el intento de adoptarla. Le pregunté si Ulises en su viaje habría conocido a sus antepasados, ahora los míos. &lt;i&gt;Después de todo, somos inmortales, así que era probable que Homero hubiera mencionado en realidad a nuestra gente en &lt;st1:personname productid="la Odisea" st="on"&gt;la Odisea&lt;/st1:personname&gt;, y lo que se tomó por cantos seductores no eran sino llamadas para el apareamiento&lt;/i&gt;. No pude menos que sonreír ante las ideas de mi maestro, que de pronto me indicó que mirara hacia arriba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Un vampiro se ataba las cintas de sus botas negras. Siguiendo las instrucciones de mi maestro, saqué la cabeza del agua bajo el puente cercano para ocultarme de la vista de sus eventuales compañeros. Pero estaba solo. Apoyó el pie sobre una lancha estacionada para terminar de atarse las cintas. Evidentemente era tan joven que jamás oyó hablar de la prohibición de acercarse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Salí del agua de un salto, rodeé su cuello con mi brazo y me sumergí llevándolo conmigo sin darle la menor oportunidad de gritar. Pronto el cielo de mercurio y plata sobre nosotros se tiñó de rojo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Aquella noche comimos hasta hartarnos, y yo siempre desmembré las piezas de caza para darle a mi maestro las partes fáciles de comer. Deseé seguir cazando toda la noche, la carne de vampiro se había convertido en una auténtica droga para mí, pero mi maestro aconsejó que nos detuviéramos por el resto de la noche, o los vampiros sospecharían de la repentina y numerosa desaparición de compañeros suyos junto a los canales. Luego me enseñaría a cazar en tierra, decía que yo tenía la ventaja de que los vampiros aún me consideraban de los suyos y no me temerían. Podría acercarme a ellos como ninguno de mis congéneres lo había hecho nunca. Dijo que mi primera cacería en tierra había salido bien, pero que tenía que aprender a sorprenderlos para que no hicieran escándalo, y también debía aprender a pelear contra ellos pues los vampiros más viejos son excelentes peleadores. Tuve suerte de que me tocara un novato.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Llegamos al canal que pasa detrás de mi casa. Me despedí de mi maestro y recobré mi forma original (no puedo decir “mi forma humana”. Ya no lo soy). Aún podría dormir algunas horas antes de que amaneciera. Cuando alcanzase el tamaño de mi maestro, dormiría como lo hacen los delfines: con un hemisferio cerebral por vez. Pero por el momento el cansancio y el estómago lleno exigían un descanso de cuerpo y cerebro completos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Para mi sorpresa, la gata me recibió con un ronroneo mientras se frotaba contra mis piernas. Quizá porque me aceptaba al fin, quizá porque adivinaba mi verdadera naturaleza y para ella mi cuerpo olía a pescado, no lo sé. Pero le di de cenar para que alimentara a sus gatitos, y luego me tumbé en la cama sin siquiera molestarme en quitarme la ropa mojada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Otras noches, otras lecciones. Vampiros abiertos en canal, como pollos rostizados. Las garras que me brotan de los dedos mientras estoy en los canales están más afiladas que un cuchillo Ginsu. También puedo usarlas fuera de los canales, en los callejones oscuros o los tejados solitarios donde mis presas acechan a las suyas. Soy consciente de que, a pesar de que ellos son mi comida, también pueden resultar peligrosos: aún los más jóvenes e inexpertos son casi tan fuertes como yo mientras estoy bajo mi apariencia humana (claro, en los canales el asunto es muy diferente), así que la cacería en tierra firme depende en su mayor parte de la sorpresa. Mi maestro presume habitualmente su habilidad de moverse en tierra a una velocidad increíble en absoluto silencio para sorprender a los vampiros que intentaban alimentarse de las damas de la corte durante los saraos de &lt;st1:personname productid="la Coronación" st="on"&gt;la  Coronación&lt;/st1:personname&gt; (hace como doscientos años o algo así) y tengo la plena disposición de aprender todos sus trucos. Me he propuesto erradicar a los vampiros de esta ciudad en la que pasé los primeros años de mi existencia humana, porque no puedo soportar el ver sufrir a quienes alguna vez fueron mis congéneres. Mi maestro afirma que mi nobleza de sentimientos es muy loable, pero que, a mi edad, incluso las criaturas inmortales mueren de inanición, y que si después de haber terminado con todos los vampiros no devoraba yo al menos uno en dos días, me mataría el hambre. A pesar de todo, mi decisión era firme, y no me importaba el sacrificio, pero él dijo que no se hablaría de ese asunto hasta que me volviese tan hábil como él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Un día, mientras me lavaba los dientes, descubrí una pequeña bolita bajo mi lengua. Mientras me preguntaba con intranquilidad si nosotros, los inmortales de los canales, podemos padecer cáncer de mandíbula, mi maestro se comunicó conmigo como si sólo esperara éste momento. Esa bolita era un resabio de cuando mis antepasados eran hermafroditas, y tanto los machos como las hembras de nuestra especie la poseíamos. Era un ovipositor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;¿Un QUÉ?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Se trataba de un pequeño tubo retráctil con el que se ponían los huevecillos de nuestras crías para ser fecundados. También podíamos segregar e incluso disparar con él pequeñas cantidades de veneno a distancias cortas. Esto, claro, en tierra firme. Por supuesto, éste tema sacó a colación el del apareamiento de nuestra especie, y mi maestro, con un notorio embarazo, decidió dejar el tema a un lado por el momento. El ovipositor era, sin embargo, un arma formidable. Incluso los huevecillos sin fecundar resultaban extremadamente venenosos, paralizando a una posible presa en segundos o incluso matándola, dependiendo de la clase de toxina que hayamos inoculado en el huevecillo. Aunque no dejaba de pensar en lo que sucedería si le acertaba a una persona por error, mi maestro afirmó que no tenía razón para preocuparme. Sólo por probar, seguí sus instrucciones y produje un huevo infértil con no pocos trabajos. Era oval y más pequeño que un huevo de codorniz, pero estaba cargado de letal veneno.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;De pronto resbaló de mis dedos y se estrelló contra el piso. Mientras retraía mi ovipositor bajo la lengua e iba en busca de una toalla de papel para limpiar mi gracia, uno de los gatitos se acercó a oler el huevecillo roto. Dio dos o tres lengüetazos al contenido y luego, desanimado por el sabor, se fue en busca de un juego mucho más interesante, después de haber ingerido veneno suficiente como para matar a diez vampiros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Preparé la ropa sucia para meterla al fin a la lavadora. La gata, en un arranque de generosidad, había accedido a devolverme el uso del bote de la ropa sucia (mediante el previo soborno de comprarle una camita en la tienda de mascotas). Ahora se regodeaba en su flamante lecho mientras veía jugar a sus tres hijos, cuyos retozos trataba yo de no interrumpir, aunque incluso con mi agilidad sobrehumana debida a la ingesta masiva de carne de vampiro, era difícil caminar sin pisar accidentalmente una patita o una colita llevando un cesto lleno de ropa en los brazos. Abrí la lavadora tras dejar a un lado el cesto, y vacié en ella una dosis de jabón líquido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;De pronto, me di cuenta de algo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;La gata había dado a luz cuatro gatitos. Y sólo tres estaban jugando allí. Se me paralizó el corazón, ¿dónde podría estar el otro gatito?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Lo busqué infructuosamente por todo el cuarto, en vano. Y no dejaba de ser raro que un ser inmortal de los canales que no dudaba en decapitar vampiros a dentelladas sintiera tanta inquietud por un animalito que de cualquier manera no viviría muchos años. De pronto recordé que estaban jugando cerca del huevecillo que se me había caído al piso, y palidecí de inmediato. Probablemente el gatito se había envenenado por mi torpeza. Sentí súbitamente una profunda angustia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Y en ése momento, escuché un tenue maullido. Corrí hacia el lugar de donde provenía mucho más rápido de lo que lo haría si no hubiera comido en dos días y viera a un vampiro en traje de baño disponiéndose a nadar en el canal. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="font-size:100%;"&gt;Bañado en jabón líquido, el cuarto gatito esperaba anhelante, en el fondo de la lavadora, que alguien lo rescatara.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 12"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 12"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJEFZIV%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;link rel="themeData" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJEFZIV%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_themedata.thmx"&gt;&lt;link rel="colorSchemeMapping" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJEFZIV%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_colorschememapping.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; 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text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Éste incidente le dio qué pensar a mi maestro. Yo aún conservaba emociones demasiado humanas. Mientras bañaba al gatito en el fregadero de la cocina para retirarle el jabón, me dijo que aquello podría acarrearme dificultades. Se supone que, para nosotros, sentimientos como la compasión resultan inútiles. Los seres humanos, por ejemplo, no merecen consideración sino como presas de nuestras presas. Donde hay humanos, hay vampiros que se alimentan de humanos, y sólo nos ocupamos de ellos como referencia. Pero yo había pertenecido a la raza humana antes, y no dejaba de preocuparme por mis amigos y vecinos, y antiguos familiares. Además, tenía el argumento de que, si los humanos desaparecían, los vampiros lo harían también... junto con nosotros. Protegiendo a las personas podíamos asegurarnos nuestra fuente de alimento a perpetuidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;No pude convencerlo. Los inmortales existían prácticamente desde que había seres que se alimentaban de sangre, y jamás habían tenido necesidad de emociones como las mías al procurarse el alimento. Pero yo no sólo cazaba por hambre, sino también para proteger. No dejaba de pensar en la chica a la que salvé la primera noche, ¿estaría bien? ¿habría llegado a salvo a su destino? ¿cómo saberlo? No había esperado a que yo terminara con el vampiro que la atacó para darme las gracias y avisarme que me llamaría cuando estuviese segura en casa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Probablemente me tenía miedo también. Quizá pensó que se trataba de una habitual riña entre vampiros de clanes vecinos por invasión de territorio, lo cual suele suceder. Y si yo le explicara lo sucedido, eso no significaría forzosamente que no me temería de cualquier manera. Afortunadamente, para cuando me lo comí, ella estaba ya lejos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;En todo caso, ella estaba a salvo. Enjuagué al gatito cuidadosamente con agua tibia, lo sequé con una toalla vieja lo mejor que pude y lo entregué a su madre, para que terminara de acicalarlo lamiéndolo, lo cual hizo durante un buen rato.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Decidí que no renunciaría a mis sentimientos humanos de ningún modo, y aquella tarde tenía ya una idea de cómo expresar mi compasión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Regresé al viejo edificio en ruinas a eso de las tres de la tarde, justo cuando el sol cae a plomo y las sombras son angostas. En el sótano, mis antiguos amigos dormían a pierna suelta. El edificio, antaño un hotel, poseía un patio trasero&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;bastante grande donde se acomodaban dos canchas de tenis y una piscina ahora llena de hojas secas y basura, rodeado de una cerca alta colocada por los expertos en demolición que iban a derribarlo &lt;i&gt;algún día&lt;/i&gt;. En la penumbra del sótano que una vez fue mi hogar, abrí los ataúdes en completo silencio. Me había asegurado de alimentarme bien la noche anterior para poder hacer esto sin el menor indicio de hambre. La dignidad de mis amigos no exigía otra cosa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Era la única manera de asegurarme que el hambre no me orillaría a comérmelos algún día.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Mis amigos dormían en completa paz. Para asegurar su supervivencia, no se despiertan a la mitad del día para no salir al sol por accidente, así que un tren podía pasar encima de sus ataúdes sin que lo sintieran. Sus ronquidos me hicieron sonreír, no sin cierta tristeza. Ellos habían cuidado de mí, me habían protegido y alimentado, y alejado del sol. Me habían ayudado sin dudar en absoluto cuando sucedió el incidente del muelle, renunciando de inmediato a una buena cena fácil. Y sin siquiera imaginar que aquél accidente aparentemente insignificante había desencadenado el Apocalipsis para su raza. Yo no podía demostrar mi agradecimiento de otro modo que salvándolos de mi propia voracidad, que sospechaba que algún día bien podría estar fuera de mi control.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Suspiré con tristeza y echándoles una última mirada, cerré bien los ataúdes y cargué con ellos rumbo al patio, llevándolos de dos en dos. Vacié el refrigerador y lo desconecté, y quemé las bolsas de plasma en un balde de metal que encontré entre el cascajo. Podían haber salvado la vida de alguien, pero no sabía a ciencia cierta si estaban contaminadas con saliva de vampiro. Mejor no arriesgarse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;También revisé los objetos personales de mis amigos. En muchos casos, reliquias de su antigua existencia humana, a las que se abrazaban como niños pequeños a sus osos de peluche, añorando en secreto a sus familias y sus vidas anteriores. Incluso nuestro jefe, con su aspecto intimidante, conservaba un retrato a blanco y negro de su hija (que, por lo que sabía, había cumplido 65 años recientemente), cuando ésta era pequeña. Ambos estaban en la foto, y era difícil reconocer en aquél sonriente caballero peinado con brillantina al vampiro temible que nos guiaba con mano de hierro pero también con una enorme compasión. Todos sufríamos, y estábamos en el mismo barco, pero debíamos sobrellevar nuestra maldición con la mayor entereza y dignidad posible. La voracidad y el abuso de nuestra fuerza, tan característicos de clanes mucho más grandes, estaban prohibidos entre nosotros. Si sufrir de aquella maldición no me enorgullecía, si lo hacía en cambio el hecho de vivir en una &lt;i&gt;familia&lt;/i&gt; así.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;También quemé aquellos objetos, en su mayoría fotografías. Era inútil afligir a sus familiares notificándoles. Ya sufrían bastante al saber a sus seres amados vueltos criaturas de sangre y noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Y cuando el fuego se hubo consumido, abrí el primer ataúd por atrás, sin ver su interior. Una pequeña nube de humo y cenizas se levantó de inmediato. Quiero pensar que estaban dormidos y no sintieron dolor cuando abrí sus féretros al sol inmisericorde.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Con lagrimas en los ojos, abrí el último de los féretros. Luego, caí de rodillas y rompí en llanto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Dicen que lo mejor para curar la depresión es comerse un vampiro cubierto de helado de chocolate con trocitos de galletas Oreo. El vampiro fue fácil de conseguir, pero el helado me costó más trabajo porque ningún tendero en su sano juicio abriría hasta tarde. Descubrí que los cráneos de vampiro, ahuecados y con un pequeño agujero en la punta, hacen unas bolas de helado realmente grandes. Me he vuelto fan de los helados desde que descubrí que podía volver a comerlos. Quizá debería comprar un par de litros para tenerlos en casa. Con mi tristeza aliviada y un leve dolor de cabeza, me sumergí alegremente de un salto en el canal más cercano, para deambular sin rumbo por toda la ciudad a velocidad de crucero.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Una vez gastada la euforia producida por un par de cubetas de cuatro litros de helado, me hundí en el fondo del canal a pensar las cosas con calma. Puse los brazos bajo la nuca para disfrutar del tembloroso cielo estrellado sobre el canal, e incluso pude contemplar el vuelo de un par de pájaros nocturnos. No me sentía culpable en absoluto. Triste sí, tal vez, pero no culpable. Había evitado la posibilidad de cometer una ingratitud, y eso me bastaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Pensé en la chica del cabello anaranjado. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Seguiría viviendo de la sangre de alguien más o habría decidido salir a broncearse? ¿Tendría al menos una vaga idea de lo que soy ahora? ¿De que soy responsable de la desaparición de varios de sus congéneres? Los vampiros son seres egoístas. Muchas veces a un clan le viene valiendo queso lo que le suceda a otro, y si convenientemente desaparece para poder adueñarse de su territorio, mejor. A menos que se dieran cuenta de que yo amenazaba la existencia de todos ellos, no unirían fuerzas ni para matar a Van Helsing.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Y ellos ignoraban mi situación actual.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Muchos jefes de clanes me conocían como la mascota del grupo de mis amigos. Otros pocos sólo me conocían de vista, pero no tenían motivo para desconfiar. Si me presentaba ante ellos, probablemente creerían que, al haber perdido a mi pequeña familia, buscaba a quien arrimarme para que me protegiera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Pero no dejaba de pensar en ella. Me entristecía su existencia. Al principio la odié por lo que me había hecho, pero ahora no podía sino compadecerla, aún contra mi voluntad y mi instinto de inmortal de los canales, que no me gritaba otra cosa que ella no tenía mayor valor que ser un simple bocadillo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Decidí que debía acercarme a ella y darle la oportunidad de salvarse como mi maestro me la había dado a mí. Si no era así, yo personalmente la destruiría.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Intenté con varios tipos de maquillaje, y al fin di con un polvo blanco que cubría la piel bastante bien y que le permitía respirar a un tiempo. Debía recobrar cierta palidez cadavérica para que mis antiguos conocidos no se sacaran de onda al encontrarme tan repentinamente rozagante. La sangre, en cambio, resultó todo un problema: no podía usar sangre artificial ni de animales, a ellos les bastaría percibir un tenue olor para distinguir la diferencia, así que debía usar sangre humana real. Esto representó un grave inconveniente por dos razones: una, la sangre humana nos da asco a los inmortales de los canales; y dos, para conseguir sangre humana fresca debía, o robármela de un hospital, o esperar a que un vampiro se alimentase y entonces atraparlo... lo cual necesariamente implicaba el sacrificio forzoso de una persona, perspectiva que no me entusiasmaba mucho. Tampoco me seducía la idea de robarla de un hospital donde podía ser necesarísima, ya fuera para víctimas de accidentes o de ataques de vampiro. Ninguna de las dos opciones era buena, pero decidí jugármela con la opción de acechar a un vampiro y atraparlo cuando se estuviese alimentando. Lo que, afortunada (o desafortunadamente), no tardó en suceder.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Estuve patrullando a pie aquella noche, aunque siempre sin apartarme de los canales por si necesitaba del agua. Ya empezaba a rendirme cuando, a algunas calles del teatro, escuché gritos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Cinco vampiros atacaban a varios jóvenes actores que, desoyendo las advertencias, salían muy tarde de ensayar una obra de teatro universitario. Aunque no tenía quien me ayudase, no dudé en atacar. Cuando llegué, uno de ellos, completamente calvo, ya había atrapado por el cuello a un actor de cabello negro. Sin dudarlo, ataqué a los demás, que aún no conseguían presa, y le arranqué la cabeza a uno de ellos. De inmediato me dominó un furor por matar, y me es difícil recordarlo racionalmente todo. Recuerdo vagamente haberle arrancado el corazón a alguien y engullirlo de un golpe, pero la verdad es que no lo recuerdo con exactitud. Debí haber llevado mi cámara de video. Creo que también le disparé a alguien más un huevecillo en el ojo, me parece que se convulsionó y se deshizo como si le hubiera dado el sol. El caso es que, al verse repentinamente sin sus compañeros, el vampiro calvo abandonó al chico y salió corriendo. Y fui tras él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Mi preciado saco de sangre con patas libró de un salto el muro del cementerio de San Atanasio, y lo seguí de inmediato... para aterrizar mi cara justo en su puño derecho. Me estrellé contra la pared quedando K.O. por unos segundos, momento que aprovechó para golpearme a su sazón y reanudar la carrera. Con la vista nublada, recordé el canal que cruzaba el cementerio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;El vampiro calvo se ocultó detrás de la tumba de nuestro poeta nacional, un monumento bastante grande y de gruesas columnas, para tomar un respiro. Las aguas del canal frente a él lucían tranquilas y reflejaban la luna. Probablemente se preguntaba quién era yo y de dónde había sacado tanta fuerza para terminar así con todos sus compañeros. Las aguas del canal alimentan el espejo de agua que rodea la llama votiva de la tumba del poeta. Más tranquilo al ver que me había perdido, se acercó al espejo de agua y se mojó la cabeza calva para refrescarse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Jamás voy a olvidar la expresión de su cara cuando me vio bajo las aguas extender mi brazo hacia él para atraparlo, clavándole mis garras en la garganta y arrastrarlo hacia el fondo de la fuente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;El joven actor, desangrado, yacía en la acera, rodeado de sus compañeros. Para cuando volví, se encontraba agonizando. Los demás integrantes de la compañía de teatro retrocedieron temerosos al verme llegar. Supliqué en silencio a mi maestro. Yo sabía que él poseía esa clase de conocimiento aunque lo considerara inútil, y le pedí que lo compartiera conmigo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Al fin accedió. Me cubrí la boca con una mano para que el resto de los chicos no me viera producir un huevecillo con poderes curativos, mismo que deslicé en su boca obligándolo a tragar. Eso lo estabilizaría hasta que la ambulancia llegase. Su sangrado se detuvo de inmediato ante la estupefacción de los demás. Decidí irme de inmediato para evitar preguntas incómodas, después de todo, el joven actor se salvaría.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Ya tenía la sangre humana fresca. Anudé el estómago del vampiro y lo metí al refrigerador para que no se arruinase su contenido mientras me maquillaba, poniendo especial énfasis en cubrirme los moretones. Definitivamente debo mejorar mis técnicas de combate, porque no todas las calles de la ciudad poseen un canal o una fuente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;De última hora decidí no lavar la ropa que traía puesta cuando me mordieron, y con la que había pasado mis últimas semanas de vida nocturna. Aún conservaba el olor de la transpiración de sangre de rata, y me sería muy útil para despistar el fino olfato de los vampiros. En cuanto me la quitara de nuevo debía meterla en una bolsa Ziploc. Fue la ropa sucia la que me dio la idea del disfraz, idea que maduró cuando entregué el gatito mojado a su madre. Ella tardó en reconocerlo (todos los gatos mojados huelen a gato mojado, supongo), pero en cuanto distinguió el aroma característico de su hijo debajo de toda ésa agua se lanzó a lamerlo con entusiasmo. El problema era que estaba procediendo a ciegas: el olfato de los vampiros es distinto del nuestro, ellos perciben olores que nosotros no, y viceversa. Esperaba que el aroma de la sangre mas el de la ropa sucia cubrieran mi olor de inmortal de los canales. Si algún vampiro viejo me reconocía por el olor, aquello sería causa perdida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Uno de los clanes más importantes suele reunirse de vez en cuando en el Boulevard Dostoievski para tratar sus asuntos importantes y armar sus reventones. Usualmente atrapan comida para llevar, y los cadáveres secos se acumulan ante la puerta de su antro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Desde mi escondite veo a varios de ellos entrar y salir, mientras repaso mentalmente todas las sustancias de mi bioquímica corporal que debo combinar para cada tipo de toxina y huevecillo que puedo producir. Tengo uno al que le llamo &lt;i&gt;rayo de sol&lt;/i&gt;, pues desintegra a los vampiros igual que si hubieran salido a broncearse (como dato cultural, entre ellos &lt;i&gt;salir a broncearse&lt;/i&gt; significa autodestruirse, como un suicidio. Si ya te hartaste de vivir de pura morcilla simplemente sales al exterior y esperas a que amanezca). Tengo sustancias que los duermen, los envenenan, los paralizan e incluso los ponen bajo estados hipnóticos donde, si yo digo &lt;i&gt;rana&lt;/i&gt;, ellos saltan. También puedo producir una especie de equivalente vampírico del LSD, que los deja peor que hippies y totalmente vulnerables. Los venenos, en cambio, los pueden cegar temporal o definitivamente, producirles quemaduras o impedirles respirar. Soy un estuche de monerías.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Basta de risas. No me acabo de creer la suerte que tengo: el jefe del clan está allí ahora: desciende de su flamante Bentley (un auto británico carísimo), y el resto de los vampiros le rinde pleitesía. Lo único que tengo que hacer es llegar hasta él con mi famosa cara de perrito abandonado, y decirle que mi miniclan fue destruido dejándome en la más absoluta orfandad. El tipo tiene fama de generoso, y si le hago la barba no faltará donde me acomode. Y si eso no funciona aún tengo mi farmacia integrada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Pero no hay necesidad de ello. El príncipe local de los vampiros me abre los brazos con tan sólo reconocerme, y me presenta con el resto de los jefes de clanes, que esta noche son sus invitados de honor. Hasta el amanecer memorizaré nombres y ubicaciones de buena parte de sus escondites diurnos porque, claro, para apantallar a su anfitrión con su enorme generosidad, todos me ofrecen acudir a ellos sin dudarlo, si tengo una emergencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Me ofrecen una copa de sangre. El jefe quiere brindar a mi salud, y todas las copas se levantan celebrando mi salvación y nueva vida. Tras dudarlo un poco me uno al brindis, rogando a Dios que me ayude a aguantar las ganas de vomitar. En cuanto miran a otro lado engullo de golpe un par de tabletas de Dramamine que traía preparadas para ésta contingencia, y me limpio la sangre del rostro con pequeños golpecitos, para beneplácito de mis anfitriones. Ellos creen que se trata de modales delicados, pero la realidad es que si me froto con fuerza el maquillaje de la cara, obviamente me lo voy a limpiar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Por hoy me convierto en la mascota de la corte. Mañana alguien más será el bufón, pero por ahora aprovecho mis quince minutos de fama. Nadie reconoce mi olor: en éste clan no hay vampiros mayores de 80 años, que es la edad a la que podrían recordar mi aroma. El jefe del clan sonríe de orgullo, en su tribu no hay viejos que estorben. Yo sonrío a mi vez: la ignorancia es mortal. Pregunto por los ancianos, y me responden que cualquiera que envejezca es condenado a salir a broncearse. No puedo evitar sonreír de nuevo. Antes de contagiarme de vampirismo, creía que los vampiros eran invencibles. Ahora me asombra lo fácil que resultará acabar con ellos. Descubro asimismo la existencia de los parias, pues todos me expresan su alegría de que no haya yo terminado como ellos: carecen de clan y viven al margen de la sociedad nocturna, durmiendo en coladeras y alimentándose de ratas y perros callejeros. Viven en zonas donde ya ni siquiera hay humanos: ni los más pobres y necesitados se arriesgan a vivir allí (mientras que las zonas más habitadas por las personas, como los conjuntos de edificios de departamentos, son los territorios más valiosos para los vampiros). Serán una fuente de alimento fácil, y me ayudarán a despistar a los clanes porque, ¿quién se preocuparía de la desaparición de los parias?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Sin embargo, el tiempo me enseñaría una cosa diferente, pero por el momento me felicitaba por haber encontrado una alacena tan bien provista. También noté algo: los vampiros se mataban entre sí por un &lt;i&gt;quítame esas pajas&lt;/i&gt;. Si alguno desaparecía misteriosamente, incluso ante sus narices, ninguno de ellos se preocuparía en absoluto. No podía creer mi buena suerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Y entonces se me ocurrió una idea suicida. Aunque la sangre me había disminuido el apetito, sólo por probar, decidí matar y comer allí mismo. Mientras ellos se entregaban a una bacanal de sangre, atrapé y devoré a una de las favoritas de mi anfitrión en un rincón oscuro muy cerca de su trono. Él, mientras tanto, estaba demasiado ocupado con otra de sus chicas para notar lo que yo estaba haciendo, lo mismo que todos los demás. También devoré a uno de sus guardias de confianza. Eran bocados deliciosos, no como la plebe que suelo atrapar en los canales. Un manjar de reyes, engordados con sangre de primera. Me deshice de los restos arrojándolos a la calle de atrás desde la azotea, y volví&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;dentro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Mi anfitrión se había hartado de la chica con la que estaba, y llamaba a gritos a la que me había comido. Su concubina enfureció al verse despreciada por la ausente, y se separó de él dándole un empujón en el pecho. Pero el jefe apenas le prestó atención, concentrado como estaba en llamar a alguien que ya no le respondería. Pronto toda la corte se puso en movimiento buscando a la amante perdida. Me ofrecí a unirme a la búsqueda, cosa que el jefe me agradeció, pero la realidad era que mi hambre se había desatado y estaba buscando la manera de ganar tiempo para controlarme. Además, me entristeció la forma en que despreció a la joven con la que estaba. Y mientras el resto del clan y los invitados iban en busca de la chica extraviada, me encaminé a las habitaciones del jefe.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Sentada junto al féretro, la chica despreciada se secaba las lágrimas con furia. Entré tras dar dos golpes en la puerta. Ella rompió en llanto sólo de verme, gimiendo por el insulto de que había sido víctima. Mi aspecto debe haber sido de una indefensión tal que ella corrió a mis brazos buscando consuelo y alguien en quien confiar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Me gustan los leones. Sobre todo, me gusta la forma en que las leonas suelen cazar, apretando la tráquea de su víctima hasta que se asfixia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Ella se refugió en mis brazos. Nadie vendría en ésta dirección, yo lo sabía, y la abracé, dándole el consuelo que necesitaba desesperadamente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Y, de pronto, mordí su cuello.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Sus brazos se tensaron en busca de aire. Trató de atacarme sin hacerme mayor daño. No podía ver bien sus ojos, pero me parecía verlos, abiertos con terror y aún llenos de lágrimas y maquillaje corrido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Pronto dejó caer los brazos, exánime. La sostuve con mis dientes una fracción de segundo, sin decidirme a tomarla con las manos. Mi intención primaria había sido, efectivamente, consolarla, porque me había dado lástima el desprecio con el que había sido tratada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Pero mi instinto había sido más fuerte. Había comido otra pieza antes de venir a verla a ella, para no tener hambre, pero la realidad es que había perdido el control y sufría de una especie de frenesí alimenticio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;En ése momento, escuché pasos que se acercaban. Me invadió el miedo, y recorrí con la vista toda la habitación en busca de un escondite. Mis ojos se detuvieron repentinamente en algo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;En el perchero había una estola de plumas negras.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Cuando el jefe del clan entró a la habitación y abrió el féretro, vio a su amante despreciada dormir tranquilamente (o quizá fingir que dormía), dándole la espalda y con la estola enrollada en el cuello. Efectivamente, asumió que ella fingía dormir porque estaba molesta con él, y dedicó su búsqueda a revisar otras habitaciones. Él y su séquito abandonaron la habitación, y salí de mi escondite. Puse el seguro a la puerta y me dediqué a comer tranquilamente. El jefe no había notado mi mordida en el cuello de la chica gracias a la estola. Devoré aquella delicada y fina carne en un santiamén, y luego, para cubrir mis huellas, llené una maleta con ropa de la chica que descolgué del armario y saqué de los cajones sin molestarme en cerrarlos. Salí por la ventana y arrojé la maleta al siempre confiable canal cercano al edificio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Trepé hasta la azotea de nuevo para deshacerme de los restos de la otra amante. Bajando por la escalera me encontré con el resto del clan. No encontraban a la primera chica, y lo que era peor, uno de los guardias de élite del príncipe no aparecía. Ingenuamente pregunté si no cabría la posibilidad de que se hubieran ido juntos. Es muy raro que un vampiro se ponga rojo de ira, pero sucedió: el jefe enfureció tan pronto formulé la pregunta, y ordenó que la búsqueda se extendiera por toda la ciudad hasta que saliera el sol. La corte local se había convertido en un caos, así que, cuando le dije a mi anfitrión que me disculpara porque ya debía irme, él asintió con aire distraído, dándome las gracias. No pude a mi vez dejar de expresarle mi agradecimiento. Me había ofrecido su ayuda y hospitalidad, y no tenía idea de lo útil que me había sido el haber estado en su corte aquella noche. Asintió de nuevo vagamente, y me fui de allí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Tres de sus hombres que estaban en plena búsqueda tampoco volvieron a casa aquella madrugada. Me sumergí en el canal para dejarlos como la cena de mi maestro, que con su fino olfato los encontraría sin duda. Con el estómago lleno, enfilé rumbo a casa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Mis escamas se oscurecen, y ahora su color es más parecido a las de mi maestro. Eso me enorgullece, pero él se siente alarmado: no deberían estar oscuras tan pronto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Y otra cosa: debo pasar algunos días en mar abierto, lejos de la ciudad y alimentándome de peces. Es tan malo como suena, pero es el único modo de curar mi frenesí alimenticio. Hubo quienes se abandonaron a la compulsión por comer y resultaron muertos por los vampiros (eso me lleva a otro punto intranquilizador: ellos &lt;i&gt;saben&lt;/i&gt; cómo matarnos) debido a un descuido en su vigilancia en tierra (es decir, los atraparon merendándose a un jefe a mitad de una calle, o se dieron cuenta de que caminan de día por las calles de la ciudad, o simplemente descubrieron que eran una amenaza). El hambre debe ser controlada o nos delataremos. Y se acabó la cacería y, en una de ésas, hasta la inmortalidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Le pregunto a mi maestro cómo es posible que ellos puedan matarnos. Me responde que usualmente el león mata al búfalo pero, de vez en cuando, el búfalo mata al león. Tenemos un punto débil, y si lo encuentran, estamos fritos. Mi maestro me explica todo al respecto, para que esté en guardia, pero eso será después de mis vacaciones forzosas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Tengo una vecina a la que le encantan los gatos. Ella cuidará bien de mi gata y de sus hijos. Por el trabajo no tengo problema: mi jefe cree que me repuse milagrosamente después de un ataque vampírico, así que me perdona las siestas diurnas con tal que no sean muy largas. Además, tenía un rato sin pedir vacaciones y me las debían.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Todos mis compañeros creen que me voy a Costa Rica. Me acompañan al aeropuerto y me colman de regalos. Son gente increíblemente generosa. Para los humanos, quien sobreviva al ataque de un vampiro es un héroe y merece trato de tal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Mis amigos se despiden. Espero casi una hora y luego tomo un taxi rumbo a Tico’s Place, un restaurante costarricense donde compraré todos los recuerdos que voy a regalarles. Ya sé, no es lo mismo, pero no quiero ir a Costa Rica. Bueno, si quiero, cualquiera lo querría. PERO NO HOY.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Vuelvo a casa al anochecer, cuando las calles se vacían por completo. Dejo mi equipaje y souvenirs en la cochera y la cierro con llave. Contemplo mi casa con nostalgia. En la casa de junto, escucho a mi gata que maúlla con tristeza. Ha percibido mi olor a pescado, y, para no torturar al animalito con un sufrimiento innecesario, me hundo en el canal. Después, pongo rumbo a mar abierto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;No deseo ver un sándwich de atún nunca más en la eternidad que me resta de vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Siguiendo los consejos de mi maestro me interné en lo más profundo del mar. Aún me asombra lo rápido que puedo nadar en altamar: en muy pocos días alcancé el cardumen de sardinas y esperé. Y cuando se acercaron los tiburones, probé suerte. Llevo dientes de tiburón para todos mis amigos de la oficina. Sabrosa carne, algo dura, excepto las aletas. Pero me queda el consuelo de que no va a darme cáncer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Volví con la cabeza despejada, pero el estómago revuelto. En el periódico que compré en el aeropuerto vienen las últimas noticias: los vampiros siguen atacando como si nada. Y repentinamente me siento más inútil que una competencia de apilar vasos. Pero, si los vampiros continúan atacando igual que siempre, quiere decir que no han notado nada malo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;No quiero llamar a mis amigos de la oficina para que me recojan. Paso a vomitar al baño antes de tomar un taxi, y a bordo de éste me vence el sueño.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Cuando despierto, estamos frente a mi casa. Pago y salgo, agradeciendo al taxista que me pregunta si necesito ayuda. Cortésmente baja mi maleta y se niega a aceptar una propina extra por ello. Entro a mi casa para derrumbarme a dormir en el sofá. Muero de ganas por hundirme en el canal, pero aún hay luz, así que tendré que esperar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Las calles se vacían en cuanto cae la noche. Bendita noche. Como no tengo hambre, decido no cazar. Dormiré en el canal hasta que amanezca, después de todo, es sábado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Me despierta el rugido de un motor fuera de borda. Cuando despierto, ya ha amanecido desde hace un buen rato, y el canal bulle de actividad. Los taxis acuáticos y las embarcaciones privadas dejan su estela blanca sobre mi cabeza. ¡Que torpe, no desperté temprano y ahora no puedo salir del canal! Y lo que es peor, alguien puede verme desde alguna de las lanchas. Busco refugio bajo el puente, esperando que a nadie se le ocurra buscar peces en el agua cerca de donde estoy. Me acomodo entre los cimientos del puente, y pronto el aburrimiento no me deja más alternativa que intentar volver a dormir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Para beneplácito de mi jefe, mis siestas diurnas se vuelven cada vez más cortas y esporádicas. Cada vez mi ritmo circadiano se parece más al de un inmortal de los canales que al de un ser humano: vigilia hasta el atardecer, algunas horas de sueño hasta la madrugada, más horas de vigilia hasta casi el amanecer, y un par de horas más de sueño antes de levantarme a trabajar. Funciono bien con éste horario, y obviamente, me alimento bien como conviene a un ejemplar joven de mi especie, así que iré creciendo sin problemas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Así que no tengo ningún problema cuando salgo a patrullar por las noches, con las manos en los bolsillos, casi silbando alguna tonadilla, lo cual atrae la atención de mi alimento. Debo reconocer que tienen buen oído.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Uno de ellos se lanza sobre mí desde una azotea. Antes de que aterrice lo atrapo en el aire, lo hago girar de manera que quede boca arriba y, alzando la rodilla, le rompo la espalda como una varita. Con eso impediré que ofrezca mucha resistencia mientras lo arrojo al canal. Nada que mi maestro no pueda resolver.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Otros dos se me acercan. Capto el aroma de otros seis que vienen en camino. Son muchos... bueno, nada que yo no pueda resolver.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Jamás me había enfrentado a tantos en una sola noche. Y pensar que acabo de curarme de frenesí alimenticio. Pero, ahora que lo pienso, es una ventaja. Antes debía matar y comer, lo que me restaba tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Ahora sólo tengo que matar, y eso es más fácil.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Uno de ellos llega hasta mi yugular. Le permito que muerda mientras atrapo el puño de su amigo que viene por el otro lado. Antes de que el primero grite de dolor y arme un escándalo le rompo el cuello de un puñetazo en la cara mientras arranco el brazo del otro. Pero éste también grita de dolor. Con exasperación le meto la mano al pecho y le aprieto los pulmones. Con eso lo callo temporalmente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Pero ya sus amigos vienen en camino. El tipo cae al suelo mientras me quedo con sus pulmones en la mano. En fin, ya puedo maniobrar con ambas manos libres. El pavimento se llena de largas líneas de sangre robada, casi café por estar predigerida. Tres se me lanzan encima casi al mismo tiempo. Lanzo un huevecillo al del frente mientras parto a la mitad al de la izquierda y uso uno de sus huesos del antebrazo para perforar la aorta del otro. Lo levanto sosteniéndolo por el hueso incrustado en su garganta, acordándome de la grulla de no sé qué fábula antigua, y luego lo azoto contra una pared, donde queda marcada con sangre ajena su silueta como en las caricaturas. El del huevecillo se convulsiona, pero no alcanza a gritar: Todo su cuerpo se enjuta y endurece por la acción de mi veneno hasta alcanzar una apariencia pétrea. Ahora es sólo ceniza aglutinada, esperando la piadosa acción del viento sobre ella.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Alzo la nariz para olfatear. No hay más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;¿Por qué de pronto siento tanto aburrimiento?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;/p&gt; &lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-4419589152311275622?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/4419589152311275622/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/04/la-sangre-es-mas-delgada-que-el-agua.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/4419589152311275622'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/4419589152311275622'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/04/la-sangre-es-mas-delgada-que-el-agua.html' title='La sangre es más delgada que el agua. (Sueño 1 may 08) Parte 1'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-1007748895819115862</id><published>2009-04-24T20:05:00.001-05:00</published><updated>2009-04-24T20:08:59.010-05:00</updated><title type='text'>El Faro Invisible.</title><content type='html'>Este cuento lo escribí para el concurso de Radiografías del &lt;a href="http://www.imer.com.mx/"&gt;IMER&lt;/a&gt; , pero no entiendo porqué no ganó. Sepa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El océano lleva a la costa el oscuro rumor de sus heladas olas. Aquél solitario faro que se alza de la nada y trasciende la profunda noche, de naturaleza tan semejante al gélido vacío del espacio exterior, es la única luz visible en kilómetros, erguida sobre arrecifes que extienden ciegos sus garras de piedra, eternamente frustrados en su sed de sangre desde que el faro fue construido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sólo salva, atrae, guía la luz. También el sonido. El único acompañante del farero es su fiel radio rojo, con la pintura plateada desgastada y un par de vueltas de cinta de aislar para mantener unida su carcasa después de algunos trancazos que se ha recetado al caer por la escalera. Lo compró en un lejano puerto en los años ochenta, y aún funciona. Es uno de los muchos sucesos inexplicables de que está llena la vida, hechos que, por alguna razón, parecen menudear en la zona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El farero ama rabiosamente a su radio, como no ama a su esposa muerta ni a su hijo que vive en Chicago. Porque el radio sigue con él fielmente, no lo abandona para irse al norte o al más allá, lo acompaña con su charla y con ésas olas de música con las que él se rehúsa a escuchar las olas del océano, que después de casi cuarenta años de trabajo ya le hartaron. Lo cual es una lástima, porque así oiría los cantos nocturnos que últimamente viajan de puntillas sobre las crestas de espuma y que son al mismo tiempo un llamado y una respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo radio canta. Es como un salvavidas para no hundirse en un mar de soledad. La programación de la noche es la mejor: como no hay locutores, el operador de la noche puede mandar a la goma la lista de programación y poner música que rara vez se oye en el día. Música realmente extraña, olas sonoras por las que surfea la conciencia, armonías y voces que transportan a lejanos paisajes, a emociones adormecidas por falta de uso, a sensibilidades oxidadas, pero aún funcionales. A rostros de personas jamás vistas, lugares donde nunca se ha estado, luces distintas de la lámpara del faro, tenues, como de una vela, que jamás han dado calor ni luz. Música que lo pela a uno como se pela a un plátano, hasta dejar al descubierto un corazón que se retuerce al exponerse a la radiación radiofónica, contra la cual se está completamente indefenso, pero que uno ha elegido voluntariamente nomás por el placer masoquista de echarle sal a la herida. El farero se siente sobrecogido, pero sigue adelante, con una sensación extraña, deseada y temida, de no estar completamente solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música a todo volumen se escucha muy lejos. El viejo farero está algo sordo debido a tantos años de sirena de niebla. Los estudiosos de los tiburones afirman que el agua propaga los sonidos mejor que el aire, por lo que no resultaría extraño. Y aquella criatura nunca vista por ojos humanos, guiada por el rastro de sonido como por un haz de luz, emerge puntualmente de las aguas y canta de manera inconcebible, que el viejo no oye por su sordera. Canta al oír cantar, crea música porque la escucha, recordando los tiempos anteriores al GPS, cuando los barcos de madera buscaban su voz y encontraban en cambio los traicioneros arrecifes. Canta de nostalgia pétrea e infinita como su existencia sin alma, y el anciano, en sus cabeceos, cree que es una voz en el radio. Pero ninguna mujer mortal canta así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al viejo radio se le están acabando las pilas. Su voz es cada vez más débil, como una soprano que muere en el escenario. Y ella, ansiosa de oír, sale de las aguas y se arrastra desesperada entre las rocas, perdiendo las escamas y raspándose las manos, que manchan de sangre el escalón de abajo. Canta ahora en un susurro, apoyada en el escalón de cemento. Jadea por falta de agua, pero emplea sus últimas fuerzas en la nota final. Hace mil años que está tan sola como el viejo farero, y desea caer en la ilusión de que la voz en el radio es el llamado de su especie, que ha desaparecido de los oscuros abismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en su interior, sabe que se engaña a sí misma. Rompe en llanto al ver el amanecer, y acepta que la voz del radio no es la suya. Sin embargo, también sabe que esa voz, ahora por completo apagada, se ha convertido en su único consuelo, y sin importarle los peligros de ser vista, volverá eternamente para poder escucharla noche tras noche sin faltar una sola vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al menos, hasta que el farero suba al pueblo y compre pilas nuevas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-1007748895819115862?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/1007748895819115862/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/04/el-faro-invisible.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/1007748895819115862'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/1007748895819115862'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/04/el-faro-invisible.html' title='El Faro Invisible.'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-1168798513133829921</id><published>2009-04-24T19:40:00.003-05:00</published><updated>2010-04-23T15:55:03.206-05:00</updated><title type='text'>El Hombre Equivocado</title><content type='html'>Un millón de Gracias a Diego Rabasa por su opinión y corrección en el evento de Reactor en la Megabiblioteca Vasconcelos durante el dia del libro 2010. Enjoy:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No soy el que buscas! —exclamé, aferrándome a mi Biblia —¡No soy yo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Sí! —respondió el ser infernal —¡Tú eres el hombre que me vendió su alma a cambio del don de poder transformarse en lo que deseara! ¡Eres tú, y he venido a llevarte al infierno!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extrajo de sabrá Dios dónde un pergamino llameante y de color amarillento que apestaba a azufre y me lo mostró. El olor del documento mas el propio del demonio casi me hacen desmayar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ahí está tu firma! —dijo en tono triunfante. Aunque estaba temblando, sentí que debía hacer lo posible para salvarme de ése monstruo del averno y demostrarle que se equivocaba conmigo, así que me llevé la mano al bolsillo del saco y extraje mi pañuelo, con el que me cubrí boca y nariz, y mi estilográfica. No sé como me armé de valor para responderle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mentira, ¡esa no es mi firma! —apoyándome sobre la Biblia, estampé mi firma en una esquina del periódico, volviendo a cubrirme la nariz en cuanto terminé, y alzando el diario para que él la viera. La incredulidad y el desconcierto se reflejaron repentinamente en aquel infernal rostro de horror inenarrable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Pero, si eres tú! —exclamó, aunque con menos convicción que antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Por el amor de Dios, NO! —respondí débil y tembloroso, pero con ésa nuestra firmeza de los pusilánimes que los individuos de mayor arrojo que nosotros jamás entenderán —¡Soy un creyente, un hombre religioso y lleno de temor de Dios —Noté que se estremecía cuando yo mencionaba a Dios, así que volví a hacerlo —, y jamás tendría tratos con el diablo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Éste documento está firmado con tu sangre! —rugió, zarandeando el pergamino, con lo que el olor del azufre me llegó con mayor fuerza, casi sacándome las lágrimas. Me limpié la nariz y, a pesar de lo aterradora e inverosímil de la situación, decidí que lo mejor era llevar las cosas con calma, pues el demonio podría devorarme si se enfurecía, o algo así. DEBÍA DEMOSTRARLE QUE SE EQUIVOCABA, ME IBA LA VIDA EN ELLO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuál es mi tipo de sangre? —Le pregunté, al tiempo que sacaba de la billetera mi credencial para votar y la tarjeta médica con todos mis datos. El demonio, sorprendido, me miró unos segundos con expresión idiota, y luego echó una ojeada al pergamino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—O negativo —repuso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi tipo de sangre es A negativo —le mostré la tarjeta médica, donde pudo ver el dato con toda claridad — Puedes preguntar a mi médico si no me crees, su nombre está en la tarjeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él pareció no querer rendirse aún. Volvió a estudiar atentamente el pergamino, y al cabo echó a reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No puedes engañarme con papeles! ¡Aquí está impresa tu huella digital, TE ATRAPÉ!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dije nada, pero desarmé la estilográfica, y con la punta del cartucho me entinté el dedo, imprimiendo mi huella sobre el periódico. Luego se la mostré, junto con la huella que aparece en mi credencial para votar. Éstas dos coincidían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no la del pergamino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vi claramente cómo tragaba saliva, lleno de desesperación. No pude menos que compadecerlo: cuando sus superiores lo vieran volver con las manos vacías, el infierno sería un infierno para él. No me hubiera gustado estar en sus pezuñas ni un solo instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, como leal siervo de Dios, mi deber era ser implacable. Alcé mi Biblia para que él la contemplara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora, será mejor que vuelvas al lugar de donde has venido, o abriré la Biblia y comenzaré a leerte la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si los demonios palidecen, pero casi puedo asegurar que aquél lo hizo. Aterrado ante la perspectiva de escuchar la Palabra de Dios, retrocedió dos pasos y desapareció mas que deprisa, envuelto en una nube de gases sulfurosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando salí de oír misa, el día estaba singularmente hermoso, como nunca lo vi antes. Quizá me lo parecía porque estaba feliz de haberme salvado, pero era así como lo sentía. El gorjeo de las aves en el parque junto a la iglesia, por ejemplo, parecía especialmente sonoro y alegre, invitante y hermoso, tanto que, por unos segundos, nació un profundo deseo en mi alma de convertirme en pajarillo, y unirme al majestuoso coro de aves para cantar y volar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y eso fue exactamente lo que hice.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-1168798513133829921?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/1168798513133829921/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/04/no-soy-el-que-buscas-exclame.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/1168798513133829921'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/1168798513133829921'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2009/04/no-soy-el-que-buscas-exclame.html' title='El Hombre Equivocado'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-1053978886805415814</id><published>2008-12-11T19:26:00.000-06:00</published><updated>2008-12-11T19:32:07.496-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;La Huérfana.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bien, admitamos sin conceder que, como dices, soy infantil, inmadura y por completo irresponsable...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Definitivamente lo eres —respondió Edgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sonrió con gesto travieso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Entonces ése es el porqué tengo que sostener cada mañana un debate interminable con un gruñón oso de felpa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No soy gruñón —se defendió Edgar —, sólo... sólo me gusta la disciplina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, claro. Mira, juguete, ERES UN JUGUETE. Déjame dormir un par de minutos más...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De ninguna manera —casi rugió Edgar —, ¡LEVÁNTATE AHORA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Aaash, está bien! —respondió Serena, exasperada. De pronto, tomó de una silla la blusa que se había quitado ayer, y la arrojó al osito, cubriéndolo por completo —, pero no me mires mientras me visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serena se mira a sí misma como una persona absolutamente normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy en el fondo, de manera mas bien inconsciente, sabe que no es así. Hay algo en ella que no encaja en la definición de “normal”. Y no tiene nada que ver con hablar con animales de peluche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edgar en realidad es un regalo de alguien a quien ella no recuerda... como no recuerda muchas cosas de años atrás. Sólo él la escucha, sólo él la entiende.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo él puede echarla a andar por las mañanas, cuando aparentemente no existe poder humano capaz de levantarla de la cama. Sólo él sabe centrarla cuando divaga. Sólo él sabe aconsejarla cuando tiene problemas. Ese osito malhumorado es como una válvula que la regula, que impide que estalle. Es como si tuviera miedo de que ella tenga emociones fuertes. Es por eso por lo que Edgar siempre está de un humor de perros: porque él se enoja por los dos. Serena no le da mucha importancia: para ella, sólo es la voz de su conciencia aunada a su imaginación, y le ahorra el trabajo de enfadarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo él aleja los sueños funestos, plagados de sombras, de criaturas tenebrosas, de rostros inconexos, de paisajes ficticios (o tal vez reales, pero jamás visitados). Sólo él está allí cuando ella despierta con el corazón a punto de estallar. Sólo es su voz (que en ésas raras ocasiones suena extrañamente suave y tranquilizadora), la que puede guiarla de regreso a la realidad cuando, incluso algunos segundos después de despertar, sigue viendo aquellas criaturas de pesadilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edgar sabe algo que ella ignora por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los sueños no son producto de la casualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serena se levanta por las mañanas, toma un baño, se prepara el desayuno y sale rumbo a su trabajo sin dar la menor muestra de estrés. Rara vez lleva a Edgar, cosa que no le agrada mucho a él... pero él siempre le ha pedido a ella que madure y se comporte como adulta, así que, ¿qué tan adulta podría parecer ella si llevara a todas partes su osito de felpa? Edgar se queda en casa, no sin antes hacerla prometer que no se enfadará, que no se dejará llevar por las emociones fuertes...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serena trabaja en una agencia de publicidad. Su especialidad son las campañas dirigidas a los niños: las que ella dirige siempre aciertan, y nunca se atrasa al entregar sus proyectos, por lo que jamás se siente bajo presión aunque el tiempo de entrega resulte corto. El cliente siempre queda satisfecho si ella está a cargo. Una verdadera rara avis en el mundo de la publicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una verdadera rara avis en más de un aspecto de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Algo hay en ella, que no...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y que tal mañana?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serena sonríe. Edgar dice que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias, pero no puedo aceptar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cualquier manera, ninguno de los chicos de la agencia le atrae. De hecho, parece que nadie la atrae. Serena es siempre amable con todos... pero no ama a nadie, ni siquiera tiene amigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un candado. Una medida de prevención. Para que nadie le cause emociones que puedan desbordar su corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para que no destruya aquello que ame.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace frío. Serena lleva una blusa azul tejida de cuello de tortuga, y su chaqueta de cuero negro. Edgar se ha “portado bien”, así que decidió traerlo al trabajo de última hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sólo quiero asegurarme que estés tranquila —dice el osito, titubeante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo estoy. Sang froid, como dicen los franceses. ¿No lo estoy siempre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien, sólo quería asegurarme. Quiero decir, es la primera vez que asistes a una comida de negocios...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El cliente me adora. Ésos suplementos vitamínicos cuya campaña nos encargaron se están vendiendo más que los caramelos con chilito. Es mi manera de mejorar el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oprimió el botón de la alarma del auto, y abrió la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Podrías ponerme en el asiento delantero? —suplicó Edgar —no quiero perderte de vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sonrió irónicamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te pondré, pero sobre el tablero. Te ves más mono allí, puedes tomar un poco de sol, y, además, tienes facha de aromatizante con esencia de vainilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;It’s a long, long way to Santa Fe, Baby&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Condujo el auto fuera del estacionamiento, con el osito sobre el tablero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Exactamente veinte segundos después, la camioneta blanca de El Paisa, Taquizas a Domicilio salió tras éste. Los vidrios gruesos y polarizados no permitían ver con claridad el rostro del conductor, pero llevaba unos audífonos con micrófono y lentes oscuros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Has estado muy callado, Edgar. ¿Se te bajaron las pilas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El osito dudó antes de responder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, estoy bien. Sólo que... hay algo que tengo que decirte... que tenía que decirte desde hace ya algún tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se detuvieron ante un semáforo en rojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Serena... ¿recuerdas a tu mamá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasó? ¿Ya nos llevamos tan pesado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hablo en serio. ¿Recuerdas a tu madre, cómo era, cómo se vestía...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se encendió la luz verde, pero Serena pareció no notarlo. Lucía perturbada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo recuerdo. ¡No puedo recordarlo! ¿Por qué me preguntas esto ahorita?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Esta bien, no te alteres! Sólo... quería prevenirte. ¿Recuerdas que cuando eras pequeña, te dije que unos hombres malos te estaban buscando, que vendrían por ti y que te robarían si no seguías mis instrucciones?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella no respondió de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo recuerdo. Pensé que era puro cuento para que me portara bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues sí, en parte. Pero es cierto. Escucha, siempre te he dicho que eres una chica muy especial, única en el mundo. No sólo te lo decía porque te portabas bien, te lo decía porque realmente eres, en más de un sentido, única en el mundo. POR ESO ELLOS ESTÁN BUSCÁNDOTE. Perdieron la pista cuando te fuiste al Colegio en Sonora, y desaparecieron durante muchos años. PERO HAN VUELTO, estoy seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonaron estridentes bocinazos que lo interrumpieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sigue manejando, Serena. Hay algo dentro de ti que es... ay, rayos, no sé cómo decírtelo. Pero ahora que eres mayor debes aprender sobre ello, cómo manejarlo, controlarlo... Por ahora no hay manera de intentarlo, lo importante es que vayas a ésa comida y cumplas. Después veremos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Entonces no me hubieras dicho nada —se quejó ella, —ahora voy a andar de nervios toda la comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tenía que hacerlo. Si te encuentras con ellos, todos estaremos en gran peligro, Serena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se estacionaron ante el restaurante argentino, y el chico del valet parking se precipitó hacia ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te preocupes, todo estará bien —repuso suavemente Edgar antes de que ella intentara salir del auto, y, como si fuera algo automático, ella se sintió un poco más tranquila y relajada, como si sus emociones estuvieran bajo el control del osito. Suspiró, lo tomó del tablero y lo echó dentro del bolso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serena, en un descuido del mesero, se apoderó de una orden de alfajores rellenos de dulce de leche, los envolvió diestramente en una servilleta y los echó al bolso. Edgar sabía que ella hacía cosas indebidas cuando estaba nerviosa. Y sabía perfectamente que ELLA NO DEBÍA ESTAR NERVIOSA, así que susurró palabras tranquilizadoras todo el tiempo hasta conseguir estabilizarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En ésa comida de negocios se le presentó a su nueva jefa. Teresita era una mujer rubia menudita y simpática, que vestía un traje sastre azul claro y que conquistaba con su don de gentes y su carisma natural. Serena y Teresita congeniaron de inmediato. De algún modo Serena se sintió impactada por la personalidad de la mujer. Divorciada y madre de dos hijas, Teresita había pasado en sólo unos cuantos años de ser la esposa golpeada de un alcohólico a socia de la agencia de publicidad. Ejemplo de tenacidad y determinación, Teresa se convirtió de inmediato en un ídolo para Serena, cuya lealtad se ganó para siempre. Edgar sintió cierto recelo de ésta nueva amistad que parecía escapar a su control, pero decidió no decir nada al respecto en el resto del día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que Teresita se parecía tanto a la madre de Serena...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Hay algo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...latente...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...en ella...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo grande. Una bomba de tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mujer ha conseguido forzar el candado. Ha logrado llegar al corazón de ella...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojalá tenga seguro médico de cobertura amplia.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serena nunca le prestaba al retrovisor más atención de la necesaria, por eso nunca notaba la camioneta de Tacos El Paisa a menos de veinte segundos de distancia sobre el carril izquierdo del distribuidor vial. Sin embargo, a ése habitual cortejo se le unieron un día un viejo Rambler negro y un BMW del mismo color. Éste último se dedicó a seguir el auto de Serena, mientras el Rambler embistió repentinamente a la camioneta blanca tratando de lanzarla al vacío. El conductor de la camioneta consiguió estabilizarla a duras penas, sólo para recibir un segundo impacto del Rambler, que por alguna razón no se deshizo a pedazos allí mismo. Sin embargo, en el momento en que el auto negro se disponía a atacar de nuevo, el conductor de la camioneta frenó repentinamente con increíble habilidad. El Rambler, incapaz de detenerse, atravesó la barra de contención precipitándose hacia abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Serena! —exclamó repentinamente Edgar, jadeante como si estuviera asustado —¿estás bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Claro —repuso ella —¿porqué preguntas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque... porque... no importa, bájate en la próxima salida, y donde veas una patrulla estacionada, ahí te paras. ¡No preguntes porqué! —añadió como si le pudiera leer la mente —¡Sólo hazlo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella obedeció, deteniéndose ante un puesto de quesadillas donde comían dos policías, junto al cual habían estacionado su patrulla. El BMW pasó por allí, muy, muy lento, y luego aceleró repentinamente, dando a gran velocidad la vuelta en la esquina. La camioneta de los tacos también pasó, pero se estacionó más adelante, casi para llegar a la esquina pero desde donde pudiera vigilar al auto de Serena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué sucede? —se animó ella a preguntar por fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edgar no respondió de inmediato. Y cuando lo hizo, fue después de un largo y profundo suspiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nos encontraron, Serena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edgar insistió en que se mudaran. Aunque el sueldo de Serena era bastante alto, le resultó muy difícil cambiarse a los nuevos y costosos departamentos recién construidos sobre Eje 8. Sin embargo, Edgar se sintió allí mucho más seguro, aunque el tiempo invertido en el trayecto diario a Santa Fe se incrementó en más del doble. Durante un tiempo mantuvo su nueva dirección en secreto, cuidándose, ésta vez sí, de los autos en el retrovisor (excepto por la camioneta de los tacos, que poco después cambió su lugar por una de lavado de alfombras más nueva y menos golpeada, que él le aseguraba que era inofensiva. Y por alguna razón, Serena siempre creía en las palabras de Edgar a pie juntillas), y siempre llegaba a su trabajo tras haber tomado cada día una ruta diferente (es decir, tarde). Edgar le ordenó que le dijera a Teresita que todas éstas precauciones las tomaba porque tenía miedo de que la secuestraran, debido a lo que le había sucedido con el auto negro. Y su nueva jefa le creyó, con la condición de que recuperase el tiempo perdido, con lo que Serena solía salir tarde de la agencia de publicidad, pero siempre acompañada de alguno de los chicos del equipo. Esos largos retornos a casa siempre eran silenciosos. Ni siquiera estaban los habituales susurros de Edgar antes de dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ése mutismo cedió una noche en cuanto Serena entró al departamento y cerró con llave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Al fin en casa —suspiró Edgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Huele a pintura fresca —observó ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No le prestes atención a eso —repuso el osito, e inmediatamente ella se olvidó del asunto interesándose en algo que no fuera en el olor a pintura, que parecía provenir de su habitación —, tengo cosas importantes que decirte, y no quiero que te distraigas. ¿Te siguió alguien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sólo el del lavado de alfombras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ése no cuenta —respondió Edgar rápidamente —, quiero decir si te siguió alguien más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estupendo. Vamos a tu habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serena notó que el espejo en su habitación parecía diferente, pero Edgar le repitió que aquello no tenía importancia. Al menos, no una importancia mayor que la que tenía lo que él quería decirle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Toma asiento en tu tocador — dijo el osito, y ella obedeció —. Serena, quiero que sepas que, sin importar que suceda, siempre estaré aquí para guiarte y tratar de que lleves una existencia feliz y segura. Sin embargo, debes saber que, lo que hay dentro de ti, aquello que te hace diferente y única, es precisamente lo que estos sujetos están buscando. Lo que hay dentro de ti se... se libera... cuando tienes emociones fuertes de cualquier tipo. Es algo... extremadamente peligroso... que puede destruir cuanto te rodea si pierdes el dominio de ti misma. Y yo estoy aquí para evitarlo. Mi... mi voz, de algún modo, hace que tu cerebro genere ondas Alfa que te tranquilizan inmediatamente y te hacen obedecerme de inmediato. He tratado de no imponerme y dejarte hacer tu vida lo más libremente posible, pero ahora la situación exige que sigas mis indicaciones al pie de la letra. Tu madre me pidió, antes de morir, que velara por ti. Pero temía ser destruido si perdías el control... soy un cobarde. Debí estar mucho más cerca de ti cuando me necesitabas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Osito tontito —, respondió ella —, siempre estuviste cerca de mí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Pero no de éste modo! —exclamó él, y ella no le comprendió— Bueno, ya no importa. Lo importante es que, ahora que ya has crecido debes aprender a manejar lo que hay en tu interior, no tanto por mí, sino para que puedas defenderte, protegerte de... de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No entiendo nada de lo que me estas diciendo! —se quejó ella —¿qué es lo que dices que hay dentro de mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edgar titubeó antes de contestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Una especie de energía —repuso al fin —, de un poder inenarrable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por eso tengo esas pesadillas con tanta frecuencia? —preguntó ella al cabo de un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Así es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y los monstruos que veo en sueños...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Son, digamos... tus hermanos mayores. Intentos fallidos de hacer algo grandioso, que mejorara las vidas de millones de personas. Ahorita no quiero hacerte bolas con detalles. Lo importante es que aprendas a viajar al centro de tu conciencia, para conocer esa fuerza, y aprender a manejarla. Lo haremos a partir de hoy cada noche, antes de que te duermas. Seguirás mi voz y harás caso de cada una de mis indicaciones...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ése momento se escuchó el timbre de la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No abras! —ordenó Edgar, y Serena no se movió un milímetro de su posición... hasta que se escuchó la voz de Teresita del otro lado de la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Serena, soy yo, Teresita!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Serena, espera! —susurró Edgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demasiado tarde. Al reconocer la voz de su jefa, la joven se levantó instantáneamente a abrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hola! —saludó la mujer al abrirse la puerta —olvidaste tu portafolio de bocetos —añadió, tendiéndoselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias, Tere —repuso Serena, y lo tomó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No me invitas a pasar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Claro. ¿Quieres un café? —contestó la joven, cerrando la puerta tras su jefa, que asintió. Serena dejó el portafolio en el sillón de la sala y se encaminó a la cocina —siéntate por favor, Tere. Ahorita te preparo tu café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Sabes? Tengo buenas noticias. No me gusta dar buenas noticias por teléfono, así que tu portafolio olvidado me dio el pretexto perfecto para venir. Abel me dijo dónde te habías cambiado, así que vine. Agárrate, manita: No sólo tenemos asegurada la cuenta de Energy Kids. El cliente nos va a confiar también las de Energy Max y Energy Fitness.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿En serio? —Serena salió apresuradamente de la cocina, entusiasmada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Así es. Y quiero que estés a cargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ay, Tere. Es que a mí no me gusta mucho dirigir campañas para adultos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues tendrás que acostumbrarte, mihijita. Porque de aquí nos vamos a ir para arriba. El cliente quiere la misma idea de la campaña de Energy Kids, pero enfocada a los adultos, o sea que va a ser más fácil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tendría que pensarlo —contestó Serena, y volvió a la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tienes tres minutos —repuso Teresita en son de broma. Serena le sirvió el café y luego se excusó para ir a su habitación por unos minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edgar lo había oído todo. De algún modo, siempre lo hacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No es una noticia fantástica? —preguntó ella, entusiasmada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tendrás mayores responsabilidades —, fue la respuesta del osito de peluche —, pero estas lista tanto para ésa tarea como para lo que ya te expliqué. Por mí puedes aceptar, siempre y cuando te mantengas dueña de tus emociones todo el tiempo. Agradece a Teresa que pensara en ti para éste trabajo, y en cuanto se retire vuelves aquí. Aún hay mucho que debo decirte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El café es un diurético excelente. Teresita se levantó en cuanto vio regresar a Serena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Disculpa, manita... ay, que pena, pero ¿tu baño?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serena le indicó dónde era. Luego, mientras volvía su invitada, fue a la cocina a dejar las tazas usadas, y volvió a la recámara porque quería traer a Edgar para que conociera a Teresita aunque no hablara con ella (aparentemente Serena era la única loca que podía oírlo hablar).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ése instante, dos hombres arremetieron contra la puerta del departamento y la derribaron. Luego sacaron sus armas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quiero que conozcas a Tere, Edgar. No tienes que responderle, sólo quiero que veas qué lindo carácter tiene y que buena onda es conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edgar iba a responderle, cuando repentinamente, en el departamento de junto se oyó un estrépito de golpes y disparos, y la voz de un hombre, muy parecida a la de Edgar, se escuchó detrás de la pared exclamando algo así como ¿Quiénes son ustedes?, ¿Qué hacen aquí? y luego, se hizo el silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Edgar? ¿Escuchaste eso? ¡Edgar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, por primera vez en su vida, el osito no le respondió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos hombres penetraron en su habitación, amenazándola con sus armas. Luego entraron otros dos, que parecían venir del departamento de al lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último, entró un quinto hombre, de aspecto delgado y, sin embargo, intimidante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Veintisiete años —dijo simplemente, y era la edad de Serena —veintisiete años de mi vida, en los que pude tener cuanto quise, en los que pude haberme vuelto millonario, en los que pude haber salvado al mundo con energía barata y no contaminante. Veintisiete años, en suma, que desperdicié buscándote a ti, a tu madre y a todos los seres que creó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hombres sujetaron a Serena. El sujeto delgado se acercó, dejó su gabardina sobre la cama y analizó a la joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Veintisiete años buscando al único ser viviente sobre la tierra que puede dividir al átomo con sus propias manos, que tiene la habilidad de manipular energía como para diez Chernobyl, que puede tomar una simple hoja de papel y convertirla en electricidad para seis millones de hogares. Ésa eres tú, Serena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sentó sobre la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y pensar que te querías ganar la vida haciendo comerciales. No, no, de plano eso habría sido un desperdicio. Imagina cuánto podría progresar éste país si la energía fuera más barata. Imagina las comunidades indígenas de la Chontalpa, por ejemplo, teniendo luz para trabajar, para que les construyan escuelas y hospitales. Darían el salto cuántico al siglo veintiuno en un par de años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se agachó para amarrar la agujeta de uno de sus finos zapatos italianos, y luego se levantó de la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y lo mejor del asunto es que podemos volvernos millonarios. Los recursos naturales son propiedad de la Nación... pero una persona NO es un recurso natural, ni puede pertenecerle a una institución gubernamental. Una persona no es una propiedad... al menos, no legalmente. Puedo obligarte, pero no tiene caso forzarte a hacerlo. Sólo quiero que te convenzas de las infinitas posibilidades que tienes: no sólo puedes hacer los anuncios de Energy Kids, puedes comprar entera la Energy Laboratoires Inc., si te place. Puedes tener lo que quieras, tu propia agencia de publicidad, tu propio equipo de filmación, ropa de Dolce &amp;amp; Gabbanna, vivir en Polanco, en Las Lomas, donde quieras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sujetó por la barbilla y la obligó a verlo a la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y lo único que tienes que hacer es fisionar un átomo con tus propias manitas. Supongo que ahora que eres toda una señorita has aprendido a controlar tus poderes, porque no creo que te agrade mucho matar a todos los habitantes de la colonia nomás porque amaneciste de malas. ¿Sabes? Me alegro mucho. No quisiera morir rostizado junto con el resto del edificio. No puedes hacer nada. Eso, sin mencionar que a alguien relleno de borra a quien conoces bien, le pueden pasar cosas MUY malas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué le hiciste a Edgar? ¿Porqué ya no me habla?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sujeto sonrió. Tomó del tocador al osito, y lo arrojó al bote de basura con un ademán indiferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Digamos que se le venció la garantía...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se llevó las manos a la cintura, impaciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Dime, vas a aceptar o no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El corazón de Serena hizo algo que jamás había hecho: comenzó a latir aceleradamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y las palmas de sus manos empezaron a brillar. Sin embargo, tenía miedo de lo que podría suceder. Si lo que había aprendido en prepa era cierto, desatar sus poderes, si los tenía, causaría miles de muertes y volvería a la colonia entera radioactiva durante siglos. Si tan sólo pudiera usar una pequeña parte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerró los ojos. Edgar le había dicho que la única manera de controlarlos estaba en su interior. Intentó tranquilizarse, imaginando la voz del osito de peluche cuando ésta solía ser tranquilizadora y suave, indicándole qué hacer y dónde buscar en los recovecos de su conciencia, a un lado de las imágenes difusas de los recuerdos que poblaban sus pesadillas. Y como estaban tan cerca, no pudo evitar rozarlos y hacerlos despertar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por primera vez no sintió miedo al contemplar en su mente las contrahechas figuras flotando en frascos de formol, con las que compartía al menos el 95% del ADN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, en ése brevísimo instante, supo cómo. Alzó las manos y proyectó contra aquellos hombres toda su rabia contenida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que el cegador resplandor de su poder llenara la habitación entera, pudo escuchar claramente la voz de Teresita, llamándola por su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero era tarde para detenerlo todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el resplandor se disipó, Serena se sentía mareada. Tomó la botella de agua que solía dejar junto a la cama para darle un sorbo, pero no pudo hacerlo: el agua estaba hirviendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El departamento estaba en ruinas. La fachada se había caído, y ahora podía ver a los trolebuses circular tranquilamente por el Eje 8 como enormes y blancas ballenas sedadas. Uno de los hombres, carbonizado, aterrizó justo sobre los cables de la línea de energía del trolebús, que tuvo que detenerse. Los otros cuatro yacían a sus pies, perfectamente irreconocibles, excepto uno, por sus costosos zapatos italianos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serena alzó la mirada, y luego salió corriendo de la habitación en busca de Teresita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la encontró, no pudo reprimir un sollozo: Teresa estaba muerta, con profundas quemaduras en la piel y la ropa carbonizada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a la mente de Serena acudieron, por primera vez, los recuerdos, con una nitidez abrumadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lloró, por haber causado de nuevo la muerte de su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a la habitación buscando empacar sus pertenencias, pero incluso las maletas eran ahora rocas informes de plástico fundido, por no mencionar la ropa. Metió la mano en la papelera aún caliente, en busca de Edgar, y lo halló quemado, con la borra amarillenta desangrándosele por las múltiples heridas, y completamente ciego al derretírsele los botones de plástico que le servían como ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y las lágrimas brotaron de sus ojos, haciendo un camino de luz en sus mejillas ennegrecidas por el hollín, mientras abrazaba con todas sus fuerzas el cadáver afelpado de su compañero de tantos años, quien le decía qué hacer, quien la escuchaba siempre, quien siempre la regañaba porque no quería levantarse de la cama por la mañana...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya lo perdí todo—susurró, mirándose en los fragmentos sobrevivientes del espejo del tocador, tras los cuales se adivinaba un grueso cristal y una especie de oscura caverna forrada de metal —, no tengo casa, ni a mi madre, ni a Tere ni mi trabajo... ni a ti. Ahora estoy sola de veras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, no estás sola —, le dijo una voz conocida, pero ahora diáfana, pura, como salida de garganta humana y no de algún sistema electrónico —, nunca estarás sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y una mano se posó sobre su hombro suavemente. La mano de un hombre al que ella nunca había visto, pero que la conocía mejor que nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre que era el dueño de la voz de Edgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo siempre estaré contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella lo miró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego ambos buscaron su imagen en los fragmentos de espejo, y se contemplaron largamente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-1053978886805415814?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/1053978886805415814/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2008/12/la-hurfana.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/1053978886805415814'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/1053978886805415814'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2008/12/la-hurfana.html' title=''/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-2217303179021364069</id><published>2008-10-24T17:32:00.001-05:00</published><updated>2008-10-24T17:36:18.463-05:00</updated><title type='text'>Uno de mis cuentos: Zumbido.</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Es extraño que me despierte a las tres de la mañana. No suelo hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienes si lo hacen conocen perfectamente el zumbido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es un zumbido como tal, a mí en lo personal me pareció el ruido de maquinaria pesada, lejana y enorme. A veces lo oyes y crees que es un avión que pasa, o un trailer que intenta acortar camino cruzando el vecindario por las calles más lejanas de ti. Pero cuando ves que transcurren los segundos y el ruido no desaparece, entonces sí te sobresaltas, ¿cómo rayos es posible que nadie lo oiga?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y parece ser omnipresente: vas al baño, haces lo que debes hacer y lo oyes. Vas a la cocina por un trago de refresco o agua y lo oyes. Subes a la azotea para ver si te libras de él así, y de cualquier modo lo sigues oyendo. Y dicen que se oye igual de difuso y lejano en Iztacalco que en la Álvaro Obregón. Y al mismo tiempo. Podrías saltar de la Torre Mayor y seguirías escuchándolo después de morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo se detiene cuando decide detenerse, como al cuarto para las cinco. Al menos a ésa hora se detuvo el día que me tocó escucharlo. El suelo se cimbró y pensé que pasaba un camión de carga. Entonces, todo se detuvo, el silencio regresó y me venció el sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los tres cuartos de hora desperté de nuevo, pues la vibración resultó mucho más fuerte. Tengo la seguridad de que no fue un sueño, porque me golpeé un dedo del pie con la cómoda al intentar asomarme por la ventana. Es ahora cuando siento que no debería mencionar esto, pero... bueno, han estado asfaltando la colonia últimamente, y hoy por la tarde pusieron el chapopote fresco en mi calle. Cuando me despertó la segunda vibración y sentí el estremecimiento, entre que me levanté de un salto de la cama y corrí a la ventana no pasaron ni diez segundos. Y entonces vi lo que me ha estado perturbando desde entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una huella profunda en el chapopote fresco y aún tibio, de unos veinticinco metros de largo y casi ocho de ancho. Abrí la ventana mirando en todas direcciones, pero lo que fuera que dejó aquella marca descomunal desapareció a una velocidad increíble pues en toda la calle no vi nada. Pensar que soñaba protegió mi cordura, mientras intentaba inútilmente convencerme que había visto demasiados episodios de Evangelion&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente me despertó un sonido más prosaico: el de la aplanadora. Tenía la plena seguridad de que los asfaltadores habían terminado su trabajo ayer. Inexplicablemente el operador de la aplanadora había regresado y le daba una segunda pasada a su obra maestra del día anterior, pero, si ayer había quedado bien la calle, ¿por qué regresó?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No supe explicármelo, como no supe explicar el sueño de Everardo, aunque no dejo de creer que es una jalada o un intento inconsciente de explicar el zumbido. Soñó que se asomaba por la ventana y veía una cosa oscura y enorme arrastrarse por la calle flanqueada por una multitud de personas vestidas de negro, que dejaba tras sí un rastro como de baba y sangre coagulada, que varias de ésas personas se ocupaban de lavar con escobas y cubetas de agua para que no quedara ningún rastro de la cosa enorme y negra, como de cinco metros de alto. Aunque la cosa que él vio en su sueño es pequeña comparada con la huella que yo vi aquella madrugada, sin mencionar que su criatura se arrastraba lentamente, y la que dejó la enorme huella avanzaba caminando &lt;em&gt;(¿caminando?)&lt;/em&gt; a una velocidad de miedo. Everardo soñó, yo vi. Esa es la diferencia, supongo, aunque me destantea lo de las personas vestidas de negro. Y es que el día de la huella enorme, había un tipo vestido de negro parado en la esquina y recargado en el poste. Lo alcancé a ver de reojo y tal vez también me vio a mí, porque dio media vuelta y siguió las huellas corriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé, como que me pegó un ataque de paranoia, igual y lo de la huella lo soñé, pero no podría asegurarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya son varias las personas que oyen el zumbido: veladores, gente que anda en los antros, taqueros, panaderos, personas así. Todos concluyen en que, lo que sea que produzca el zumbido, siendo enorme se las arregla siempre para no ser visto. Nunca pasa por las avenidas grandes, prefiere avanzar por callecitas desiertas a ésa hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahorita acabo de oír una noticia rara en la tele: nos estamos quedando sin indigentes y sin niños de la calle. El gobierno presume mucho de los programas sociales que les brinda y de que los rehabilita. Algunos si se rehabilitan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros simplemente desaparecen en la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, cuando se nos acaben los vagos, ¿qué va a suceder?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a ver al sujeto de negro. Fui a traer pan y entonces lo vi, con otras dos personas, tocando el timbre en mi edificio. Alcancé a escuchar cómo le dijeron que había salido, pero parece que él no escuchó y se estiró para pedir que repitieran la respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ése momento, pude ver un arma bajo su saco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entré en cuanto se fue. Este lugar ya no es seguro. Metí lo indispensable en una maleta, la laptop en otra y salí de allí. No he vuelto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en un hotel de Tlalpan. El dependiente se extrañó de verme alquilar un cuarto sin traer una pareja, pero no le irá con el chisme a nadie, creo. Sería  malo para el negocio. Sobre Tlalpan no se oye el zumbido, igual y estoy a salvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que grabarlo en video o sacarle una foto. No tengo cámara, ni digital ni de la otra, y ahora sí lamento no haber cambiado mi ladrillote por un teléfono celular más moderno y equipado con cámara. Pero hallaré el modo de saber qué es lo que produce el zumbido. En el cuarto hay conexión a Internet, para bajar videos para adultos, supongo, pero a mí me sirve porque te puedo enviar los mails con lo que he investigado. No los veas en tu casa, mejor chécalos en algún cibercafé que no esté cerca y donde no te conozcan. ¿Me prestas tu cámara? Me harías un favor enorme. Ojalá pudieras hacerlo. Después paso a pedírtela, yo te llamo después y te digo dónde nos vemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vengo corriendo porque me escapé de los tipos de negro. ¡Pude grabarlo! ¡Dios mío, que cosa más impresionante y espantosa! Al principio no se veía bien lo que era pero cuando ajusté la visión nocturna ya lo pude ver bien. Lo malo es que estos tipos me vieron filmarlo y vienen detrás de mí, me acabo de asomar por la ventana y los vi entrar al hotel, pero no importa, porque he conseguido grabarlo y aquí te mando el video con éste mail.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oigo ruido afuera. No me importa. No importa nada ahora, ¡NADA, salvo que el mundo entero tiene que saber que el zumbido que todos escuchamos por las noches es producido por&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-2217303179021364069?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/2217303179021364069/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2008/10/uno-de-mis-cuentos-zumbido.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/2217303179021364069'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/2217303179021364069'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2008/10/uno-de-mis-cuentos-zumbido.html' title='Uno de mis cuentos: Zumbido.'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6326068280221511254.post-4647938608985039910</id><published>2008-10-22T20:24:00.001-05:00</published><updated>2008-12-11T19:26:27.184-06:00</updated><title type='text'>Nos cambiamos a Blogspot</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Hola, banda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Con la novedá de que de ahora en adelante estaremos en Blogspot. MySpace no tiene nada de malo...excepto que parece estar hecho más para músicos que para escritores. Al menos así me parece a mí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;También planeo publicar aquí algunos de mis cuentos. Échenles un ojito, porfa, y dejen caer sus opiniones. Eso sí, sean misericordiosos, Tnx.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Atte. La mamá del zurdo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6326068280221511254-4647938608985039910?l=dzyanelhechicero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/feeds/4647938608985039910/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2008/10/nos-cambiamos-blogspot.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/4647938608985039910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6326068280221511254/posts/default/4647938608985039910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dzyanelhechicero.blogspot.com/2008/10/nos-cambiamos-blogspot.html' title='Nos cambiamos a Blogspot'/><author><name>Noemí B. Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00931171513974224006</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
